Un guerrero más fuerte contra Dios



“Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Juan 3:20).

Jesús nos explica en este versículo que el ser humano que no somete su vida a Dios lo hace por una declarada guerra contra EL.
Aquí no habla de falta de información o la necesidad de una explicación más convincente.
No se trata de un ser que cree que el pecado es su felicidad porque nadie le explicó lo contrario. ¡NO!

Se trata de aquel que "ABORRECE la luz" y ejerce resistencia "y NO VIENE a la luz".
Es un hecho voluntario. Un corazón endurecido que resiste a Dios (Romanos 1:18).
Por eso cuando el ser humano acude a un consejero de este mundo, un psicólogo, un orientador vocacional, algún gurú que lo guíe a la paz y la armonía, NUNCA podrá darle verdadera solución y salud.

¿Por qué?
Porque la raíz del problema del hombre es que al rebelarse a Dios y Su plan, la vida del hombre perdió el sentido (Salmo 39:5,6; Eclesiastés 2:17; Proverbios 1:31; 14:14; Salmo 49:13; 102:3). Y el ser interior del humano percibe, aunque intente negarlo todos los días, que va hacia la nada. Que está inmerso en un espejismo, una neblina.

Mientras el hombre no redima su misión en este mundo, ¿qué consejero mundano lo podrá ayudar?
Lo único que podrá hacer es ayudarlo a engañarse, distraerse, tapar el vacío y esconderse de su conciencia y realidad.
Un consejero de este mundo sólo lo hará un guerrero más fuerte contra Dios.


Luis Rodas


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