2 Cómo centrarnos en Dios en nuestras incapacidades y debilidades (2ª parte) DIOS-CENTRISMO



La Iglesia existe para adorar a Dios: 1 Pedro 2:9
Robert Saucy: “La adoración es central en la existencia de la Iglesia... el propósito principal de la Iglesia es la adoración de Aquel que la trajo a la existencia” (“The Church in God’s program”. Pag. 166).

Por supuesto esto no significa que fuimos creados solo para cantar canciones a Dios y decirle palabras bonitas.
¡NO!

TODO LO QUE SOMOS DEBE ADORAR A DIOS.
Y todo esto nos lleva a una verdad gloriosa: Aun en nuestras incapacidades y debilidades podemos centrarnos en Dios.

Mira lo que dice Eclesiastés 7:20
"Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque".
A lo largo de nuestras vidas vamos madurando, pero en el proceso nos equivocamos y tomamos malas decisiones, lastimamos a otros, decimos lo que nunca tendríamos que haber dicho, hacemos lo que nunca tendríamos que haber hecho, miramos para atrás y decimos: “cómo me gustaría borrar eso de mi vida”, “tendría que haber hecho esto o lo otro”... pero ya está hecho...
Pero creemos que ya hemos crecido lo suficiente y decimos: “Ahora sí estoy listo para que mi vida adore a Dios en todo lo que hago”.
Hasta que nos volvemos a encontrar con nuevos errores, nuevas fallas... y con el tiempo maduramos más y decimos: “Ayyy... esto y aquello también fueron errores... me gustaría que mi vida comenzara ahora”.
Y pensamos: “Bueno... ya le pedí perdón al Señor y el ya perdonó mi pasado. Pero ahora sí estoy listo para que mi vida adore a Dios en todo lo que hago”. Hasta que nos damos cuenta que el proceso continúa.

Esto por supuesto si somos sinceros.
Si estamos orgullosamente ciegos y nos medimos con la regla torcida del orgullo, siempre nos parece que estamos bien y hasta nos cuesta entender por qué los demás no pueden ser como nosotros.
Pero si eres sincero contigo mismo te harás la misma pregunta que hizo Pablo: 2 Corintios 2:15,16
NTV: “¿Y quien es la persona adecuada para semejante tarea?”

El “Dios-centrismo” o vivir “centrados en Dios” significa reconocer que fuimos creados para una tarea que es imposible para nosotros, pero no nos quedamos ahí.
Pablo responde a esta pregunta que hace (“Y para estas cosas ¿quién es suficiente?”): 2 Corintios 3:5

Algunos dicen: “Dios sabe como soy y él me ama como soy”.
Pero Dios sabe como somos pero nos ordena que nos centremos en él y corramos “al trono de la gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).

Algunos dicen: “Dios confía en ti”.
O al predicar preguntan: “¿Qué crees que vio Dios en... (tal personaje de la Biblia) para usarlo?”.
Como si Dios viera algún tipo de potencial en nosotros que le puede dar gloria a él.
Job 15:14-16

Hay dos extremos:
a)-La persona que cauteriza su conciencia y, o bien se cree perfecta (lo cual es vivir centrada en ella misma), o al mejor estilo José Luis de Jesús Miranda, cree que no es necesario humillarse y reconocer diariamente los pecados ante Dios.
Esta última persona puede congregarse y cantar canciones pero nunca podrá adorar a Dios.
Porque mientras ella cree estar en perfecta relación con Dios, Dios dice: “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí” (Mateo 15:8).
Por lo que la persona, como aquel fariseo de Lucas 18 “ora consigo misma”. Eso no es estar “centrado en Dios”

b)- La persona que vive centrada en sus pecados.
Ella se humilla, reconoce sus errores, los lamenta, lamenta las consecuencias, se aborrece, se desanima... Pero no pasa de ahí...
Y el diablo utiliza esto para mantener a esta persona centrada en ella misma: 2 Corintios 2:6-11 (alguien que había pecado gravemente).
¡El fin no es mirar nuestros pecados!
¡El fin no es ver todo lo pecadores que somos! ¡NO!
¡El fin es ver lo maravilloso que es nuestro Salvador y Ayudador y adorarle!
Salmo 130:3,4
Nos humillamos y clamamos por perdón. Y lo hacemos con dolor sabiendo que Dios aborrece el pecado.
Luego adoramos postrados a Dios sabiendo que EL es suficiente Salvador, Poderoso para transformarnos y que sin Su misericordia no tendríamos ninguna oportunidad.
Charles Simeon: “Solo hay dos objetos que he deseado contemplar durante estos 40 años: uno es mi propia vileza, y el otro es la gloria de Dios en la faz de Jesucristo, y siempre he pensado que se deben ver juntas” (William Carus - “Memoirs of the life of Ch. Simeon”. Pag. 303,304).

En Romanos 7 Pablo confiesa: “No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” (Romanos 7:19).
Pero no se queda ahí.
En la primera mitad de Romanos 8 explica cómo luchar con nuestras debilidades humanas, y en la segunda mitad enseña que estamos rodeados de “aflicciones del tiempo presente” (Romanos 8:18) y que por esto “la creación gime” (Romanos 8:22), “nosotros también gemimos” (Romanos 8:23) y aun el Espíritu Santo “intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26).
Pero agrega: Romanos 8:28
Luego explica que todas nuestras luchas con nuestras debilidades y aun cada aflicción está dentro de un plan de Dios.
Y concluye: Romanos 8:31-34

El “Dios-centrismo” o vivir “centrados en Dios” es primero sincerarnos ante Dios, pero luego no quedarnos en la depresión y la conciencia continua de nuestra incapacidad. Sino poner nuestra mirada, confianza y seguridad que Dios, una vez que ha trabajado en nosotros para que veamos nuestra incapacidad, es quien toma nuestra vida como el alfarero y forma “un instrumento para honra” (2 Timoteo 2:21).

La raíz de todo pecado es considerarnos a nosotros mismos más dignos de ser servidos que Dios, y apreciar más ese pecado que a Dios.
David decide adulterar con Betsabé, luego intenta encubrirlo y finalmente mata al esposo de Betsabé y se queda con ella.
Pero Dios le habla por medio del profeta Natán: 2 Samuel 12:10
(“me menospreciaste y le diste más valor a ese pecado”).

Vivir “centrados en Dios” es conocer a Dios, valorarlo por encima de todo y vivir clamando a EL: “Haz que mi vida te glorifique. Quiero ser lo que tú quieres que sea. Quiero vivir para lo que me creaste. Quiero adorarte con mi vida. Hazme un ‘un instrumento para honra’. Yo no puedo. Pero tú puedes hacerlo aun en alguien como yo”.
Como dice el Salmo 31:2: “Sé tú mi roca fuerte y fortaleza para salvarme”.

Luego de su pecado David se humilla, llora y ayuna (como pueden ver en el resto de 2 Samuel 12). Y escribe una canción. En ese salmo vemos que sufre por su pecado, pero se queda ahí. Sube hacia Dios: Salmo 51:10-15


Luis Rodas


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