La adoración viene luego de contemplar la hermosura de Dios



Para entender mejor esta cuarta parte de "Algunos consejos prácticos para nuestros tiempos de adoración" te recomiendo que leas primero las anteriores:
- 1- Algunos consejos prácticos para nuestros tiempos de adoración
- 2- Huyendo de la obra de teatro hacia Dios
- 3- La adoración más intensa: cuando nadie nos ve

Continuando con el pasaje central de esta serie de artículos nos encontramos con el versículo 7:
"Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos" (Mateo 6:7).

Vamos a desarrollar más este versículo en el siguiente artículo, pero por ahora solo nos podemos preguntar esto:¿Nuestros tiempos de música en la Iglesia son tiempos de "alabanza y adoración" o de "vanas repeticiones"?

En el artículo anterior hablamos de "adoración intensa" y "adoración apasionada". Sin duda es imposible adorar a Dios genuinamente sin un corazón apasionado por él.
Ahora, cometeríamos un error bien grande si confundimos esto con sensaciones pasajeras.
No estamos hablando de sensaciones. NO es: “Ahora me siento bien con Dios y siento que le amo”.
Las sensaciones van y vienen y no podemos vivir de sensaciones.

Estamos hablando mas bien, en palabras de Jonathan Edwards, de “afectos santos” (“Los afectos religiosos”. Pag. 7), “los fervientes ejercicios del corazón” (“Los afectos religiosos”. Pag. 9), una pasión por Dios, los más altos pensamientos acerca de Dios, una revelación viva de Dios en el corazón, un valorar a Dios y un menospreciar a todo lo demás, que nos lleva a que él sea el centro de nuestras decisiones, actitudes, deseos, anhelos, sueños, metas, etc, etc
No son sensaciones pasajeras, son realidades en el corazón del hombre que producen una vida de adoración práctica y diaria.

La adoración brota de un corazón que adora
La verdadera relación con Dios nace primeramente de un corazón ardiente, apasionado, lleno de “afectos santos” por Dios. Nace de un corazón que ama a Dios, lo valora por encima de todo.
Y esto es nuestra motivación, el motor que nos impulsa a todo lo demás.

Se trata de lo mismo que llevó a Pablo a decir: "Estimo todas las cosas como pérdida" (Filipenses 3:8).
El en este pasaje usa algunos términos de contabilidad. Tanto la palabra "ganancia" ("kérde" en griego) como la que se traduce "perdida" ("zemían") en el versículo 7, son términos que describen una ganancia y una pérdida bursátil.
Y lo que está diciendo Pablo es que lo que antes figuraba en su columna de “ganancias”, ahora pasó a la columna de“pérdidas”.
Es como si hiciera dos columnas: Ganancias y pérdidas (el "debe" y el "haber" actual), y decide pasar todo lo que antes consideraba ganancia a la columna de pérdida, para que Cristo esté como el Gran Tesoro en la columna de ganancia.

Más que sensación dominguera
NO por un arranque sentimental momentáneo, sino que él escribe: "Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he ESTIMADO como pérdida". Y luego repite la misma palabra: "ESTIMO todas las cosas como pérdida" (3:8).
William Hendriksen explica que la raíz griega de esta palabra “expresa la idea de llegar a un certero juicio basado en un cuidadoso examen de los hechos” (“Filipenses”. Pag. 180,181).

Estoy seguro que si preguntáramos en cualquier Iglesia a cualquier congregante si Cristo es su GRAN ganancia, TODOS responderían que sí.
Pero, ¿ES ESTO VERDAD?

Al ver la vida de Pablo no nos cabe duda que menospreció todo lo demás valorando a Cristo por encima de todo.
¿Cómo llega a este "ESTIMAR" a Cristo por encima de todo?
Lo vemos en el mismo pasaje.
El escribe: "Estimo todas las cosas como pérdida".... y luego nos dice su porqué: "por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor" (3:8).

