¿Dónde están los que menosprecian sus vidas hasta la muerte?



"Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor" (Filipenses 1:14).

Versión ampliada: “Y para la mayoría de los hermanos esto ha derivado en una fresca confianza en el Señor a raíz de mis cadenas y se atreven mucho más a hablar sin temor la Palabra de Dios actuando con más libertad e indiferencia a las consecuencias”
Pablo, preso en Roma, estaba haciendo el trabajo de lo que en la guerra se llama “cabeza de playa” o “cabecera de playa”.
Este término se utiliza para describir cuando un grupo de unidades de combate alcanzan la costa y comienzan a atacar. Luego de estos, llegan los refuerzos.

Esto mismo sucedía con Pablo. Al verlo el resto, cómo luchaba en el frente de batalla por delante de ellos, se animaban a entregar valerosamente sus vidas.
El “Comentario bíblico del expositor” dice que los demás hermanos “se infectaron con el contagioso heroísmo de Pablo”.
Pablo terminando su carta a los Filipenses, en la sección de saludos, escribe uno bastante especial:
"Todos los santos os saludan, y especialmente los de la casa de César" (Filipenses 4.22).
Aquí se puede referir a parientes del César o a trabajadores en el Palacio del César.

Pablo era prisionero del César, pero al hacerle prisionero en Roma estaba introduciendo en el corazón del Imperio a alguien que ahora tenía la oportunidad de predicar aun a la misma casa del César. Y por lo visto con cierto éxito.
Pablo era un seguidor de Cristo indomable. Gordon Fee escribió al respecto: “Si le dejan suelto será de los que ‘trastornan el mundo’ (Hechos 16:7)... si le encarcelan demasiado cerca de casa, ‘trastornará la casa del César’.” (“Comentario de la epístola a los Filipenses”. Pag. 572).

¿Te imaginas lo que habrá significado este saludo para los Filipenses?
Yo al menos me quedaría helado. Cuanto me habría cambiado mi perspectiva de lo que estaba viviendo Pablo. Y cuanto me habría cambiado la perspectiva de MI PROPIA vida.
¿Qué estoy haciendo? Pablo está preso y en lo único que piensa es en el "progreso del evangelio" (Filipenses 1:12) y ya está ganando gente de la misma casa del César.

Los moravos
Un buen ejemplo para graficar esto fueron los hermanos moravos.
Algunos hermanos de Bohemia y de Moravia emigraron a Sajonia a comienzos del siglo XVIII. Ellos a causa de su ferviente oración diaria comenzaron a sentir una pasión por la evangelización en los lugares más remotos y peligrosos.
El 8 de octubre de 1732 salieron los dos primeros misioneros: Leonard Dober, un alfarero, y David Nitschman, un carpintero. Ellos se fueron a las Antillas danesas en el Caribe para venderse como esclavos ya que era la única manera de entrar a esas islas y poder predicarles a los esclavos.
Así enfrentaron todo tipo de oposición, hambre y enfermedad.

Al tiempo, alentados por el ejemplo de estos dos de entregar sus vidas de esa manera para predicar el evangelio, el 50% de los moravos decidieron ir ellos también a los lugares más remotos a predicar el evangelio.
De esta manera los moravos establecieron misiones en Groenlandia, Africa, Oriente medio, India y América del Norte, llegando a la creación de Iglesias en 18 lugares diferentes con medio millón de miembros.

¿Y los ejemplos?
La realidad es que en este tiempo tenemos una escasez abrumadora de ejemplos. Hombres que no le teman a ninguna otra cosa que al Dios Omnipotente. Hijos de Dios cuya única pasión sea la de arder hasta consumirse enteramente por el Rey de los siglos, cuyas vidas "menosprecian hasta la muerte" (Apocalipsis 12:11).
Que el Señor nos arranque de nuestras comodidades, tibiezas y el anhelo de ganar el respeto de otros en este mundo a través de bonitas profesiones, dinero o reputaciones.
Continuemos clamando para que Dios nos siga despertando.


Luis Rodas


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