Pastores, ¿hasta qué punto creemos lo que predicamos?



Sé que el título de esta serie de artículos ("Pastores, ¿hasta qué punto creemos lo que predicamos?") puede causar al menos 3 cosas:
a) Que hermanos que no son pastores usen todo esto para mirar con lupa y criticar a los que sí son pastores (hablo de los verdaderos pastores).
La realidad es que esa es una de las tareas más fáciles que existen. El mirar en la vida del otro y criticar y criticar y criticar...
Mas bien creo que si lees esta serie de artículos sería útil para ti el buscar como adaptarla a tu propia vida que, aunque tal vez no predicas ni eres pastor, sí debes vivir lo que dices creer.
b) Que algunos de mis hermanos pastores se enojen
c) Que reflexionemos y nos cuestionemos juntos algunas cosas útiles y esenciales
¡Este último es mi anhelo!

Aprendiendo
Hace unos años el Señor determinó que comenzara un período de verdadera enseñanza intensiva en mi vida. Fue un tiempo MUY difícil. Donde hubo de todo. Algunas cosas creo que si hoy las viviera las haría totalmente diferentes, y otras en las que no puedo más que agradecer al Señor Todopoderoso que nos "sostiene de (nuestra) mano derecha, y (nos) dice: No temas, yo te ayudo" (Isaías 41:13).

Todo este tiempo ha sido indudablemente de MUCHÍSIMA reflexión. TODO, o al menos todo hasta donde yo puedo ver, ha pasado por la prueba del cuestionamiento, la reflexión, el examen de conciencia, el clamar en oración por sabiduría y dirección, y el mirar mi vida y mi fe en el espejo de la Palabra (Santiago 1:22-25).
Fue un tiempo que creo que nadie quiere vivir, pero necesario como no hay explicación.

¿Predicar es unir palabras?
Es muy interesante de ver, por decirlo de alguna manera, lo fácil que es unir palabras e ideas al predicar, pero que cuando se hace palpable que estamos en "esta leve tribulación momentánea" (2 Corintios 4:17), ¿hasta qué punto aplicamos?

O dicho de otro modo: ¿cuanto predicamos y no nos damos cuenta que NO aplicamos hasta que el Señor decide hacernos atravesar el "valle de lágrimas" (Salmo 84:6)?

Allí toda nuestra fe, confianza, certeza, mansedumbre, templanza, paciencia, longanimidad, gozo genuino y amor, salen a la realidad tan crudamente que preferiríamos pensar que estamos hablando de otra persona.

O si me permiten nuevamente decirlo de otra manera: bajo "la prueba de nuestra fe" (Santiago 1:3) se ve con una claridad que nadie quiere ver que allí donde debería haber "fe, confianza y certeza" navegan alegremente la "angustia", su compañera la "duda" y el señor "desesperación". Que allí donde "mansedumbre, templanza, paciencia, longanimidad y gozo inefable" deberían manejar el barco en completa paz, cosas horribles por momentos toman el timón que nos llevan a la pregunta: "¿Qué pasó con todo eso que creía que creía?"
Y allí donde debería reinar el "amor", aun hacia aquellas personas que por el momento no parecen muy fáciles de amar, uno debe cada cinco minutos repetirse "perdono", "perdono", "perdono"; para luego darse cuenta que es más fácil decirlo que incorporarlo.

Sólo en el día de prueba
Esto y MUCHO más, en gran cantidad de casos, SÓLO es visible dentro de "lo profundo de las aguas" (Salmo 69:14), en el tiempo donde todo sale al revés a lo que uno esperaba.

Allí, con una buena dosis de sinceridad y la gran misericordia del Señor, lo que uno ve NO es NADA agradable.

Pastor, ¿cuantas veces has alentado a la congregación con alguna porción de un salmo, pero luego en el mismo día de la reunión te sucede algo en tu vida privada y eres un manojo de nervios, queja, enojo o desesperación, y en lo último que pensabas era en ese pasaje del salmo?.
Tal vez pensarás: "Bueno, pero todos estamos en medio de esta debilidad humana, si espero predicar solo lo que vivo al 100% no se cuanto predicaría".
Y hasta podemos decir que hay un porcentaje de verdad en eso.
TODOS estamos aprendiendo.
Pero si hay personas en la Iglesia que deben ir acercándose día a día a ser un "ejemplo de la grey" (1 Pedro 5:3), esos somos nosotros.

