LOS PRIMEROS AÑOS DE LA IGLESIA Mandatos a su Iglesia



Si estás trabajando y de pronto tu jefe te dice que vayas hasta su oficina y que le traigas una carpeta de color azul, ¿qué es lo que debes hacer?
Es sencillo saberlo ¿no?
Tú no debes inventarte una misión, ni pensar como sorprender a tu jefe haciendo algo mejor que lo que te ha mandado. Tú simplemente debes hacer lo que te mandó hacer.
De la misma manera Jesús no dio una sugerencia. Fue un mandato a Su Iglesia.

El mandato era:
1- Ir por todo el mundo
2- Predicar el evangelio
3- Hacer discípulos
4- Bautizarlos
5- Enseñarles lo que él les había enseñado y que ellos lo preserven, custodien.

¿Qué hablaban en la Iglesia?
Por lo que al saber esto, ¿de qué hablaba la Iglesia primitiva en sus reuniones?
Al ser obedientes al mandato de su Señor:
1- Predicaban el evangelio. (1 Corintios 2:1,2; Hechos 8:25; Hechos 4:33)
2- Enseñaban la vida y palabras de Jesús. Lo que habían visto y oído en Jesús. Hechos 4:18-20. 1 Juan 1:3

Vemos en Hechos 2:41,42 como la Iglesia obedeció por completo el mandato de Jesús. Bautismo y perseverancia en “la doctrina de los apóstoles”.
La palabra traducida como “doctrina” es la palabra griega “didajé”. Y significa “doctrina, enseñanza”, y es un derivado de “didásko” que es la palabra que usó Jesús cuando dijo: “enseñándoles que guarden todas las cosas”.
Por lo que volvemos a la misma pregunta: ¿Cuál era la doctrina o enseñanza de la Iglesia primitiva?:
Lo que Jesús les había enseñado.

De hecho los 4 evangelios fueron escritos mucho después de la muerte del Señor (el más temprano se cree que fue el evangelio escrito por Marcos entre los años 65 y 70 dc, o sea más de 30 años después de la muerte del Señor). Y cada palabra y hecho aún transcurridos tantos años estaban muy presentes en los primeros cristianos debido a que era lo que se enseñaba cada día en la Iglesia.
A esto se le llama “tradición oral”.
“Lo que los apóstoles aprendieron de Jesús, lo transmitieron a otros oralmente, y lo que transmitieron lo llamaron "tradición". Por lo tanto, la proclamación del evangelio comenzó como tradición oral. Recuerde las palabras de Pablo a los Tesalonicenses: ‘Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros’ (2 Tesalonicenses 3:6).” (Rick Wade).

La palabra aquí traducida como “enseñanza” es la palabra griega “parádosis” que se puede tanto traducir “enseñanza” como “tradición”. Y significa literalmente “algo que es entregado”
Y  2 Tesalonicenses 2:15 dice: ‘Así que, hermanos, estad firmes y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra o por carta nuestra’.
Aquí la palabra “doctrina” también es “parádosis”.
Más usos de la palabra “parádosis” (enseñanza, tradición):
Mateo 15:2; Mateo 15:6; Marcos 7:3; Marcos 7:5; Marcos 7:13; 1 Corintios 11:2; Gálatas 1:14; Colosenses 2:8.
La palabra “parádosis” (tradición) no significa algo viejo que se ha aceptado con el tiempo.
"El uso bíblico del término tradición no tiene nada que ver con lo viejo o con que una práctica o creencias sean consagrados por el tiempo. Una tradición, en el sentido estricto de la palabra, se convierte en tradición el momento en que es entregado" (Father Andrew “A response to Harold Brown”, pag, 201)

“Los apóstoles enseñaron a personas que enseñaron a otras personas, y esta tradición tenía autoridad para la iglesia. Mientras la tradición se transmitía oralmente, también fue puesta por escrito por los apóstoles y enviada a toda la iglesia. Al recibir las diversas iglesias locales estos escritos los sopesaron contra lo que se les había enseñado oralmente. Hubo muchos escritos circulando en ese tiempo, algunos de los cuales llevaban falsamente los nombres de los apóstoles. La principal prueba de autenticidad de estos escritos era si reflejaban con precisión la tradición apostólica según era enseñada en las iglesias.
En los primeros siglos después de Cristo, se consideraba que la tradición oral y la escrita eran lo mismo. El "canon" era reconocido en ambas formas” (Rick Wade)

Por ejemplo Papías (70–155) dice que él había aprendido de “los más antiguos”, y retenido en la memoria, recibiéndolas de “los que recordaban los mandatos del Señor”, las verdades de la fe. Se dedicó, afirmaba, a inquirir qué decían y predicaban los apóstoles y demás discípulos de Jesús. “Pues yo estimaba —declara— que no podría sacar tanta utilidad de la lectura de los libros como de la viva voz de los hombres todavía sobrevivientes”
Ireneo de Lyon, discípulo de Policarpo, escribió en su carta “Contra las herejías”: ”Si apelamos a la tradición que viene de los apóstoles y que se conserva en las Iglesias por la sucesión de los presbíteros, entonces ellos se oponen a esta tradición, afirmando que ellos saben más no sólo que los presbíteros, sino aun que los mismos apóstoles.

