ALIENTO PARA EL CORAZÓN MÁS EMPOBRECIDO. Primeros pensamientos del día.


"Envía tu luz y tu verdad;
éstas me guiarán;
me conducirán a tu santo monte,
y a tus moradas"
(Salmo 43:3)

La verdad que sí, me ha pasado muchas veces, no sé a ti. Haberme alejado de la comunión íntima con Dios por un tiempo y, en el mejor de los casos, pronunciar oraciones como listas de compras. Una petición detrás de otra, no sólo sin creer mucho que eso será respondido, sino aún sin esperar un milímetro de acercamiento de Dios a mí.
Solo una lista de necesidades dichas por diferentes engaños del corazón. 

Pero mira, aquí el salmista, tanto en el Salmo 42 como el 43, clama desesperadamente esperando mucho más.
"Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo" (42:1,2).
Este clamor aún no respondido lo lleva a describir así su presente: "fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche" (42:3).
Se abate su alma (43:5) por la necesidad imperiosa de volver a entrar al "santo monte", a "sus moradas", "al altar de Dios" (43:3,4).

Creo que esto tiene mucha relación con una palabras de Santiago: "Acercaos a Dios, y EL se acercará a vosotros" (Santiago 4:8).
Si mantenemos nuestro corazón apático, desinteresado, soberbio, seguiremos en la triste sequedad de la lejanía de la comunión íntima con Dios. Pero aquí el Espíritu Santo por medio de Santiago nos hace una incomparable invitación: "Acercaos a Dios".
¡Se nos otorga la más maravillosa gracia! Por medio del arrepentimiento (Santiago 4:8-10) y la fe en la obra redentora de Cristo (Hebreos 4:14-16), podemos "acercarnos".
Pero necesitamos algo más. El versículo agrega la promesa que debe alentar al corazón más empobrecido: "y EL se acercará a vosotros".
¡Esta sí que es una gran noticia!

Así, el salmista, se acerca a Dios humillado y clama: "Envía tu luz y tu verdad".
El puede clamar a Dios lleno de "sed" (42:1,2), pero ahora necesita la obra de acercamiento de Dios enviando su "luz y su verdad".
Como escribió Charles Spurgeon, estos son "los guías prácticos para una comunión más íntima con Dios" ("El Tesoro de David". Pag. 199).
Explicando esto, Thomas Goodwin, escribió: "El Espíritu Santo desciende a nuestros corazones, a veces, en oración, como un rayo del cielo, con lo que vemos más, al instante, de Dios en su gloria, tenemos pensamientos asombrosos y comprensión ampliada de Dios... Por medio de estos descensos o influjos divinos, Dios se introduce en nuestro corazón por los rayos de sí mismo" (citado en "Las Posibilidades de la Oración" de E.M. Bounds. Pag. 31).

De esta forma el salmista no espera sólo decir ciertas palabras bonitas en su canción como quien cumple con un rito y calma su conciencia al saber que ya hizo lo que debía hacer. ¡NO! ¡El espera que Dios se acerque a EL!
"Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán; me conducirán a tu santo monte, y a tus moradas".
Y conoce que esto tendrá un efecto bien notorio en su vida:
1- De llorar "de día y de noche" (42:3), estar abatido y turbado (42:5), enlutado y oprimido (43:2); volverá una perspectiva sobrenatural llena de gozo, victoria y deleite en Dios:
"Entraré al altar de Dios, al Dios de mi alegría y de mi gozo" (43:4).

2- De haber perdido la conciencia de Dios y verse abandonado como hablándole al aire (42:3,6,9,1; 43:2); volverán las certezas, alabanzas y cercanía íntima:
"... y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío" (43:4).

Algo similar anotó David Brainerd en su diario privado: “Me retiré temprano para devociones privadas; y en oración Dios tuvo a bien derramar tales consuelos inefables en mi alma, que no pude hacer nada, durante un rato, que repetir una y otra vez: ‘¡Oh, dulce Salvador! Oh, mi dulce Salvador! ¿A quien tengo en el cielo sino a Ti? Y no hay otro bien en la tierra que desee sino a Tí’. Si hubiera tenido diez mil vidas, mi alma las hubiera depuesto todas ellas al instante de estar con Cristo. Mi alma nunca antes ha gozado tanto del cielo” (27 de Abril).

Lo mismo encontramos en la vida de George Whitefield: “A veces, cuando estaba de paseo mi alma hacía tales incursiones por las regiones celestiales que parecía lista a abandonar el cuerpo. Otras veces, me sentía tan vencido por la grandeza de la majestad infinita de Dios, que me postraba en tierra y le entregaba el alma como un papel en blanco, para que EL escribiera en ella lo que deseara. Nunca me olvidaré de una noche en especial. Relampagueaba en exceso, predicaba para muchas personas y algunas estaban recelosas de volver a casa. Me sentí dirigido a acompañarlas, aprovechar el momento y la oportunidad para animarlos a que se prepararan para la venida del Hijo del hombre. ¡Oh que gozo sentí en mi alma!”.

No se trata sólo de emociones. Se trata de la revelación de Dios al alma del hombre que se traduce en la vida diaria y práctica.






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