¿NOS HEMOS OLVIDADO DE QUE SE AVANZA EN HUMILLACIÓN Y FE? Primeros pensamientos del día.


"Salva a tu pueblo, 
y bendice a tu heredad" 
(Salmo 28:9)

Muy probablemente, como explica Peter Craigie ("Psalms. 1-50"), el Salmo 28 haya sido creado para un uso liturgico en Israel ya que se pueden ver 4 divisiones de una oración conjunta en el templo.

1- clamor en humillación (28:1-4)
2- expresión en fe de lo que Dios hará (28:5)
3- expresión en fe ofreciendo acción de gracias y alabanza (28:6,7)
4- expresión en fe de la especial identidad como pueblo y en base a eso el pedido final (28:8,9)

¡Este es un excelente material de enseñanza acerca de la oración que agrada a Dios!

1- Toda oración debe contener humillación. Nos acercamos a un Dios santo, y EL habita con "el quebrantado y humilde de espíritu" (Isaías 57:15).
David reconoce que si no contara con la ayuda salvadora de Dios su vida sería igual a la de aquellos cuyo final es el más trágico (28:1-3).
Sin duda nos acuna una superficialidad general, la cual necesita ser vencida a través del reconocimiento de nuestras metas e impulsos diarios, ausencia de fruto, tibieza y soberbia, y nuestra necesidad de la ayuda de Dios y dependencia total de Su intervención inmerecida.
¡Nuestra gran necesidad es Dios! Y esa tierra debe ararse en humillación diaria ante Dios, ya que "cercano está Jehová a los quebrantados de corazón" (Salmo 34:18).
Fe sin humillación es soberbia ante un Dios que nos ordena: "Humillaos delante del Señor" (Santiago 4:10).

2- En las secciones 2, 3 y 4 de este Salmo 28 encontramos fe:
- expresión en fe de lo que Dios hará (28:5)
- expresión en fe ofreciendo acción de gracias y alabanza (28:6,7)
- expresión en fe de la especial identidad como pueblo y en base a eso el pedido final (28:8,9)

Humillación sin fe es un pozo depresivo sin final. La voluntad de Dios es que oremos con "acción de gracias" (Filipenses 4:6; Colosenses 4:2). 
David anuncia un final terrible para sus enemigos sin posibilidad de restauración: "El los derribará, y no los edificará" (28:5).

No se trata de fe en nuestra imaginación de lo que Dios hará; mas bien se trata de que en la oración el Espíritu Santo vaya guiándote y resaltando verdades bíblicas acerca de esa situación específica (Judas 20), lo creas con corazón sincero, y también te bases en victorias pasadas que Dios te ha dado poderosamente (28:6,7), y esto destile en todas tus palabras de rodillas. Así pides y alabas inseparablemente.
La seguridad de que Dios obrará siempre a tu favor es en base a tu identidad. El verso 9 de este salmo dice: "Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad" (28:9). Ellos son el pueblo de Dios y, ni más ni menos, que la posesión valiosa de Dios ("tu heredad").
Así, en Cristo somos "pueblo adquirido por Dios" (1 Pedro 2:9), herencia de Cristo (Hebreos 2:13; Salmo 2:8) y a la vez coherederos con EL (Romanos 8:17).

Una oración sin fe no sólo no obtendrá absolutamente nada (Santiago 1:6,7), sino que jamás agradará a Dios (Hebreos 11:6).
Pero hermano, por favor no lo olvides: "La oración eficaz del justo puede mucho" (Santiago 5:16).





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