En realidad, lo que sucede es que no están de acuerdo ni con la Escritura ni con la tradición
Pero la tradición de los apóstoles está bien patente en todo el mundo y pueden contemplarla todos los que quieran contemplar la verdad. En efecto, podemos enumerar a los que fueron instituidos por los apóstoles como obispos sucesores suyos hasta nosotros: y éstos no enseñaron nada semejante a los delirios (de estos herejes). Porque si los apóstoles hubiesen sabido «misterios ocultos» para ser enseñados exclusivamente a los «perfectos» a escondidas de los demás, los hubiesen comunicado antes que a nadie a aquellos a quienes confiaban las mismas Iglesias, pues querían que éstos fuesen muy perfectos e irreprensibles en todos los aspectos, como que los dejaban como sucesores suyos para ocupar su propia función de maestros. De su recta conducta dependía un gran bien; en cambio, si ellos fallaban, se había de seguir una gran ruina.”

Con el tiempo la Iglesia Católica comenzó a entrar en conflicto con la “tradición” escrita en el Nuevo Testamento y la “tradición” oral. Ya que ellos comenzaron a formar su propia “tradición” que comenzaba a ser diferente que la escrita.
Rick Wade escribió al respecto: “Había ahora, entonces, dos fuentes de revelación (las Escrituras y la Iglesia) en vez de una fuente y dos formas”.
Esta fue la razón por la que los Reformadores comenzaron a protestar. Ellos no estaban negando que Dios pudiera inspirar a hombres en la actualidad para hablar. Su intención no era rechazar la tradición oral, sino que su lucha era por deshacerse de las “tradiciones” humanas y volver a la “tradición” apostólica.
El especialista en teología histórica D. H. Williams escribió en su libro “Retrieving the Tradition, and Renewing Evangelicalism: A Primer for Suspicious Protestants” pag. 175: "Los reformadores del siglo dieciséis eran conocedores de esta distinción, y valoraban altamente la Tradición localizada en los Padres como una forma de interpretar la verdad bíblica . . . La Reforma no se trataba de las Escrituras versus la tradición, sino de reclamar la antigua Tradición contra distorsiones de esa Tradición, o lo que terminó siendo un conflicto entre Tradición y tradiciones"
Ellos rechazaban que la antigua “tradición” se había vuelto secundaria ante las nuevas “tradiciones” del Catolicismo de la edad media.
“Los reformadores, por tanto, enfatizaron que las Escrituras ofrecían verdadera Tradición apostólica para argumentar contra el reclamo de autoridad de Roma.” (Rick Wade).
Pero en la iglesia primitiva la tradición escrita y la tradición oral funcionaban como dos formas diferentes del mismo mensaje.

Al principio, era la Tradición oral o las enseñanzas de los apóstoles las que tenían autoridad en las iglesias, porque era eso lo que recibieron las personas. A medida que estuvieron disponibles los escritos de los apóstoles, fueron aceptados como autoridad porque fueron reconocidos como un reflejo de la tradición oral. En la iglesia primitiva, las Escrituras y la tradición oral nunca fueron enfrentadas; enseñaban lo mismo.
Los verdaderos cristianos se ocupaban de cumplir el mandato de Jesús de “teréo” (cuidar que algo no se pierda o dañe, conservar, custodiar, reservar, guardar) lo que El había enseñado (Mateo 28:19,20). Los cristianos no tenían la misión de agregar nuevas tradiciones, sino de preservar la ya existente.

Canon
Para cumplir esta misión las cartas de los apóstoles fueron esenciales. El tener algo escrito de manera concreta representaba una excelente vara de medir. eran estas cartas las que se leían en los cultos públicos.
Pero no fue hasta el sigo II que se comenzó a recopilar estas cartas y se las comenzó a llamar “las Escrituras” (Ep. de Policarpo 12 y Ep. de Bernabé 4).
Dentro de estas respetadas “Escrituras” se admitieron también las de Marcos y Lucas porque estaban apoyados por la autoridad de Pedro y Pablo respectivamente. Y de hecho según la tradición el evangelio de Marcos fue dictado por Pedro antes de morir en Roma.
Pero recién fue en el siglo III que se llegó a cierta unanimidad de qué se consideraba como canon bíblico.
La palabra “canon” deriva del griego “kanon” y significa una vara de medir o una regla.
Esta vara sirve para medir si alguien está en la doctrina de Cristo o no. 2 Juan 9-11.


Luis Rodas


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