Cuidado al predicar sobre la mejilla derecha
Hace un tiempo un pastor al que respeto mucho, me contó que un domingo predicó sobre Mateo 5:38-48 y que enseñó puntualmente: "cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra" (5:39).
Al terminar la reunión se le acercó un hombre enojado que le pegó una trompada que lo tiró al suelo. La primera reacción de este pastor fue levantarse y mostrarle cuanta fuerza tenía Sansón... jaja...
Pero cuando iba a reaccionar se acordó de lo que había predicado apenas un momento antes: "cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra" (5:39)...
Jaja... ¡Qué situación!... El hombre enojado le dijo al pastor: "¿Y?.... ¿Vas a poner ahora la otra mejilla?". A lo que este pastor consternado le dijo que sí.
¿Sabes lo que hizo el hombre enojado? Le pegó del otro lado y lo volvió a tirar al suelo.
Este pastor aprendió que no todos los pasajes bíblicos son gratis a la hora de predicarlos... ja...

Qué haríamos
Ahora, la pregunta es: ¿Nosotros haríamos lo mismo?
Quizás algunos de nosotros nunca nos encontremos en una situación así. Pero ¿qué reacción tenemos cuando vivimos nosotros alguna circunstancia de la que hemos predicado?
¿Hablamos con vehemencia exaltando las virtudes omnipotentes del Dios Altísimo y le enseñamos a la congregación con una naturalidad prodigiosa que lo normal es confiar en EL, pero luego nuestra esposa para encontrar fe genuina en nuestra vida debe imaginarla?

¿Somos doctores expertos en hablar de la "soberanía de Dios" y hasta nos burlamos de aquellos que no entienden esta doctrina tan importante, pero luego en el día a día tal vez hasta creemos menos en ello que cualquier pastor que no ha leído jamás "La soberanía de Dios" de Arthur Pink y que aun no tiene ni idea quien es este buen hombre?

Muchas veces creemos estar llenos de "defensa de la fe", pero en realidad es una triste reacción de nuestra carne, que, o bien usa la crítica a otros pastores para atraer las ovejas a nuestro rebaño, o simplemente necesitamos encontrarle miles de errores al otro para calmar nuestra conciencia diciendo: "No es que Dios no me está usando a mí, sino que este pastor está usando métodos carnales. Así cualquiera".
Encontrarle errores a otros pastores o dejarlos fuera del círculo que NOSOTROS SOLITOS hemos trazado como "Iglesia", es algo que nos calma inconscientemente.
Y quiero dejar MUY CLARO que en este caso NO estoy hablando de encontrarle errores a falsos predicadores que sí predican cualquier cosa menos el evangelio, sino a nuestros hermanos que tienen errores como nosotros o simplemente Dios les ha confiado algo diferente a lo que nos ha confiado a nosotros.

En casos así, ¿qué le podemos enseñar a la congregación? Si 1 Corintios 13 nos dice que puedo hablar "lenguas humanas y angélicas", tener "profecía", entender "todos los misterios, y toda ciencia", tener "fe, de tal manera que trasladase los montes", repartir "todos mis bienes para dar de comer a los pobres", y aun entregar "mi cuerpo para ser quemado"... Pero que si "NO TENGO AMOR"... "NADA SOY"... "DE NADA ME SIRVE" (1 Corintios 13:1-3).

Es fácil
Gritar 3 o 4 verdades que leímos, exigirle a las demás Iglesias o consiervos la más pura perfección, enseñar con la más bella retórica las 235 lecciones del "carácter cristiano", plantarle en la cara a todos las palabras "gracia", "soberanía de Dios", "soli Deo gloria", "poder", "fe", "santidad", etc, etc, etc... hermanos pastores amados.... ESO... ESO... ES MUY FÁCIL...
Y agrego: Hasta nos hace sentir MUY BIEN....

Luis Rodas


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