Es un resultado directo
Al profundizar en el "conocimiento de Cristo Jesús" quedó asombrado de la "excelencia" de "Cristo Jesús".
"Excelencia" ("juperéjo" en griego) se puede traducir como "ser mejor que, ser superior" (Diccionario Tuggy) o como es traducido en Filipenses 4:7 diciendo que es algo que "sobrepasa".

Podemos decir con toda seguridad que cualquier persona que en comunión íntima conoce, profundiza, contempla, la"excelencia" ("juperéjo") de Cristo Jesús, su corazón se mantiene apasionado por EL.
Por esto Pablo continúa: "Por amor del cual lo he perdido todo".

Esto era lo que llevaba a David a cantar: "Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová" (Salmo 27:4).
Y en un salmo anterior: "La habitación de tu casa he amado" (Salmo 26:8).
Esta es una manera poética de decir: "Amo completamente el estar en intimidad contigo".

Por esto, con toda razón, John MacArthur escribió: "La alabanza es la ebullición de un corazón ardiente" ("El Ministerio Pastoral". Pag. 297).
Cuando caminamos junto a Jesús como aquellos discípulos en el camino a Emaús, es cuando luego decimos como ellos: "¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba...?" (Lucas 24:32).

La alabanza y la adoración genuinas son el resultado de corazones que van conociendo a Dios y están totalmente asombrados, perplejos, apasionados por lo que encuentran en ÉL.

O lo adoro a EL o me adoro a mí
Jesús dijo:
"Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas" (Mateo 6:24).

Este pasaje principalmente nos confronta con un dios muy famoso y adorado en este momento: las riquezas.
Pero en cada decisión de nuestra vida y en cada una de nuestras actitudes se cumple esta verdad.
No puedo servir a mis deseos y a la vez servir a Dios.
Si busco saciar a mis deseos estoy estimando a mis deseos por encima de todo y menospreciando a Dios.
“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro”.

Veamos un contraste:
Un hombre trabaja toda la semana. Y en el trabajo se la pasan toda la semana haciéndose bromas sobre el partido de fútbol del domingo entre tal equipo y otro.
Este participa activamente entre las bromas el lunes, martes, etc...
Hasta un día le hace una broma a otro poniéndole una nota de un diario donde aparece una foto grande del equipo contrario.
Las ansias son grandes. ¿Quien ganará el domingo?
Finalmente llega el tan esperado domingo. Al mediodía ya comienza la fiesta. Este hombre tiene 2 hijos y mientras almuerzan comentan los pormenores del partido y ven algunas discusiones en televisión sobre el partido.
Por fin son las 4 de la tarde y comienza el partido. Todo está listo. La ceremonia es muy divertida. Hasta se prepararon algunas cosas para comer mientras miran el partido y todo es emoción y pasión.
Son casi dos horas llenas de comentarios, quejas, "uhhhh", “nooooo”, opiniones de como tendría que haber hecho este y el otro, y gritos de gol y festejo apasionado.
Hasta que termina el partido. ¡Cuanta emoción!

Miran el reloj... ya son las 6 de la tarde.
Ahí, el padre de familia dice mientras bosteza: “bueno, vamos, cada uno prepárese, a las 7 y media salimos para la Iglesia".
El padre descansa una media hora y luego se prepara un poco.
Llegan a la reunión cumpliendo su obligación.
En la alabanza cantan un poco, piensan en el golazo de fulano de tal, ven que la letra de tal canción en el proyector está mal escrita, se sientan porque les duelen las piernas de estar tanto parados, balbucean algunas palabras y por fin llega la predicación.
El padre se duerme de tanto en tanto durante la predicación.
Y la esposa explica: “lo que pasa es que trabaja toda la semana”.

Pregunto: un hombre así, ¿a quien estima más y a quien menosprecia?

Alguien que cada día pone sus ojos en la “excelencia del conocimiento” de Dios NUNCA SERÁ ALGUIEN QUE LE PESEN LAS MANOS PARA SERVIR Y ADORAR A DIOS.
Hermanos... ¡ADOREMOS A DIOS!


Luis Rodas


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