Revocucionemos nuestras reuniones de adoración a través del perdón



Para entender mejor esta parte número 12 de "Algunos consejos prácticos para nuestros tiempos de adoración"te recomiendo que leas primero las anteriores:
- 1- Algunos consejos prácticos para nuestros tiempos de adoración
- 2- Huyendo de la obra de teatro hacia Dios
- 3- La adoración más intensa: cuando nadie nos ve
- 4- La adoración viene luego de contemplar la hermosura de Dios
- 5- ¿Dios habita en la música o en la alabanza, de su pueblo?
- 6- Cuando adores puedes repetir, pero... ¡cuidado!
- 7- Dos extremos peligrosos en la adoración
- 8- Reuniones llenas de "santificado sea tu nombre"
- 9- ¿Podemos establecer con alabanza el reino de Dios?
- 10- Amamos nuestra patria
- 11- Directores de alabanza: están ante gente con necesidades

En el mismo centro del llamado "Padre Nuestro", Jesús nos confronta con algo de lo que solemos huir con mucha destreza: reconocer nuestros pecados, humillarnos y pedir perdón, y paralelamente perdonar a otros.
El dice:
"Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores"
(Mateo 6:12)

Para Jesús este es un tema tan importante que al terminar su ejemplo de oración en el versículo 13, le añade un comentario especial:
"Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas" (Mateo 6:14,15)

Bocas hermosas, corazones sucios
Podemos decir con toda seguridad que NO hay oración, ni alabanza, ni adoración, si no nos ponemos a cuenta genuinamente con Aquel que conoce "los secretos de los hombres" (Romanos 2:16) y perdonamos aun lo que puede parecer imperdonable.
Estos dos puntos pueden hacer la GRAN diferencia entre un show religioso vacío y una congregación que "exalta a Dios y se postra ante el estrado de SUS pies" declarando "EL es Santo" (Salmo 99:5).
Sin arrepentimiento ante Dios y perdón hacia otros, formamos parte de ese pueblo del cual Dios dijo: "Este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón ESTÁ LEJOS DE MÍ" (Isaías 29:13).
Sin tratar estos temas con toda sinceridad en nuestra vida, somos como el pueblo de Judá en Jeremías 3:10. Podemos quedar afónicos orando, pero Dios dice: "Judá no se volvió a mí de todo corazón, sino fingidamente".

El problema del pueblo de Judá de aquel tiempo es que habían endurecido sus corazones contra Dios y entre ellos, pero seguían haciendo sus reuniones como si todo estuviera perfectamente bien.
¿Lo puedes ver?
Hacían sus bonitas reuniones, cantaban sus canciones, llenaban el aire con sus oraciones, y hasta profetizaban (Jeremías 14:14).
Pero Jeremías le pasa el reporte a Dios sobre ellos, diciendo: "Cercano estás tú en sus bocas, pero lejos de sus corazones" (Jeremías 12:2).

¡Es terrible!
Imaginemos una reunión:
El "grupo de alabanza" comienza cantando "Santo, Santo, Santo, Dios Todopoderoso". Lo repiten tan emocionados que parecen estar en la misma nube que mantuvo a Moisés 40 días en ayuno en Exodo 24:18.
Pero Dios les dice: "Si soy el Dios Santo, Santo, Santo, ¿por qué se atreven a querer acercarse a mí sin reconocer todas esas cosas que yo aborrezco?. Si soy el Dios Santo, Santo, Santo, ¿por qué, como si fuera un dios impío, me dan esta ofrenda con sus labios, llena de inmundicia en sus corazones?"
Mientras la congregación sigue cantando otra parte de la letra de la canción: "Digno y Santo el Cordero inmolado en la cruz".
Y Dios vuelve a hablar: "Es Verdad, Digno y Santo es mi Hijo. Es Verdad, EL 'se ofreció a sí mismo' (Hebreos 7:27) por los pecados de ustedes. Pero si eso es Verdad para ustedes, ¿por qué no reconocen sus pecados, se humillan ante mí, piden perdón y son limpiados por la "sangre preciosa" de mi Hijo (1 Pedro 1:19)? ¿Por qué prefieren endurecer sus corazones encontrando excusas para mantener su autoestima alta? ¿No dice Mi Palabra: 'Si confesamos nuestros pecados, EL es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad' (1 Juan 1:9)?"

