¿Apenas un maestro de sorprendentes enseñanzas? PRIMEROS PENSAMIENTOS DEL DÍA



“¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?” (Mateo 8:27).

Como hablamos en el devocional de ayer, hubo 3 clamores en aquella barca atacada por la tempestad del mar de Galilea:
En Marcos 4:38 los discípulos le reclaman a Jesús: “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?”

En Lucas 8:24 no hay reproche. Simplemente lo despiertan diciendo: “¡Maestro, Maestro, que perecemos!”.
Mientras que en Mateo 8:25 hay un clamor: "¡Señor, sálvanos, que perecemos!”.

Piénsalo un poco: ¿Qué era lo que esperaban ellos que hiciera Jesús?

Claro, hoy lo leemos y tal vez corremos por el pasaje pensando: “clamaron a Jesús esperando que hiciera un milagro”.
Pero al estudiarlo con un poco de detenimiento vemos que no es tan así.

De los 3 clamores en la barca sólo uno pide auxilio de forma explícita: "¡Señor, sálvanos, que perecemos!” (Mateo 8:25).
Y aun ese “sálvanos”… ¿a qué se refiere?
Si ese “sálvanos” se refiere a algo como “Señor, tú puedes calmar el mar. Hazlo por favor”, no se sorprenderían tanto cuando lo hace. ¿No te parece?
Mira sus reacciones al final del relato: “Los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?” (Mateo 8:27).
"Se maravillaron”… Fíjate que ese maravillarse no fue un simple: “ups… que lindo… los vientos y el mar le obedecen”. Sino que fue un maravillarse donde “temieron con gran temor” (Marcos 4:41). Ellos estaban “atemorizados” (Lucas 8:25) diciéndose el uno al otro algo como: “¿Delante de quién estamos?”.

Si entran en tal pánico, está claro que ni se les cruzó por la mente cuando le dijeron “sálvanos” que Jesús reprendería al viento y a las olas.
Y esto lo confirma las palabras del Señor al final: “¿Donde está vuestra fe?” (Lucas 8:25).

Es muy probable que estos discípulos despertaran a Jesús pensando en EL como un Maestro con una relación más cercana a Dios que ellos. Pero no encontramos en el momento de la acción una comprensión que en esa barca se encontraba el Creador mismo del mar.

Por lo que ese “sálvanos" de algunos de ellos sufría la ausencia de algo fundamental: el saber delante de quien estaban.

Nosotros, en nuestro diario vivir, ¿entendemos, sabemos, tenemos consciencia, quien está en nuestra barca? ¿Pensamos que se trata de apenas un bonito maestro de sorprendentes enseñanzas?


Luis Rodas


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