Miramos hacia otro lado y sonreímos



"Halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados" (Juan 2:14).

Este hecho sucede dos veces. Aquí, al comienzo del ministerio del Señor, y al casi finalizar su ministerio, luego de la entrada triunfal a Jerusalén (Mateo 21:12,13; Marcos 11:15-17; Lucas 19:45,46).

Las autoridades del templo habían establecido una especie de mafia religiosa.
“La razón de esta practica era la conveniencia de tener con facilidad las víctimas requeridas para los sacrificios. La gente que venía a adorar desde largas distancias podría cómodamente ofrecer sus ofrendas con ellos.
Los cambistas ofrecían un servicio de cambio de dinero en la moneda con la que se permitía hacer ofrendas en el templo. La gente de otros países traían su propio dinero y este debía ser cambiado a la moneda local que el templo aceptaba” (Leon Morris - “El evangelio según Juan”. Pag. 170).

Esto que a simple vista parecía tan inocente y servicial, no era otra cosa que un GRAN y prospero negocio que los jefes religiosos tenían en el mismo templo. Usaban el templo de Dios para enriquecerse ellos mismos.

Jesús ante esto "hizo un azote de cuerdas, y echó fuera del templo a todos" (Juan 2:15).
¿Nosotros qué hacemos? ¿Miramos hacia otro lado y sonreímos?


Luis Rodas


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