Aprendiendo a adorar en la tormenta



Para entender mejor esta parte número 13 de "Algunos consejos prácticos para nuestros tiempos de adoración"te recomiendo que leas primero las anteriores:
- 1- Algunos consejos prácticos para nuestros tiempos de adoración
- 2- Huyendo de la obra de teatro hacia Dios
- 3- La adoración más intensa: cuando nadie nos ve
- 4- La adoración viene luego de contemplar la hermosura de Dios
- 5- ¿Dios habita en la música o en la alabanza, de su pueblo?
- 6- Cuando adores puedes repetir, pero... ¡cuidado!
- 7- Dos extremos peligrosos en la adoración
- 8- Reuniones llenas de "santificado sea tu nombre"
- 9- ¿Podemos establecer con alabanza el reino de Dios?
- 10- Amamos nuestra patria
- 11- Directores de alabanza: están ante gente con necesidades
- 12- ¡Revolucionemos nuestras reuniones de adoración a través del PERDÓN!

La última petición del llamado "Padre Nuestro" ha provocado algunas discusiones:
"Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén" (Mateo 6:13).

Como escribió William MacDonald, "esta petición puede parecer contradictoria con Santiago 1:13, que declara que Dios nunca tienta a nadie" ("Comentario Bíblico". Pag. 538):
"Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie".
El problema está en el pedido: "No nos metas en tentación" cuando recién leímos que Dios no "tienta a nadie".

Donald Carson explica que el sentido de esta frase mas bien es: "No nos permitas la tentación". Y agrega: "esta interpretación se refuerza grandemente si la palabra 'tentación' se puede tomar como 'tribulación' o tentación que resulte en caída'" ("Comentario Bíblico del Expositor: Mateo". Pag. 195).

Tertuliano, uno de los llamados "padres de la Iglesia" de finales del siglo II y principios del III, concordaba con esto diciendo:"esta verdad se pone de manifiesto cuando dice a sus discípulos: 'velad y orad, para que no entréis en tentación'(Mateo 26:41)" ("La oración". 8,1-3.5-6).

Todo esto tiene una gran similitud a una oración que practicaban los judíos habitualmente ya en la época de Jesús.
Ellos pedían, y aun lo hacen: "Líbrame de pecar, de caer en iniquidad, en tentación o en rebeldía" ("Berajot" 60b).

NO se trata de un pedido a Dios para que no nos tiente, sino para que nos guarde de las tentaciones y en las tentaciones.
Por eso es una petición conjunta y no dos peticiones diferentes. O como escribió William Hendriksen, se trata de "las dos caras de la misma moneda" ("El Evangelio según San Mateo". Pag. 352).

Cipriano, el pastor de Cártago del III siglo y mártir, escribió al respecto: "Decimos al final: 'Mas líbranos del mal'. Aquí están comprendidas todas las adversidades que el enemigo mueve contra nosotros en este mundo… ¿Qué miedo puede tener del mundo quien tiene a Dios como protector del mundo?" (Cipriano - "Sobre la oración dominical". 27).

Un paso más
En el artículo anterior, no solo hablamos de perdonar a otros, sino de la necesidad de asegurarnos que todos nuestros pecados cotidianos están rendidos ante la cruz del Calvario.
Esto requiere algo que nuestro orgullo odia: reconocer nuestros errores, confesarlos a Dios, humillarnos, pedir perdón y correr al "autor de la salvación" (Hebreos 2:10): Cristo Jesús.

Pero el siguiente versículo que encontramos en el "Padre Nuestro" nos lleva al siguiente paso: "Ya pedí perdón por esto. ¿Ahora?. Se que Dios aborrece eso que hice. No lo quiero hacer más. Pero... ¿cómo hago para no hacerlo más?. ¿Qué hago al ser tentado otra vez?"

Es una gran y sabia realidad que hay pasos prácticos que podemos dar para vencer en nuestras luchas. Hace un tiempo hicimos una serie de 10 artículos que hablaba puntualmente de vencer "la inmoralidad sexual", aunque muchos de esos consejos son aplicables a cada tentación y batalla.
Pero el claro fundamento de nuestra victoria está en estas palabras de Jesús que vimos en Mateo 6:13.
Aquel que "padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados" (Hebreos 2:18).

