El amor cede CULTIVANDO UN CARÁCTER PIADOSO



“El amor no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad” (1 Corintios 13:6)

Aquí tenemos una gran ayuda para las relaciones en general. Uno de los grandes destructores de las relaciones es la OBSTINACIÓN.

La obstinación es ese ingrediente horrible en nuestro carácter que nos lleva a mantener una opinión, doctrina o decisión a pesar de estar equivocados.
No importa que argumentos presente la otra persona, nosotros no queremos entenderlos, reconocerlos, y… no importa si no entendemos bien de qué se habla… “sepas que no voy a ceder”.
Nos transformamos en una personificación terca de aquella película violenta de los ’80: “Retroceder nunca, rendirse jamás”.

Bajo la obstinación no se busca la verdad, se busca ganar la conversación. Y para esto se usan diferentes tácticas militares. Puede ser la argumentación cargada de manipulación, una esposa que se ve expuesta y ahora prueba con las lágrimas buscando que nos sintamos un asesino serial, puede ser el silencio repentino con mirada de dolor que busca generar duda cuando en realidad lo que pasa es que nos quedamos sin argumentos, puede ser el grito, la frase hiriente, el ir cambiando de tema mientras se va discutiendo al ver que si seguimos por ahí perdimos la batalla, etc, etc, etc….

¿Qué muestra todo esto?
Un amor superior a nuestro orgullo que a la verdad.

Esto es lo que sucedía con el liderazgo judío en la época de Jesús.
Un ejemplo lo encontramos en Mateo 21:23-27. En el versículo 23 le preguntan al Señor con qué autoridad sanaba enfermos.
Esta no era una pregunta sincera donde alguien quiere investigar, inquirir, y llegar a la verdad. ¡NO! Su juicio ya estaba emitido: Jesús era culpable. Sólo estaban buscando confirmar como sea que lo era.
El Señor les dice que si ellos responden si el bautismo de Juan el Bautista era de Dios o de los hombres, él les contesta su pregunta.
Uhhh…. allí comienza todo un debate interno. Pero NO para llegar a la verdad. ¡NO! Sino para ganar la conversación.
Ellos “discuten entre sí": “Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?. Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta” (Mateo 21:25,26).
Por lo que resuelven una salida estratégica. Respondieron: “no sabemos” (Mateo 21:27).
Aquí no vemos la reflexión al servicio de la verdad, sino obstinada en ganar una discusión.

Mientras este versículo de 1 Corintios 13:6 nos enseña que el piadoso no se complace en ningún tipo de injusticia. Su satisfacción no es mantener su orgullo intacto ante un desacuerdo. ¡NO!.
El se acerca al desacuerdo con un corazón anhelante de encontrar la verdad al respecto. Su búsqueda sincera en la conversación es: ¿Qué le agrada a Dios con respecto a esto? ¿Cuál es la verdad?

El piadoso ama al otro más que su propio orgullo. Por lo que si el otro tiene razón, cederá.
La obstinación es lo contrario. Y de hecho es IDOLATRÍA.
Recuerda aquellas palabras tan cortantes del profeta Samuel ante Saúl: “Como ídolos e idolatría es la obstinación” (1 Samuel 15:23).
La obstinación es amarse más uno que a Dios. Uno resiste la verdad, aún sabiendo que está equivocado, porque ama más hacer su voluntad o guardar su adorable orgullo.

Y tenlo por seguro
1- la obstinación desagrada a Dios, por lo cual es pecado
2- la obstinación vuelve doloroso y desgastante tu matrimonio (y toda relación)
3- la obstinación te hace una persona muy difícil de tratar

¿Cuál es la solución a la obstinación?
Bueno, no hay soluciones mágicas. La solución para ti y para mi es, ama más la verdad que a tu orgullo… y cede.


Luis Rodas


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