El gozo en la oración CULTIVANDO UN CARÁCTER PIADOSO



“Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, siempre en todas mis oraciones
rogando con gozo por todos vosotros” (Filipenses 1:3,4)

Hay dos elementos que, por lo general, se desatienden en la oración común: el gozo y la acción de gracias.
Sin embargo son esenciales en las oraciones del piadoso.

Míralo aquí al apóstol Pablo orando por los hermanos en Filipos.
Recordaba en oración a estos hermanos sufrientes dando "gracias a Dios". ¿Cuantas veces? “Siempre”. Y rogaba por ellos “con gozo”.
Este NO es un caso aislado. El gozo y la acción de gracias impregnan preciosamente las oraciones de Pablo (Efesios 1:16; Colosenses 1:3; Colosenses 1:12; Colosenses 4:2; 2 Timoteo 1:3,4; 1 Tesalonicenses 1:3; 1 Tesalonicenses 3:9).
Lo mismo encontramos en la vida de Jesús. Ora al Padre ante la tumba de Lázaro: “Padre, gracias te doy por haberme oído” (Juan 11:41).
Y en Lucas 10:21 encontramos que "Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre”.
A todo esto Charles Spurgeon lo llamaba “oración perfumada con alabanza” (Sermón “Prayer Perfumed with Praise”).

¿Recordamos en oración a nuestros hermanos en la fe "DANDO GRACIAS A DIOS"?
¿Se puede decir de nuestras oraciones que son “RUEGOS CON GOZO”?

Hay muchos errores que podemos cometer en la oración: la falta de santidad, la superficialidad, el doble ánimo, la distracción, la soberbia, la prepotencia, el desinterés disfrazado de confianza, etc...
Pero la falta de gozo y de acción de gracias en la oración también puede ser algo que dañe nuestros ruegos.

Esto, por supuesto, NO quiere decir que no nos entristezcamos por nuestros pecados (Santiago 4:8,9; Joel 2:12-17), NO quiere decir que no oremos con “angustia del corazón” (2 Corintios 2:4) por los perdidos o los tropiezos de hermanos (Lucas 19:41-44; 2 Corintios 11:29); NO quiere decir que nuestras oraciones deben ser superficiales y frías (Colosenses 4:12); NO quiere decir que no tenga una profunda reflexión previa (Eclesiastés 5:2; 1 Pedro 3:7).
A todo esto, ¡NO!

Mas bien el “ruego con gozo” y con “acción de gracias” es orar en plena fe de que estamos siendo oídos por Dios. Acercándonos “confiadamente al trono de la gracia” (Hebreos 4:16).
Es gratitud durante la oración que viene por la confianza en las promesas de Dios y Sus atributos (Mateo 7:7-11).

Tú no oras al aire. Pides sabiendo que, si clamas conforme a la voluntad de Dios, ya tienes lo que pides (1 Juan 5:14,15). Oras con la confianza de que estás hablando con tu Padre que te ama con “amor eterno” (Jeremías 31:3) y "por pura gracia” (Oseas 14:4), y que EL es quien se ha dado a la tarea de cuidar de ti por la eternidad (1 Pedro 5:7).
Estás ante el Dios que habla a tu corazón: “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo NUNCA me olvidaré de ti” (Isaías 49:15).

El que no escatimó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con EL todo lo que sea genuinamente provechoso para nosotros? (Romanos 8:32).
Dios a veces dice “SÍ”, a veces dice “NO” y otras veces dice “ESPERA”. Pero siempre, en todos los casos, podemos decir que “los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien” que EL considere perfecto y oportuno (Salmo 34:10).
EL es el Dios que aunque nos veamos ante “la boca del león” (2 Timoteo 4:17) nos libra de todo lo que no cumpla su perfecto propósito con nosotros (2 Timoteo 4:18; Daniel 6).
Es el Dios que hace que "la oración del justo” sea “eficaz” y “pueda mucho” (Santiago 4:16). Porque lo que hace EL, “¿quién lo estorbará?” (Isaías 43:13).

La oración depende de nuestra perspectiva. Si oramos pensando que Dios está cansado de nosotros, e imaginamos que nos estamos acercando a un dios distante, indolente y difícil de convencer para lograr su socorro, la oración se volverá una amarga y pesada carga sin respuesta (Santiago 1:6).
Pero es muy diferente que todo ruego y clamor corra por las carreteras donde está escrito: “El que hizo el oído, ¿no oirá?. El que formó el ojo, ¿no verá?” (Salmo 94:9).
Es el gozo y gratitud de aquel que suspira: “Te alabaré porque me has oído” (Salmo 118:21).

Cómo no va a encontrar gozo el piadoso allí, si ve que su Padre mismo encuentra gozo en que él se acerque en oración:
“El sacrificio de los impíos es abominación a Jehová; mas la oración de los rectos es SU GOZO”
(Proverbios 15:8).


Luis Rodas


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