El mandato contra la religión de la autoestima


Para entender mejor esta tercera parte de "La religión de la autoestima es falsa" te recomiendo que leas primero las anteriores:
- 1- La religión de la autoestima es falsa
- 2- ¿Cómo podemos verificar si la religión de la autoestima es falsa?

En 1 Timoteo 1:3,4 encontramos que el apóstol Pablo había dejado a Timoteo en Éfeso con un propósito: "para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, ni presten atención a fábulas y genealogías interminables".
Este era un mandato que Timoteo le debía dar a la Iglesia de Éfeso ("para que mandases").
El mandato era muy claro:
"que no enseñen diferente doctrina"
Según Gordon Fee en su comentario de 1ª de Timoteo, "significa enseñar otras cosas, o cosas novedosas" (Pag. 70).

La FE que recibimos
Como ya vimos en la segunda parte de esta serie de artículos, nuestra FE fue entregada por Jesús mismo a los apóstoles"que según (fueron) aprobados por Dios para que se (les) confiase el evangelio, así (hablaron)" (1 Tesalonicenses 2:4), y luego estos la entregaron a aquellos que creyeron fieles y aptos para entregársela a otros.
Así Pablo le escribe a Timoteo:
"Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros" (2 Timoteo 2:2).

Y por esto Judas habla de que nuestra fe es "la fe que ha sido una vez dada a los santos" (Judas 3).
¿Qué hay de nuevo?
NO debemos inventarnos nuevas enseñanzas, ni necesitamos orar para que el Señor nos revele nuevas enseñanzas. ¡NO!
El mandato es:
"Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina" (Tito 2:1).

Esta fue confiada a través de la tradición oral (la enseñanza y la predicación) y la tradición escrita (la Palabra de Dios).
Si quien nos enseña por medio de la tradición oral no coincide con la tradición escrita, podemos estar seguros que la tradición oral que esa persona ha recibido estaba equivocada, o que él mismo ha torcido la enseñanza.
Solo de las Escrituras podemos decir que no contienen error.
El Salmo 19:8 dice que "el precepto de Jehová es puro".
Y el Salmo 18:30 agrega: "acrisolada (intachable) la Palabra de Jehová".
¡Y nosotros debemos ser fieles a ella!

Para esto:
necesitamos ser, como escribió Nolan Howington, "como un buzo que extrae perlas del fondo del océano... como el joyero que las organiza de forma ordenada y su relación propia entre sí" ("Expository". Pag. 62).

James E. Rosscup explicó que para exponer bien la Palabra de Dios debemos cumplir "funciones comparables con las de los exploradores, detectives, historiadores, rastreadores e investigadores".
Y agregó que "en nuestra búsqueda del mensaje de Dios, debemos ser un Colón que navega los extensos mares de la Escritura para traer noticias de un mundo más atractivo. Es un Sherlock Holmes que anda buscando pistas que causarían que la verdad, la justicia y la misericordia de Dios prevalezcan" (“La predicación”. Pag. 141,142).

Nuestro trabajo es estudiar con todo denuedo la doctrina que nos fue confiada.
Inventarnos otro mensaje, o intentar introducir filosofías del mundo, nos dejaría bajo maldición:
Gálatas 1:8 dice:
"Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema"

Una caída anunciada
Tristemente en la Iglesia de Éfeso algunos estaban enseñando "diferente doctrina", "cosas novedosas" como decía Gordon Fee.
Y estas "cosas novedosas" no eran más que "fábulas y genealogías interminables".
Lo que sucedía era que ciertos maestros (entre ellos "Himeneo y Alejandro" - 1 Timoteo 1:20) se habían levantado de la misma congregación, y estaban llenando la Iglesia de enseñanzas que parecían muy bonitas y atrayentes pero que no tenían nada que ver con la verdad.
Unos años antes, en el último encuentro que Pablo tuvo con los pastores de Éfeso, él les advirtió que esto sucedería:
"Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño
Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos"
(Hechos 20:29,30).

"Quiero hacerme famoso, ¿qué te gustaría oír?"
Pablo aquí describió con exactitud la razón por la que se enseñan "cosas novedosas" en las Iglesias: "para arrastrar tras sí a los discípulos".

Pastores, maestros, profetas, predicadores y supuestos nuevos apóstoles que predican lo que la carnalidad de muchos quiere oír, simplemente para hacerse famosos y ricos con sus iglesias, libros, conferencias y mercadeo.
Así la religión de la autoestima la emplean muchos hoy "para arrastrar tras sí a los discípulos" y "por avaricia (hacen) mercadería de vosotros con palabras fingidas" (2 Pedro 2:3).
Por esto Jesús dijo: "El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca" (Juan 7:18).

Estos, gustosos, alimentan el ego de sus oyentes para sacar provecho, predicando: "Tú eres un campeón. Debes descubrir tu potencial. Eres hermoso/a. Ámate más. Mírate al espejo y di: 'Yo voy a conquistar todo lo que me proponga. Cuando logre mis sueños más altos voy a soñar con cosas aun más altas y también las voy a conquistar'".

Judas 16 describió a estos predicadores: "adulando a las personas para sacar provecho".
Y la trampa es bien sencilla:
es el viejo ego carnal que quiere ser alimentado diariamente.
Nuestra carne quiere oír gustosamente las palabras de aquella serpiente que argumenta: "seréis como Dios" (Génesis 3:5).
O dicho de otro modo: "Avanza que tienes el potencial de ser Dios".

¡Este sin duda es un mensaje altamente seductor para la carne!. Para comprobarlo no hace falta más que ver cómo este mensaje llena hoy en día los medios de comunicación y las librerías tanto "cristianas" como "seculares".
Mientras que el mandato claro es: "NO enseñen diferente doctrina" (1 Timoteo 1:3).
Si lo hacen: pueden estar seguros que su éxito mundano está asegurado. El apóstol Pedro escribió: "Muchos seguirán sus disoluciones" (2 Pedro 2:2).
La consecuencia para la Iglesia es la siguiente: "por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado" (2 Pedro 2:2).
La consecuencia para estas personas es la siguiente: "Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme" (2 Pedro 2:3).

No estamos en este mundo para conseguir gloria y fama por hablar lo que "muchos" quieren oír.
¡Estamos aquí para glorificar a Dios!


Luis Rodas

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