Himno desde la cárcel - Hans Schmidt



Este himno fue escrito por Hans Schmidt desde la cárcel en Alemania en 1558.
Hans vivía en Raiffach, Tirol, Austria; pero hizo un viaje misionero a Alemania para predicar el evangelio allí.
Fue arrestado en la ciudad de Aquisgrán.

Mientras se hallaban reunidos en una casa para hablar sobre las Escrituras, fueron sorprendidos. Toda una turba católica llegó a aquel lugar, sirviéndose de un traidor, con lanzas y espadas; provistos de cuerdas y cadenas, sitiaron la casa y ataron a estos cristianos que estaban reunidos. E incluso arrestaron a una mujer que tenía un bebé en su cuna. Pero ellos se animaban el uno al otro para no desmayar, ya que eran encarcelados por la verdad de Dios. Hasta comenzaron a cantar de gozo. Y pronto fueron confinados en celdas separadas.

Juzgado y torturado
Presentaron a Hans Schmidt ante las autoridades. Le preguntaron a cuántos había bautizado, quiénes eran y dónde se realizaban sus reuniones. Pero él les dijo que prefería perder su vida antes de ser un traidor. Por tanto, fue torturado por un cuarto de hora.
Al ver que no lograban nada, le dijeron: “Tienes que respondernos o te torturaremos hasta romper los miembros de tu cuerpo”. Entonces lo colgaron de sus manos y luego ataron una piedra pesada a sus pies y lo suspendieron en el aire por un tiempo; sin embargo, no lograron su propósito, y lo volvieron a echar a la prisión.

Asesinado
Permaneció en la cárcel hasta el otoño y tuvo que sufrir y ser tentado mucho; después de lo cual fue condenado y ejecutado.
Mientras era llevado por en medio de la ciudad, cantó alegre. No habló mucho; caminó tranquilo al lugar de la muerte, como un cordero mudo. Allí fue estrangulado con una cuerda; luego encadenado y entregado al fuego el 19 de octubre de 1558.

Desde la prisión escribió este himno:

"No puedo hacer nada sin ti Señor.
La ansiedad y el miedo a la muerte me atraviesan,
y el gozo me escapa.

Sé que el consuelo y la ayuda
debe venir, al final, de ti.
Si tan sólo pudiera permanecer seguro
en tu protección, gozo, y sin temor de mis enemigos,
caminando sin miedo en el sufrimiento que me espera.

Paciencia, Señor, ¡es lo que necesito!
Escribe fe en mi corazón y lléname de amor,
así podré ser valiente, como un hombre,
en la esperanza de que tú me sustentarás.

Espero Señor, con muy grande anhelo.

Tú solo Señor, eres Omnipotente.
Con tu mano poderosa libraste a Jesucristo
de los lazos de la muerte.
Así también libraste a muchos hombres piadosos,
de esta manera que espere yo solamente en ti.

Yo no soy más que una flor,
que pronto se marchita y muere.
No puedo hacer nada por mí mismo,
pero sé que jamás me abandonarás.
Vas a estar conmigo a través del fuego y el dolor,
sea lo que sea que deba afrontar,
porque yo soy tuyo.
Afírmame en la seguridad de tu corazón.

Seguro en ti Señor,
que pueda regocijarme incluso en esta hora de necesidad.
Que se cumpla tu voluntad en mí y tu honra sea vista.
Tu pueblo se alegrará y heredarán el Reino contigo.

Aquellos que confían en ti
no se atreven a evadir lo que les das para llevar.
Ellos te obedecen voluntariamente en todo.
Ellos te aman sin importar lo que pase.
Ellos aceptan tu voluntad en el gozo o el dolor,
alabando con fervor en medio de todo esto.

Me comprometo a Ti Señor,
en amor, con todo lo que tengo.
No espero otra cosa que el tiempo
cuando tú me lleves
a la casa de la muerte para entrar en el gozo eterno.

Ya sea que me lleves pronto,
o si te alabo con la comunidad de los fieles otra vez,
tú lo sabes.
¡Sólo no dejes que nada me separe de ti!
¡Déjame confesar tu nombre y mantenerme fiel,
un caballero para tu honor,
en el fragor de la batalla por venir!".


Luis Rodas


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