El gozo constante requiere muerte constante CULTIVANDO UN CARÁCTER PIADOSO



“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4).

Sin duda, estas simples palabras a primera vista, significan una altísima demanda.
Puedo alegrarme cuando todo sale como a mí me parece. Puedo tener cierto sentimiento de esperanza feliz en algún momento especial o ante buenas noticias que vendrán… pero…. ¿regocijarme siempre?… ¿mantener un gozo constante e inmutable?… ¿Qué es eso?...

¿Estaría el apóstol Pablo hablando en serio?.
¿Sería acaso una frase dicha sin pensar mucho?

Soy sincero: si no conociera la vida de la persona que escribe estas palabras, pensaría que se trata de uno de esos jóvenes que dirigen los tiempos de alabanza en muchas congregaciones. Ellos instan a regocijarse en Dios porque imaginan que eso es lo que debe hacer alguien en su lugar.
No han vivido nada, aún no tienen ni idea a qué se refería el Señor cuando afirmó: “en el mundo tendréis aflicción” (Juan 16:33), no saben ni lo que es la ambivalencia de tener un hijo enfermo, pero ahí están… animando a un gozo que no conocen.

Sí, leería estas palabras y pensaría en alguien de fácil ánimo.
Pero… podríamos decir que mi alma se paraliza al pensar por un momento en el autor de esta exhortación.
Y estoy seguro, que los mismos receptores originales de estas palabras estaban grandemente confrontados.
Se trata de aquel hombre que mientras estuvo con ellos fue “azotado mucho” (Hechos 16:23) y llevado “al calabozo de más adentro (de la cárcel), y asegurado sus pies en el cepo” (Hechos 16:24).
Y que estando ahora preso en Roma, en vez de hundirse en la auto-compasión se toma el tiempo de escribirles una carta llena de referencias al…. ¿gozo?
Leemos una y otra vez: "rogando con gozo por vosotros" (1:4), "en esto me gozo y me gozaré" (1:18), "para vuestro provecho y gozo de la fe" (1:25), "que al verle de nuevo, os gocéis" (2:28), "recibidle, pues, en el Señor, con todo gozo" (2:29), "por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor" (3:1), "amados y deseados, gozo y corona mía" (4:1), “regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo, ¡Regocijaos!” (4:4).

¿Qué clase de hombre es este?
¿Cómo logra agregarle la palabra “siempre” a “regocijaos en el Señor”? ¿“Regocijaos en el Señor SIEMPRE”?

La enorme y profunda respuesta no la debemos buscar muy lejos. Sólo basta volver a esta pequeña carta a los hermanos de Filipos.
Se trataba de un hombre con metas que no se interrumpían con el sufrimiento.
Lo que sucede es que si yo busco una vida sin sufrimiento, es fácil deducir que cuando sufra algo, mi gozo será sepultado.
Esto no era lo que marcaba la vida del apóstol. ¡Sin lugar a duda!

¿Cuáles eran sus metas?
Veamos:
Él sabía que su cabeza corría peligro; y aún así se regocijaba, porque él confiaba en que, "como SIEMPRE, ahora también sería magnificado Cristo en su cuerpo, o por vida o por muerte” (1:20).
Su preocupación no era qué le iba a suceder. En su corazón estaba escrito: "para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia" (1:21).
De esta manera él puede regocijarse aún estando encarcelado. Porque en vez de preguntar por qué, se concentra en que sus prisiones "han redundando más bien para el progreso del evangelio" (1:12) y le han hecho "cobrar ánimo en el Señor” a otros (1:14).
Y cuando el imperio romano imagina que lo ha detenido, él ve la ocasión perfecta para hablar de Cristo a “todo el pretorio” (1:13).
Con el “pretorio” se refiere a “la guardia pretoriana, las tropas de élite del mismísimo Emperador, ubicadas en Roma” (Gordon Fee - “Comentario de la epístola a los Filipenses”).

Al punto que, como broche de oro, agrega en el final de su carta: “os saludan los de la casa de César” (4:22).
Aquí se puede referir a parientes del César o a trabajadores en el Palacio del César.
¿Te imaginas la cara de los hermanos en Filipos al leer esto?
Como muy bien escribió Gordon Fee: “Si le dejan suelto será de los que ‘trastornan el mundo’ (Hechos 16:7)... si le encarcelan demasiado cerca de casa, ‘trastornará la casa del César’.” (“Comentario de la epístola a los Filipenses”).

Podemos decir con toda certeza: ¡un gozo constante requiere una muerte constante a las metas de este mundo!.
Oh Señor… ¡ayúdame a levantar mi mirada allí donde los ángeles se regocijan!
¡Ayúdame a levantar mi mirada a donde el apóstol Pablo miró y no pudo expresarlo con palabras (2 Corintios 12:2-4), pero que con su vida… vaya que lo expresó!


Luis Rodas


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