Mientras tanto el "director de alabanza", sin oír la voz de Dios en su corazón, grita emocionado: "Oh excelentísimo Dios.... TE AMAMOS.... TE AMAMOS...". La gente piensa: "Ay... cuan espiritual es nuestro 'director de alabanza'".
Y él prosigue entre lágrimas emotivas: "Dile.... dile... dile que lo amas... Dile: 'Te amo más que a mi vida'... 'TE AMO MAS QUE A MI VIDA'.... A EL le gusta... A EL le gusta que se lo digas".
Dios le responde al "director de alabanza": "Si me amas tanto, ¿por qué no amas a tu hermano?. ¿Por qué tienes tanta falta de perdón con el baterista y el guitarrista?. ¿Acaso no dice Mi Palabra 'Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso' (1 Juan 4:20)? ¿Estás muy seguro de que si tú dices que esas personas NO son mis hijos, con eso ya bastará para que yo tampoco los reciba como míos?"
La congregación sigue cantando, mientras espera "tocar el corazón de Dios" como se les enseñó: "Te amo más que a mi vida... TE AMO MAS QUE A MI VIDA".
Dios se acerca misericordiosamente a muchos de ellos y les dice: "Si me amas más que a tu vida, pídeme y te daré la gracia para poder perdonar, y luego, ve y perdona a este y a aquel otro... Si me amas más que a tu vida, estemos a cuenta. Mi Palabra dice:
'Vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones' (Santiago 4:8). Cercano estoy yo a los quebrantados de corazón (Salmo 34:18). Yo amo la verdad en lo íntimo (Salmo 51:6). Y yo seré 'amplio en perdonar' (Isaías 55:7)"

En ese momento llegó el tiempo esperado para algunos de los que estaban en la plataforma de la Iglesia: mientras el "director de alabanza" hablaba, el guitarrista, el tecladista y el baterista hicieron algunos solos por turno.
Dios se acercó y les dijo: "'Pecadores, limpiad las manos' (Santiago 4:8). Yo les di esos talentos. Limpien sus manos para usarlos. Yo estaba anoche viendo las páginas de internet que visitaban, y se lo que hicieron después. Deberían estar corriendo al 'trono de (Mi) gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro' (Hebreos 4:16). Si se humillan, YO seré su fuerza y salvación (Salmo 27:1)".

Al terminar la reunión, muchos se quedaron hablando, incluidos varios de los músicos.
"Uhhhmmm... la verdad que la reunión de hoy no fue tan buena", sentenció uno. A lo que otro agregó: "Sí, yo pienso lo mismo. Me costó mucho concentrarme. El diablo no paraba de hablarme. Intentaba condenarme en todo momento. Pero yo repetía: 'Yo se quién soy diablo. A mí no me vas a condenar'... ja... Conmigo no va a poder". Y varios dijeron a la vez: "Sí, amén... ¡Eso es! Yo hice lo mismo, aleluya".

No me cabe duda que existen grupos de alabanza alrededor del mundo que honran a Dios. Y agradecemos al Señor porque por Su Gracia los hay.
Pero todos podemos aprender del ejemplo anterior.

