Das lo que tienes



"Elizabet fue llena del Espíritu Santo, y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre" (Lucas 1:41,42).

Elizabet estaba pasando un gran tiempo de consolación en Dios. Días maravillosos como nunca en su vida. Momentos de "gozo y alegría" (1:14).
Dios le habla a través de un ángel a su esposo (1:13-20), diciéndole que esa oración que ya parecía imposible, había sido oída (1:13): les nacería un hijo aún siendo ella anciana y estéril (1:18,36). Pero éste sería un hijo inimaginable (1:16,17).
Elizabet concibe y luego de 6 meses le visita María, su "parienta" (1:36), y al entrar es "llena del Espíritu Santo" al punto que su bebé "salta de alegría en su vientre" (1:44).

Ahhh…. Elizabet experimentaba un tiempo precioso en Dios.
¿Cuál es su reacción?
Al ver a María, ella está llena de palabras de amor, aliento y consolación (1:42-45).

LO CONTRARIO
Pero, ¿qué pasa cuando nuestro corazón está infectado de todo lo contrario?
Necesitamos reconocerlo: TODOS luchamos con una infinidad de enemigos.
¡Todos!
La lucha comienza cuando algo sucede o alguien nos hace justo eso que nos molesta. Quizás no podíamos hacer nada para evitarlo. Pero… sin duda:
1- sí era nuestra elección el cómo reaccionábamos ante eso.
2- sí es nuestra elección, una vez que le dimos entrada a una mala reacción ante la circunstancia, el expulsar el veneno que eso trajo o acariciar el veneno como un gran amigo.

¡Esta es la batalla diaria!
Vivimos en un mundo caído rodeados de seres contaminados en su naturaleza más intima (Romanos 7). ¿Qué hacemos ante eso?
¿Nos dejamos llevar por nuestras propias contaminaciones y contestamos mal por mal (1 Pedro 3:9)? ¿O actuamos bajo "la sabiduría que es de lo alto" (Santiago 3:17)?

Todos los días el veneno más letal quiere infiltrarse en nuestros corazones. Una esposa que recrimina, un hijo que desobedece, un jefe que menosprecia, un vecino que grita, un familiar que persigue, alguien que ni conocemos que circula en el auto de al lado….

TENEMOS ELECCIÓN
¡Esta es una realidad para todos nosotros!
¡Es una lucha que no excluye a ningún cristiano!

¿Qué hacemos?
Si esperamos no tener estas provocaciones al dolor, esperamos lo imposible.
Nuestra única posibilidad es determinar cómo vamos a actuar ante el mundo que nos rodea.
Las Escrituras, de principio a fin, nos instan a:
1- reconocer la convulsión que significa para nosotros aún estar en este mundo (Romanos 8:18,23-25)
2- con todo eso acudir a Dios (Filipenses 4:6,7)

Mira el gran consejo de 1 Pedro 4:19: "Si sufren… confíenle su vida a Dios" (NTV).
¡Cada vez que algo sucede necesitamos PRIMERAMENTE encontrar salud y consolación en Dios!
¿Cómo repercute esto en nuestra relación con las personas que nos rodean?
¡Eso es lo que otros van a recibir de nosotros! Amor, aliento, consuelo y edificación.

Esto es lo que operaba en la vida del apóstol Pablo:
"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios" (2 Corintios 1:3,4).

Luis Rodas


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