LA COMUNIÓN INTIMA CON DIOS Y NUESTRA LENGUA (1). Primeros pensamientos del día-


"El que no calumnia con su lengua"
(Salmo 15:3)

En el devocional de ayer concluimos con el verso 2. Ahora, y al continuar con el siguiente verso, encontramos otra práctica fundamental para poder permanecer en comunión intima con Dios cada día.
Aquí Dios responde a David: "el que no calumnia con su lengua”
Según el Diccionario Brown-Driver-Briggs esto habla de: “espiar, ser chismoso, calumnia”.

Podemos hacer que los dichos de nuestra boca sean agradables a Dios y caminar con EL íntimamente (Salmo 18:14), o podemos hablar de tal manera que nos contaminemos decisivamente estorbando nuestra comunión intima con Dios.
“La muerte y la vida están en poder de la lengua”, explica Proverbios 18:21.
Y agrega: “Y el que la ama comerá de sus frutos” (18:21)
¿Ama qué?
¿A qué se refiere?
El que trata con cuidado este miembro del cuerpo tan importante, “comerá de sus frutos”. Sacará buenos beneficios de este miembro tan decisivo para nuestra vida.

Algo similar encontramos en Proverbios 12:13: "El impío es enredado en la prevaricación de sus labios".
El “impío” queda enredado en las cuerdas dañinas que él mismo se fabricó con su boca. Pero, el versículo continúa: “mas el justo saldrá de la tribulación”.
El es sabio y prefiere hacerse a un lado y no enredarse en conversaciones corrompidas.
¿Notan el contraste?
Es el impío el que se enreda en la prevaricación de sus labios.
Cuantas personas del mundo se hacen daño con lo que hablan.
Salmo 64:8 afirma: “Sus propias lenguas los harán caer”
Y cuantos cristianos se han descuidado en esto y actúan como el mundo. Van contaminando su corazón diariamente en conversaciones que no convienen.
Siguen en la Iglesia, no dejarían de congregarse, pero sienten como si algo los tuviera atados. Están “enredados en la prevaricación de sus labios”.

Tal vez no te des ni cuenta, pero siempre estás hablando mal de alguien. Llegas a pensar: “¿Cómo puede ser?. No lo puedo creer. Como es la gente. Ya no hay cristianos verdaderos”. El estar viendo siempre lo negativo de los demás es un muy mal síntoma de orgullo y deficiencia del carácter cristiano.
Si había alguien que podía ver maldad en el ser humano y nunca encontrar algo bueno en nadie era Jesús. El estaba acostumbrado a la Perfecta Santidad. Sin embargo, por ejemplo, encuentra a Natanael y dice: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño” (Juan 1:47).
¿Y nosotros siempre le vemos todo lo negativo a todos?.
No que viera bondad en el hombre como si pudiera ser bueno por sí mismo.
Jesús dijo que nosotros éramos malos (Mateo 7:11). Pero también veía la obra de Su Padre en nuestras vidas.
¿Nosotros vemos la obra de Dios en la vida de nuestros hermanos?



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