En todas nuestras batallas podemos clamar a quien "multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas" (Isaías 40:29).
Podemos orar como el rey Asa confiadamente: "Para ti no hay diferencia alguna en dar ayuda al poderoso o al que no tiene fuerzas. Ayúdanos, oh Jehová Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos" (2 Crónicas 14:11).
Tengámoslo claro:
"El que hizo el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá?" (Salmo 94:9).

De esta manera algunas de nuestras oraciones serán tan desesperadas como el clamor de Pedro al "hundirse" entre las olas: "Señor, sálvame" (Mateo 14:30).
Oración muy parecida a la de David unos cuantos siglos antes: "Sálvame, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma" (Salmo 69:1).

Arenas movedizas
Hay momentos de batallar con nuestras debilidades que, al intentar salir, más nos hundimos.
Como si se tratara de "arenas movedizas" que cuanto más nos desesperamos y luchamos con nuestras fuerzas, más nos hundimos.

David parece haber estado en un lugar así alguna vez.
El escribió "estoy hundido en cieno profundo donde no puedo hacer pie" (Salmo 69:2).
Llamativamente si investigas, por ejemplo en Wikipedia sobre las "arenas movedizas", encontrarás que "algunas orillas de lagos o lagunas pueden presentar peligrosos terrenos blandos de lodazales semejantes a las arenas movedizas" pero que son aun "más peligrosos".

Por lo que David muy probablemente se refería a este tipo de terrenos donde te vas hundiendo hasta ahogarte.
En un artículo de Wikihow, explican qué hacer al caer en "arenas movedizas". Y dice, entre otras cosas, que "si entras en pánico es muy posible que te hundas un poco más allá". Por lo que recomienda: "La paciencia es una gran virtud si te encuentras atascado".

Es sorprendente la similitud que tiene esto con otro pasaje donde David dice haber caído en sus "arenas movedizas":
"Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.  Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos" (Salmo 40:1,2).

Allí estaba David en el "lodo cenagoso" pero nos dice que la clave que da Wikihow tiene una aplicación espiritual.
Allí decían que "la paciencia es una gran virtud si te encuentras atascado". Y David dice: "Pacientemente esperé a Jehová".
¿Qué sucedió?
"Me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso".

Pero, cuidado... ¡No te confundas!
Este "esperar pacientemente" no tiene nada que ver con hundirte cómodamente en el pecado y responder: "Bueno, yo espero tranquilo hasta que Dios me saque". ¡NO!
Ni tampoco las extrañas frases comunes: "Dios sabe". "Todos lo hacen". "El me ama igual".

Vemos en el primer verso que David dice que Dios "Oyó su CLAMOR".
"Clamor" como el que vimos en el Salmo 69:1 cuando también se encontraba en "cieno profundo": "Sálvame, oh Dios".

El resultado será sin duda que tu Dios pondrá "tus pies sobre peña, y enderezará tus pasos" (Salmo 40:2) Y en tu boca, al igual que en la de David, habrá "cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios" (Salmo 40:3). ¡Gloria a Dios!

¿Sabes que eres un gran pecador? ¿Sabes que Cristo es un gran Salvador?
Esto me hace acordar algo que leí sobre John Newton, el pastor del siglo 18 y escritor del himno "Sublime Gracia".
Cuando ya era anciano le dijo a un amigo: "estoy perdiendo la memoria, pero sí recuerdo dos cosas: soy un gran pecador y Cristo es un gran Salvador" ("Through many dangers: The story of John Newton". Pag. 191 - Brian H. Edwards).

Si eres músico en la Iglesia, Dios no solo te llamó a adorarlo a través de la música. Sino que parte de tu llamado es "consolar a los que están en cualquier tribulación" (2 Corintios 1:4).
Para esto deberás vivir genuinamente el resto de ese versículo:
"el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios" (2 Corintios 1:4).

