Una reacción un tanto diferente al Evangelio



"Tal como nos lo enseñaron los que desde el principio 
lo vieron con sus ojos"
(Lucas 1:2)

Imagínate por un momento viviendo a mediados del primer siglo y participando de aquella vida de Iglesia.
Resides en cierto lugar que fue visitado hace algún tiempo por el apóstol Mateo. El predicó acerca de lo que Jesús hizo y dijo y como murió y resucitó al tercer día.

Tú, aunque casi no lo puedes explicar, creíste todo lo que él decía. Veías sus ojos brillantes al hablar de Jesús, su impulso al recordar aquellas historias y su seguridad al afirmar que EL había resucitado al tercer día. Luego cuando enseñó que todos somos culpables ante Dios y de cuanto merecemos su condenación, parecía conocerte. Y cuando invitaba a correr a Cristo para perdón de los pecados, encontraste consuelo y esperanza que jamás habías ni soñado.

Al correr los días de la visita de Mateo querías escuchar sin parar todo lo que fuera posible sobre tu ahora poderoso Salvador. Rogabas a Dios por no olvidar nada. Hacías grandes esfuerzos por memorizar aquellas atesorables "bienaventuranzas", la "parábola de la perla de gran precio" querías oírla una y mil veces, el corazón se revolucionaba por saber cada detalle que existiera acerca de la promesa de la segunda venida del Señor, y le rogabas a Mateo, cuando podías acercarte a él, que por favor te cuente alguna historia más sobre cómo era Cristo y qué hacía.

Un día el apóstol Mateo siguió su camino.
Tú continuaste congregándote con aquella nueva Iglesia de tu ciudad. Los hermanos se reunían a adorar a Dios (Hechos 2:47) y a exhortarse (Hebreos 3:13), alentarse (1 Tesalonicenses 4:18) e instruirse (2 Timoteo 3:16) en el evangelio que habían recibido de parte de Mateo (Tito 1:9). Y tu vida nunca más volvió a ser la misma. Jesús era tu TODO (Colosenses 1:18; 3:11).

VIENE PEDRO
Al tiempo, la gran noticia: el Señor envía al apóstol Pedro para que los visite (Hechos 9:32). Ninguna carta del Nuevo Testamento había sido escrito aún. Pero ahora pueden hablar con un testigo presencial.

Uhhh…. Junto a algunos hermanos tan ansiosos como tú, esperan que Pedro termine de orar por un hombre de la ciudad que desde hacía ocho años estaba en cama.

Al rato, muy sorprendido, ves que una persona sale corriendo de la casa gritando alabanzas. Es el ex-paralítico (Hechos 9:33-35).
Las caras de todos reflejaban con exactitud aquel momento donde los corazones se petrifican y nadie encuentra qué decir.

Pero eso no los detiene a ti y a los hermanos que vinieron junto a ti. Entran a la casa, saludan a Pedro, le piden perdón por molestar, y Pedro les pregunta si quieren beber agua. Ustedes responden casi con desesperación: "ahh… Pedro…. rogamos que nos perdones la molestia y nuestra ansiedad. Pero lo que queremos es una cosa: por favor dinos, nos dijeron que Jesús caminó sobre el agua, ¿es verdad? ¿Tú lo viste? Te lo suplicamos, cuéntanos".

Pedro baja su mirada lentamente, mueve su cabeza aún no saliendo de su asombro después de tantos años. Respira profundo y visiblemente emocionado dice con un susurro: "no sólo lo vi caminar sobre el agua. EL hizo que yo también caminara sobre el agua".

Ahhh…. si se hubiera podido filmar las caras de ustedes…. Fue como si el universo entero se hubiera detenido… Ese detalle tan… inmenso... alguien se había olvidado de contarles….
¿Cómo nadie les había relatado semejante milagro?
¿Que le pasó a aquel encargado de averiguar todo lo posible acerca de Jesús? ¿Cómo no les había dicho esto?

Y... ¿JESÚS ERA CAPAZ DE HACER CAMINAR HOMBRES SOBRE EL AGUA?
Ahhh…. no…. ¡esto iba a hacer estallar tu corazón!

En aquellos segundos que parecían alargarse sin final, se miraron unos a otros con caras pálidas.
Hasta que uno, casi como si un niño pregunta acerca del método de Dios para crear el universo en 6 días, preguntó: "Pero… Pedro…. perdóname por favor… ¿cómo puede hacer Jesús para hacer caminar hombres sobre el agua?"
Y nunca olvidas aquellas palabras llenas de amor del apóstol: "ahhh…. bueno…. Jesús lo explicó así: 'yo soy, no temáis'…" (Mateo 14:22-33).

Todos balbucean algo sin sentido, no se animan a preguntar nada más, y pronto salen de allí y dejan descansar un poco a Pedro.

La vida de todos ustedes es sacudida. ¡Se dan cuenta que están siguiendo al Dios que puede hacer que los hombres caminen sobre el agua!


¿NOSOTROS?
Bueno…. hoy en día, en muchos casos, tenemos una reacción radicalmente diferente a lo que acabo de relatar.
Ante la historia de Pedro caminando sobre el agua encontramos básicamente dos posibles reacciones:

       a) un predicador interpreta este pasaje diciendo que el "espíritu" le reveló que las aguas simbolizan las enormes riquezas que Dios nos va a dar y que Pedro, estaba entendiendo este simbolismo, y por esto al ver las olas se asustó debido a que le daba miedo que la prosperidad lo pase por encima. Para añadir: "no temas hermano. Dios te va a dar prosperidad que te sobrepase".

Por el otro lado, tenemos un extremo opuesto:
       b) se lee este relato de Pedro y cómo descendió de la barca. Luego se emprende un estudio exegético de 7 meses en la congregación para determinar si Pedro primero pisó el agua con su pie derecho o con el izquierdo.
¿Te imaginas por un momento viviendo a mediados del primer siglo y participando de aquella vida de Iglesia?

Luis Rodas


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