Un moretón doloroso - C. J. Mahaney



Puedes leer los anteriores artículos aquí:
1- La crítica personal 
2- Las tentaciones cuando llega la crítica
3- Aprender a ser sabio abrazando la crítica

La crítica hiere. Es dolorosa. No todas las heridas son fieles, algunas heridas provienen de palabras desconsideradas que son como golpes de espada (Proverbios 12:18). Pero en este post no voy a hablar de las palabras desconsideradas. Hoy voy a escribir sobre el aguijón de la crítica que viene incluso de una herida fiel (Proverbios 27:6). Aún viniendo de un amigo, la crítica hiere.

Pero, ¿Alguna vez te has puesto a pensar qué hiere la crítica?
Creo que la respuesta simple es que la crítica hiere el pecado que todavía no ha sido mortificado. Un sabio pastor mayor una vez me dijo: “C.J., lo que duele es porque todavía no murió”. Y eso es lo que a menudo hiere la crítica: mi orgullo, que todavía está vivito y coleando.

Es necesario recibir la crítica y la corrección, porque revelan las cosas que no veo en mi vida y el orgullo que todavía no ha muerto (Colosenses 3:5, 12). Por lo tanto, necesitamos la corrección. Pero al decir esto no estoy diciendo que recibir la crítica será divertido y sin dolor. ¡Todo lo contrario!

David lo sabía. Entendió tanto el dolor como el beneficio de la corrección:
“Que el justo me castigue, será un favor,

Y que me reprenda será un excelente bálsamo

Que no me herirá la cabeza;
 
Pero mi oración será continuamente contra las maldades de aquéllos” (Salmo 141:5)

¿Qué? ¿Un favor?
Si fuera por mí no compartiría la perspectiva de David. ¡Podría estar perfectamente bien sin esa clase de favores!
Pero la crítica de un amigo fiel (y a veces hasta de un enemigo) es un favor. Es el favor de un amigo que quiere atraer mi atención hacia alguna área y, más importante aún, es una expresión del favor de Dios, porque muchas veces puedo percibir a través de la crítica a mi enemigo que todavía vive: ¡Mi pecado!

La crítica resulta ser un útil recordatorio
Recibir la crítica duele. Siempre va a doler. No anticipo que haya un punto de maduración en el que recibir corrección sea un gozo absoluto. Una herida es una herida. Deja un moretón. Duele. Pero la necesito.

Que el justo me castigue, será un favor.
Que yo no lo rechace.

Extraído de "Descubriendo el Evangelio" traducido por Makarena Vives






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