Los músicos de nuestras Iglesias:
Deben asegurarse que sus vidas están postradas ante la cruz del Calvario. Rendidos, humillados, perdonados e impulsados por ese "gozo inefable y glorioso" (1 Pedro 1:8) en el que se deleitan los redimidos: el maravilloso "gozo de la salvación" (Salmo 51:12) por el que oraba aquel David humillado luego de haber pecado.
Aquellos músicos que oran en "secreto":
"Purifícame con hisopo, y seré limpio;
Lávame, y seré más blanco que la nieve" (Salmo 51:7).
Son aquellos que podrán "oír gozo y alegría" (Salmo 51:8) y traerán todo aquello a la congregación genuinamente.

David cantaba:
"Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos,
Y los pecadores se convertirán a ti" (Salmo 51:13).

Nunca un grupo de alabanza lleno de enemistades podrá estar lleno de alabanza
¡Eso es una especie de ley!
El grupo de alabanza debe luchar incesantemente por resolver sus conflictos:
"Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo"
(Efesios 4:32)
El mandato es: "El que ama a Dios, ame también a su hermano" (1 Juan 4:21).

Y si alguien del grupo solo provoca conflictos y no quiere vivir en ese único "vínculo perfecto" (Colosenses 3:14) que es el "amor", al menos por ahora NO es apto para formar parte del "grupo de alabanza". Aquel que dirige el grupo DEBE actuar al respecto.
¡No es un club de amigos! ¡Es un ministerio que busca adorar a Dios!
Jamás el pueblo que desobedece en "Jericó" trayendo "anatema" a la congregación (Josué 7:11), podrá vencer en "Hai" (Josué 7:2-5).
Para esto Dios dice: "Por esto los hijos de Israel NO podrán hacer frente a sus enemigos... Levántate y santifica al pueblo" (Josué 7:12,13).
David escribió: "Los insensatos no estarán delante de tus ojos" (Salmo 5:5).

Y si te quedas sin algún músico "necesario", que ASÍ SEA. NO es un show musical, hermano. Sin duda, que así como dijo Jesús que es mejor sacarse un ojo que irse al infierno con los dos (Mateo 5:29), así es mejor un grupo de alabanza a medias que alaba y adora a Dios genuinamente, que un grupo que cuenta aun con un ensamble de cuerdas de 90 personas, que Dios desecha.
Tranquilo, "el Señor de la mies" sabe responder a nuestra oración por "obreros" para "SU mies" (Mateo 9:37).

Congregante
Si no eres parte del grupo de alabanza, debes entender que la reunión la hacemos todos.
Tómate un tiempo antes de la reunión, o al menos al comenzar, para "meditar en tu corazón" delante de Dios (Salmo 5:4) y dejar que "Dios pruebe tu mente y tu corazón" (Salmo 7:9).
Ponte a cuentas con EL, hasta que puedas decir como Pablo: "Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la CRUZ de nuestro Señor Jesucristo" (Gálatas 6:14).

Y no solo pide perdón, sino ten en claro, que el odio, rencor, amargura o perturbación que podamos tener hacia otra persona, nos hace INCAPACES de tener cualquier tipo de relación con Dios.
NO importa como sea la otra persona. Es imposible que una misma fuente dé "agua dulce y amarga" (Santiago 3:11).
Jesús, como ya leímos, dijo con toda claridad:
"Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas" (Mateo 6:14,15).

Por esto Efesios 4:31 nos dice: "Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia (calumnia, difamación, hablar mal de otros)".

¡Y luego exalta, alaba, magnifica, ADORA, a aquel que es Digno!
"Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios"
(Mateo 5:8)

¡Cuantas reuniones cambiarán por completo al entender esto! En cuantas reuniones no hay más que ruido, manipulación emocional y gimnasia aeróbica con saltos, aplausos y alzamientos de manos.
Pero el perdón puede transformar absolutamente nuestras reuniones:
"¿Quién subirá al monte de Jehová?
¿Y quién estará en su lugar santo?
 El limpio de manos y puro de corazón;
El que no ha elevado su alma a cosas vanas,
Ni jurado con engaño"
(Salmo 24:3,4).


Luis Rodas


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