¿Buscar agradar a Dios es querer salvarme por obras? 4



Para entender mejor esta cuarta parte de "¿Buscar agradar a Dios es querer salvarme por obras?" lee primero las anteriores:
1- "¿Buscar agradar a Dios es querer salvarme por obras?"
2- "¿Buscar agradar a Dios es querer salvarme por obras?"
3- "¿Buscar agradar a Dios es querer salvarme por obras?"

Lo que sucede es que estas personas confundidas no entienden que antes de ser salvos NO podíamos obedecer a Dios, pero ahora, si verdaderamente "hemos resucitado con Cristo" (Colosenses 3:1), el mandato es: "como Cristo resucitó de los muertos por gloria del Padre, así nosotros andemos en nueva vida" (Romanos 6:4).

Estas personas se confunden e imaginan: "El querer agradar a Dios es una obra de la carne. Nadie puede hacer algo bueno".
Pero como dijo alguna vez Agustín: "Dios da, lo que pide".
Si algo nos demanda es porque antes nos dio los medios.
Por esto nos manda en Filipenses 2:12: "ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor".
¿Cómo nos puede exigir esto?
En el siguiente versículo lo explica: "porque Dios es el que produce en vosotros así el querer como el hacer" (Filipenses 2:13).

Sobre esto Calvino escribe: "El cielo es quien les da la gracia y el poder de obrar" (Pag. 231).
Y un poco más adelante Calvino agrega: "Cuando el Padre nos exhorta a 'añadir virtud a nuestra fe' (2 Pedro 1:5), no nos atribuye una parte de la obra, como si algo hiciéramos por nosotros mismos, sino que únicamente despierta la pereza de nuestra carne, por la que muchas veces queda sofocada la fe" (Pag. 231).

Por esto la ley moral de Dios cumple, según Calvino 3 usos principales:
1- Revela a los hombres su impotencia y su pecado
2- Reprime la maldad por temor al castigo
3- La ley moral revela la voluntad de Dios a los creyentes

El punto de la discordia
Este último punto es lo que por supuesto no entienden aquellos que dicen que no debemos intentar agradar a Dios.
Pero Calvino dice: "No solo tenemos necesidad de doctrina, sino de exhortación… (así se) aprovechará el creyente de la ley de Dios, en cuanto que por la frecuente meditación de la misma se sentirá movido a obedecer a Dios, y así fortalecido, se apartará del pecado. Pues conviene que los santos se estimulen a sí mismos de esta manera…
Y aún digo más: que la Ley será, incluso para el hombre espiritual por no estar aun libre del peso de la carne, como un aguijón que no le permitirá estar ocioso ni dormirse" (Pag. 256).

Pero algunos en su propio error negaban que debemos obedecer la Palabra de Dios.
Calvino respondía a esto: "La Ley, aunque en el pecador no puede causar más que la muerte, sin embargo en el regenerado produce un fruto y una utilidad muy distintos… 'Aplicad vuestro corazón a todas las palabras que yo os testifico hoy, para que las mandéis a vuestros hijos, a fin de que cuiden de cumplir todas las palabras de esta Ley; porque no os es cosa vana; es vuestra vida…' (Deuteronomio 32:46,47)…
Así que la Ley sirve para exhortar a los fieles, no para complicar sus conciencias con maldiciones. Incitándolos una y otra vez los despierta de su pereza y los estimula para que salgan de su imperfección. Hay muchos que por defender la libertad de la maldición de la Ley dicen que ésta ha sido abrogada y que no tiene valor para los fieles (sigo hablando de la Ley moral)" (Pag. 256, 257).

Como vemos Calvino luchaba contra algunos "antinomianos" que confundían la maldición de la ley que fue cumplida en Jesús, con el obedecer a Dios una vez que hemos sido salvos.

Prosigue Calvino con toda claridad: "Cuando el Señor afirma que Él no había venido a destruir la Ley, sino a cumplirla, y que no faltaría ni una tilde hasta que pasasen el cielo y la tierra y todo se cumpliese (Mateo 5:17), con estas palabras muestra bien claramente que la reverencia y obediencia que se debe a la Ley no ha sido disminuida en nada por su venida. Y con toda razón, puesto que Él vino para poner remedio a sus transgresiones. Así que de ningún modo es rebajada la doctrina de la Ley por Cristo, pues ella, enseñándonos, amonestándonos, con reprensiones y correcciones nos prepara y forma para toda buena obra.
Respecto a lo que dice Pablo de la maldición, evidentemente no pertenece al oficio de instruir, sino solamente a la fuerza que tiene para aprisionar las conciencias.
Por esta causa dice el Apóstol que todos los que dependen de las obras de la Ley están malditos, puesto que está escrito: 'Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la Ley para hacerlas' (Gálatas 3:10)…
Para librarnos de esta maldición, Cristo se hizo maldición por nosotros, porque está escrito: 'Maldito todo el que es colgado en un madero' (Gálatas 3:13)" (Pag. 257).

No confundir
Pero vuelve a decir Calvino, NO debemos confundir esto con la obediencia a la Palabra de Dios del creyente que ha nacido de nuevo:
"No obstante, a pesar de todo, ha de quedar bien establecido que la autoridad de la Ley no es rebajada en absoluto, y que debemos profesarle la misma reverencia y obediencia" (Pag. 257, 258).

Ya la ley moral de Dios no nos condena (Romanos 8:1), la condenación cayó sobre nuestro Salvador (Gálatas 3:13). ¡Pero SÍ nos dice qué agrada a Dios y cómo vivir ahora que hemos sido salvados!

Así que los que caen en los errores antes enumerados no concuerdan con los dichos de Calvino, sino con los de Osiander (leer la 3ª parte de estos escritos).
Tampoco concuerdan con las Escrituras sino con aquellos llamados "libertinos" y "antinomianos" del siglo XVI, los cuales combatía Juan Calvino.

¡Cuidado!...

Luis Rodas


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