UN CLAMOR AL CIELO POR LAS AFLICCIONES EN LA TIERRA. Primeros pensamientos del día.



"Oye, oh Jehová, una causa justa;
está atento a mi clamor.
Escucha mi oración hecha de labios sin engaño"
(Salmo 17:1)

Como escribió Charles Spurgeon, David nos dejó un gran ejemplo, él "recurrió a la oración en todo tiempo de necesidad, como el piloto se apresura al puerto bajo la presión de la tempestad" ("The Treasury of David". Pag. 107).

En este salmo 17 David se halla ante serios ataques de "enemigos" (17:9). Su clamor destila urgencia porque hay urgencia en su situación. El escribe: "Han cercado AHORA nuestros pasos" (17:11). El ataque parece tener una escalada y necesita la pronta intervención de Dios.
David no sólo ora en sus dificultades, sino que lo sigue haciendo cuando la situación parece desesperantemente crítica, cuando el enemigo "envuelto con su grosura" (17:10) ve que es "como león" que está a punto de hacernos finalmente "su presa" (17:12). EL no deja de orar cuando todo indica que los que "buscan nuestra vida" (17:9) lograrán destruirnos y Dios no hace nada. El sigue clamando con corazón anhelante y confiado: "Inclina a mí tu oido, escucha mi palabra. Muestra tus maravillosas misericordias" (17:6,7).

Uno de los intentos de Satanás al usar a personas que nos critican y difaman es que nos embargue el sentimiento destructor de que da lo mismo ser integro a no serlo: "Yo no he hecho nada de eso que dicen esas personas. Pero así y todo, ellos no paran de ensuciar mi testimonio en todo lugar. Al fin es lo mismo vivir en integridad que entregarme al pecado".
Los enemigos se vuelven omnipresentes y gigantes, y nuestros ojos pueden tender a concentrarse en sus acusaciones.
¡Pero no así David!
David menosprecia las acusaciones falsas de sus enemigos, y corre a ser inspeccionado por su Dios. El pide: "De tu presencia proceda mi vindicación; vean tus ojos la rectitud. Tú has probado mi corazón, me has visitado de noche; me has puesto a prueba, y nada inicuo hallaste" (17:2,3).
Los enemigos pueden decir lo que quieran, pero para David es suficiente que Dios sabe la verdad. Pudiendo pecar con su boca como sus enemigos, "resolvió que su boca no haga transgresión" (17:3), y aún se esfuerza en que su misma oración sea con toda sinceridad, "hecha de labios sin engaño" (17:1). Pudiendo actuar pecaminosamente para defenderse, "por la palabra de los labios de Dios se guardó de las sendas de los violentos" (17:4).
David tiene sus ojos puestos en cómo lo ve Dios, y espera su victoria de Dios. El sabe que Dios "salva a los que se refugian a su diestra" (17:7), y de una manera o de otra esta será la conclusión que sus enemigos no contemplan ni podrán impedir: "veré tu rostro en justicia" (17:15).

Que el Señor "sustente nuestros pasos en sus caminos" (17:5) y transformemos en un clamor al cielo cada aflicción en la tierra.




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