CRISTIANA RESOLUCIÓN. Primeros pensamientos del día.


"Perseguí a mis enemigos, y los alcancé,
y no volví hasta acabarlos.
Los herí de modo que no se levantasen;
cayeron debajo de mis pies.
Pues me ceñiste de fuerzas para la pelea” 
(Salmo 18:37-39)

William Gurnall (1617-1679):
"Hemos conocido a muchos que han entrado en el campo de batalla, y les ha gustado el trabajo de un soldado por un combate o dos, pero pronto han tenido suficiente, y vuelven corriendo a casa. Pocos pueden soportarlo como un asunto constante.
Muchos rápidamente se involucran en prácticas piadosas, y son fácilmente persuadidos a considerarse a sí mismos cristianos, tan rápida y fácilmente también se rinden y abandonan todo.

Para esta obra se requiere el tomar la cruz cada día, orar en todo tiempo, estar alerta y vigilante de noche y de día, y nunca quitarse la armadura. Me refiero a no ser indulgentes con nosotros mismos, mantener firme y recto nuestro esperar santo en Dios y nuestro caminar con EL.
Este es el deber de un santo, hacer de la piedad su trabajo de todos los días, sin ningún tipo de vacaciones año tras año.
Este soldado necesita de cristiana resolución.
Muchos corren la carrera, pocos obtienen el premio; muchos van al campo de batalla contra Satanás, pocos llegan a conquistar. Pocos tienen el coraje y resolución para combatir contra las dificultades que se encuentran en el camino.

Te exhorto, cristiano, a trabajar por esta santa determinación, que es tan necesaria para tu vida con Cristo. ¡Sin ella no puedes ser lo que tú dices que eres!.
No digas que tienes sangre real corriendo por tus venas, a no ser que tú puedas demostrarlo por tu pedigrí marcado con este espíritu heroico, para atreverte a ser santo a pesar de los hombres y de los demonios.

Los hijos de Dios se atreven a mirar a la cara a la muerte y al peligro por la causa de Cristo (Marcos 8:34,35).
Toma coraje, por tanto, oh santo, y sé fuerte. Cristo nunca perdió batalla alguna, y EL pelea por ti.
Tú marchas en medio de espíritus valientes, tus compañeros soldados, cada uno de ellos hijos de un Príncipe.

He aquí, a algunos, les sobrevinieron grandes aflicciones y tentaciones, pero tomaron el cielo por asalto. Otros enfrentaron muchos combates y echando mano de fe y paciencia, saltaron las paredes de los cielos.
Ahora, ellos, miran hacia abajo, y te llaman su compañero de guerra en la tierra, para marchar hacia la colina detrás de ellos, gritando en voz alta: ‘Acechen ahora, y la ciudad será suya, como ahora es nuestra. Unos pocos días de conflicto se transforman en una coronación de gloria del cielo, el deleite supremo de ver todas las lágrimas enjugadas en un momento, sanadas todas las heridas y olvidados los embates de la lucha con la alegría de la altísima victoria presente.

En una palabra, cristiano, Dios y los ángeles son espectadores mientras combates.
Y cuando salgas fuera del campo de batalla, tu amado Salvador te recibirá con el mismo gozo con el que EL fue recibido por Su Padre en su regreso al cielo”.
(“The Christian in Complete Armour”)





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