Para poder ser un "instrumento para honra, santificado, útil al Señor" (2 Timoteo 2:21) es muy necesario que conozcas esas dos cosas de las que hablaba John Newton:
1- Qué gran pecadores eres
2- Qué gran Salvador es Cristo

Es necesario que en tus luchas aprendas donde está el "trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (Hebreos 4:16) y cómo correr hacia él.

Por momentos el primer punto no será precisamente una visión muy hermosa.
Dirás como David: "No hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado...Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera... mi corazón está acongojado, me ha dejado mi vigor" (Salmo 38:3,6,10).

Pero cuando atravieses por allí, el segundo punto se volverá más y más claro, más y más glorioso... La "gloria de Dios en la faz de Jesucristo" (2 Corintios 4:6) se volverá toda tu paz, todo tu sustento.... TODA TU VIDA...
Y podrás cantar... pero ahora como relatando tu propia vida:
"Te amo, oh Jehová, fortaleza mía.
 Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador;
Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré;
Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.
 Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado,
Y seré salvo de mis enemigos"
(Salmo 18:1-3)

Un grupo de alabanza que fortalece a otros
Músico, como hablamos en el artículo número 11 de esta serie, estás ante gente que necesita que estés preparado para que "el Padre de misericordias y Dios de toda consolación" (2 Corintios 1:3) te use.
Si conoces qué significa que Dios se haga fuerte en tu debilidad (2 Corintios 12:10), entonces podrás fortalecer a otros en cada reunión a través de la Palabra de Dios, la guía del Espíritu Santo y aun con tus oraciones.
El mismo Jesús fortaleció a otros con sus oraciones:
"Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo;
pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos"
(Lucas 22:31,32).

¿Griterío de alabanza?
Muchas veces he visto a personas dirigir la alabanza que al ver la reunión un tanto "adormecida" comienzan a:
1- gritar palabras de aliento, versículos sueltos, y muchos "gloria a Dios" (pero todo eso suena vacío en sus labios)
2- cantan alguna canción de "guerra" que va subiendo el volumen hasta dejarnos sordos
3- como todo lo otro ven que fracasa, se frustran y se lanzan a la etapa de la condenación: "Hermano... ¿Cuanto nos dio el Señor? ¿Acaso no merece que le alabes? ¿Es mucho pedirte que pongas ganas en la alabanza y cantes más fuerte?"

Ayyyy.... Dios.... qué frustrante que es todo eso...
En muchas ocasiones se trata de alguien queriendo recetar un remedio que NO conoce en su vida privada.

Necesitas aprender a través de las luchas a ser lo que Pablo le pidió a Timoteo: "Sé ejemplo de los creyentes en... fe" (1 Timoteo 4:12).
Batalla con tus debilidades clamando a Dios, y luego enséñanos a batallar. Alaba tú en la tormenta, y luego llévanos a alabar a Dios en nuestras tormentas.
Como Horatio Spafford que escribió el himno "Estoy bien" luego de que murieran sus hijas y perdiera casi todo lo que tenía (AQUÍ puedes ver un vídeo de esta canción).
O Fanny Crosby, para mencionar solo un caso más, quien escribió algunos de los himnos más hermosos y fortalecedores siendo ciega.

Es duro hermano, es duro... 
Se que lo es... Es más fácil cantar con un micrófono en la mano que con un hijo en los brazos que se está muriendo, o al sincerarte con Dios y reconocer que eres justo todo lo que NO deberías ser...
¡Claro que sí!
Pero tenlo por seguro: ¡las lágrimas más preciosas son aquellas que seca el Salvador y Sustentador de nuestra alma!...
Así podemos decir junto con David: "Con mi Dios asaltaré muros... Dios es el que me ciñe de poder... Enaltecido sea el Dios de mi salvación" (Salmo 18:29,32,46).

El Señor que camina sobre las tormentas (Mateo 14:25-27), sabrá enseñarte a caminar sobre ellas como a Pedro (Mateo 14:28-32).
En esa barca, dice Mateo 14:33, que al verlo, "VINIERON Y LE ADORARON".
¡Aprendamos a adorarle en la tormenta! ¡El es Digno!


Luis Rodas


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