SORPRENDENTE. Primeros pensamientos del día.


"No te alejes de mí, 
porque la angustia está cerca;
porque no hay quien ayude"
(Salmo 22:11).

Estas podrían ser las palabras de una madre que acaba de perder a su hijo en un accidente, un hombre con problemas matrimoniales insalvables, un pastor difamado sin piedad, un creyente en plena soledad y desesperación, alguien que ha tropezado... otra vez...

Pero no... Sorprendente, pero "aunque este salmo "no es mesiánico en su sentido original, puede ser interpretado desde una perspetiva del Nuevo Testamento como un salmo mesiánico por excelencia" (Peter Craigie - "Psalms". Vol. 19).
Con razón, este salmo ha sido llamado "el quinto evangelio" en relación a la crucifixión (S.B. Frost - "Psalm 22: An Exposition". Pag. 102-115). 
Este salmo 22 recoge una a una las aflicciones de nuestro Salvador en la cruz (22:1-21), y el resultado glorioso de las mismas (22:22-31).

Es impresionante de ver, resumido en un salmo, el grado de acercamiento de Dios hasta nosotros como para que uno puede encontrar similitudes en Su experiencia y la que podemos atravesar en algún momento nosotros.
Sentimientos de soledad, humillación, desprecio, injusticia, angustia, dolor, agotamiento, peligro, despojo, necesidad de ayuda, y gritos oscuros de "¿Por qué estás tan lejos... de las palabras de mi clamor?" van desprendiéndose del salmo, y pueden verse realmente cercanos como roca a la que aferrarse en el río impetuoso.
Lo que no deja de ser extraño y apabullante es que esa empatía que puede producirse en el día donde "no hay para (nosotros) reposo" (22:2), se produce con parte de la experiencia de vida de ni más ni menos que el "Autor de la vida" (Hechos 3:15).
Cuanto amor imposible de medir pudo haber en Aquel que "adoran los ángeles" (Hebreos 1:6), para que se hiciera "en todo semejante a sus hermanos", nosotros (Hebreos 2:17).
Cuanto amor imposible de ignorar para que en las perturbaciones de este peregrinaje podamos mirar "al autor y consumador de la fe" y "considerar" (Hebreos 12:2,3) que ni más ni menos que EL tuvo ese mismo clamor profundo en el corazón:
"No te alejes de mí, 
porque la angustia está cerca;
porque no hay quien ayude...
Jehová, no te alejes;
fortaleza mía, 
apresúrate a socorrerme"
(22:11,19).

Jesús... de lo más profundo de mi corazón... "GRACIAS"... ¡Eres sorprendente!





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