¿Buscar agradar a Dios es querer salvarme por obras? 5



Para entender mejor esta quinta parte de "¿Buscar agradar a Dios es querer salvarme por obras?" lee primero las anteriores:
1- "¿Buscar agradar a Dios es querer salvarme por obras?"
2- "¿Buscar agradar a Dios es querer salvarme por obras?"
3- "¿Buscar agradar a Dios es querer salvarme por obras?"
4- "¿Buscar agradar a Dios es querer salvarme por obras?"

En las dos primeras partes estuvimos viendo algunos pasajes bíblicos. En la 3ª y 4ª parte dejamos que sea Calvino mismo quien demuestre que lo que siguen algunos no es "Calvinismo", sino una enseñanza peligrosa, errada y que "conduce más y más a la impiedad" (2 Timoteo 2:16).
En esta 5ª parte dejaremos que hombres con una llamada "fe reformada" más actuales, hablen por sí solos.

Charles Spurgeon
Aunque Charles Spurgeon vivió en el siglo 19, es sin duda más cercano en el tiempo que Juan Calvino (el cual citamos en las partes 3 y 4 de estos escritos).

Charles Spurgeon luchaba contra aquellos que negaban que los salvos deben buscar agradar a Dios con sus vidas: "Los antinomianos son los que dicen: 'Sí, yo creo que soy salvo por gracia'; pero luego infringen la ley diciendo que ésta no les obliga ni aun como regla de vida" ("No hay otro evangelio". Pag. 29).

El creía firmemente que una fe genuina se veía plasmada en una vida que buscaba agradar a Dios:
"Aquellas personas cuya fe les permite pensar con ligereza en el pecado pasado, tienen la fe de los demonios (Santiago 2:19), y no la fe de los elegidos de Dios. Los que creen que el pecado es algo sin importancia y nunca han sentido pesar por él, que sepan que su fe no es genuina. Los hombres cuya fe les permite vivir con indiferencia en la actualidad, que dicen: 'Bien, soy salvo mediante una fe sencilla' y disfrutan de los placeres carnales y las concupiscencias de la carne, son mentirosos; no tienen la fe que salvará el alma" (citado por Iain Murray en "Un Príncipe Olvidado". Pag. 50).

R.C. Sproul
Un caso más actual es el de R.C. Sproul, pastor, teólogo y fundador del Ministerio Ligonier.
R.C. Sproul en su libro "La Santidad de Dios" advirtió claramente acerca de confundir la doctrina bíblica de la "justificación" con la de la "santificación":
"Este concepto de una transferencia de justicia está cargado de peligros, pues puede ser fácilmente malentendido y seriamente abusado. Alguna gente asume que si creemos en Cristo, ya no tenemos nunca que preocupamos de cambiar nuestra vida" (Pag. 128).

Por esto, decía R.C. Sproul, algunos se preguntan: "si tenemos la justicia de Cristo, ¿por qué debemos preocuparnos de cambiar nuestra vida de pecado? Puesto que nuestras buenas obras no nos llevan al cielo, ¿por qué preocuparnos acerca de ellas?
Tales preguntas nunca deberían pasar por los labios de una persona verdaderamente justificada." (Pag. 128).

Y luego aclara el, muchas veces mal entendido, lema de "Sola Fide ("Solo Fe")":
"Cuando Lutero osadamente proclamó la doctrina bíblica de la justificación sólo por fe, él dijo, 'La justificación es por la fe solamente, pero no por una fe que es sola'. Santiago lo había dicho anteriormente en una manera diferente. El dijo que 'la fe sin obras es muerta' (Santiago 2:26). La verdadera fe, o fe salvadora, es lo que Lutero llamó una fide viva, una fe viva. Es una fe que inmediatamente trae los frutos de arrepentimiento y justicia. Si nosotros decimos que tenemos fe pero las obras no la siguen, esto es una clara evidencia que nuestra fe no es genuina. La verdadera fe siempre produce una conformidad real a Cristo. Si la justificación nos sucede, entonces la santificación seguramente la seguirá. Si no hay santificación, significa que nunca hubo justificación" (Pag. 128, 129).

John MacArthur
Y como último ejemplo de hombres de Dios actuales que sostienen sanamente una "fe reformada", podemos citar a John MacArthur.
Él con toda claridad afirma: "Un cristiano sin fruto NO es un cristiano genuino y no tiene parte en el reino de Dios" ("Romanos 1-8". Pag. 408).
Y luego reprende a aquellos que confunden "justificación" con "santificación":

"La ley sigue siendo importante para el cristiano. Por primera vez, él está en capacidad para satisfacer las demandas de justicia de la ley (como fue el deseo de Dios desde un principio cuando dio la ley), porque tiene una nueva naturaleza y el Espíritu Santo de Dios mismo que lo llena de poder para obedecer.
Aunque el creyente ya no está bajo el yugo o castigo de la ley, él tiene un deseo más ferviente y genuino de vivir conforme a sus estándares de piedad…
Con plena sinceridad y gozo, el creyente auténtico puede decir con el salmista: 'Oh, cuanto amo yo tu ley' (Salmo 119:97).
Como creyentes, estamos muertos a la ley en lo que respecta a sus exigencias y la condenación que impone, pero debido a que ahora vivimos bajo el régimen nuevo del Espíritu, amamos y servimos la ley de Dios sin reservas y con un corazón lleno gozoso. También sabemos que obedecer su ley es hacer su voluntad y que hacer su voluntad equivale a darle gloria" ("Romanos 1-8". Pag. 408).

Dios en Su Palabra
Por esto Dios nos ordena que los pastores NO solo anunciemos a Cristo en nuestras enseñanzas, lo cual sin duda DEBEMOS hacer.
Sino que como muy bien escribió Charles Simeon, toda predicación o enseñanza debe "humillar al pecador, exaltar al Salvador y fomentar la santidad" (citado por H.C. Moule en su libro "Charles Simeon". Pag. 52).

Esto es exactamente lo que nos ordena Dios.
Como pastores debemos ayudar a los hombres para que "anden como es digno del Señor, agradándole en todo" (Colosenses 1:10).
En Colosenses 1:27,28 encontramos:
"… Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre".

Las 3 cosas son necesarias y una obligación para el que enseña:
- Anunciamos a Cristo
- Amonestamos a todo hombre
- Enseñamos a todo hombre

¿Qué buscamos con esto, según este pasaje?
"a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre".

Luis Rodas


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