TODOS CONTRA TODOS 2ª PARTE



Cuanta misericordia de Dios hay en que él nos limpie día a día.
Cuando el Señor abrió nuestros ojos, al menos un poco, y comenzamos a darnos cuenta que él demandaba más santidad y fidelidad a Su Palabra en la Iglesia de hoy, fue ni más ni menos que la GRACIA DE DIOS.

Muchos fuimos confrontados, y con la misma palabra de exhortación, exhortamos a otros.
Dios estaba obrando.
Y seguramente el Señor sigue usando a muchos en esa tarea.

Pero de pronto, casi sin darnos cuenta, esto se transformó en una bonita guerra de "todos contra todos".
Donde la unidad con cualquier hermano parece ser imposible ya que cada uno, al instante de conocerlo, saca su kilométrica lista de "verdades irreconciliables", para decirte que si no estás de acuerdo él volverá por donde vino.

¿Qué fue lo que pasó?
Creo ver algunas causas y, por si les sirven, las voy a ir describiendo en los siguientes artículos:

1- No es lo mismo
De "contender ardientemente por la fe" (Judas 3) se pasó, como si fuera lo mismo, a un "contender sobre opiniones" (Romanos 14:1).

Hay una diferencia ENORME entre luchar las peleas de Dios por verdades fundamentales de la Palabra, a comenzar a discutir con todo el mundo defendiendo mis "opiniones" personales sobre tal o cual cosa.

Pablo explicó claramente a la Iglesia en Roma que existen los hermanos débiles en la fe.
El no se refería, en este caso, a personas que en medio de las dificultades flaquean. ¡NO!
Sino de personas que, en su inmadurez, sus propias opiniones las transforman en la verdad de Dios y cuídate de no cumplirlas.... Uyy.... si transgredes una de sus leyes eres un "apóstata" y "hereje".
Por esto escribió: "Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones" (Romanos 14:1).

En esa época muchos tenían sus propias "opiniones" de qué debían comer y qué no, y qué días debían guardar para esto y aquello y cuales no.
Y a sus propias "opiniones" las canonizaban de tal manera que cuidadito con cruzarte en su camino...

Romanos 14:2-6: "Porque uno cree que se ha de comer de todo; otro, que es débil, come legumbres.
El que come, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido.
¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.
Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.
El que hace caso del día, lo hace para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios".

Así, sin duda, nos sucede muchas veces.
No solamente con la comida o sobre ciertos días.
Cuantas "opiniones" personales hay dando vueltas que han transformado esto en un campo de batalla feroz.
Ya no sólo hablamos de congregaciones que se creen los únicos dueños de la verdad, sino que cada uno, porque ha leído no sé qué libro, ha visto tal video por internet o recibido una supuesta revelación sobre un versículo, cree que él es el mesías salvador de la Iglesia de hoy. El ha encontrado justo "LA VERDAD que a la Iglesia no la deja ser lo que Dios quiere".
El es el que tiene la pieza clave, el engranaje fundamental, el secreto mejor guardado, que al ser aplicado solucionará todos los problemas de la Iglesia actual.

Una nueva opinión personal
Pero al escucharlo, lleno de tal celo que corre peligro tu vida si lo contradices, finalmente no se trata más que de una nueva lista de "opiniones" personales.
"Opiniones", casi todas, que quedan rídiculas cuando pasas de ser un espectador de un partido de fútbol, a ser el mismo jugador en el campo de juego.
De afuera todos gritan qué es lo que tiene que hacer el jugador o lo que tendría que haber hecho.
Al estar dentro todo cambia.

¡Qué fácil es sentarse delante de una computadora y opinar como experto!
Imaginemos uno de nuestros dialogos por el ciberespacio:

Licenciado opinólogo: "¿Eclesiología?... Ahhhh sí, la Iglesia debe ser así y así...".
"¿Evangelización?... Uyyyy sí, la forma de ganar almas es esta y esta otra".
"¿Temas pastorales?... Ja... son mis preferidos... Dame 5 minutos y te explico la forma bíblica de pastorear"....
Hermano desprevenido: "Ay.... qué lindo hermano... ¡qué interesante haberlo conocido!... Una pregunta... ¿qué hace usted para el Señor?..."
Licenciado opinólogo: "Ahhhh..... ¿qué hago para el Señor?... ahhh.... bueno... mi trabajo secular no me deja mucho tiempo.... pero el Señor sabe".

El jamás ha hecho nada. No tiene experiencia y todas sus opiniones han nacido simplemente de haber leído no se qué y de haber visto no sé cuanto.
Nunca ha puesto en práctica nada de eso. Pero él cree tener cada punto en la "i" correcta.
El, olvidará gustoso que Santiago 1:19 dice: "todo hombre sea pronto para oír y tardo para hablar", y hablará y hablará.
No habrá puesto el hombro en la mies del Señor nunca, pero ayyyyy.....castigará con su más alto "celo santo" cualquier error de aquellos que sí han puesto sus manos en el arado (sean hermanos u lobizones disfrazados).

Otras veces él estará seguro de que tal Iglesia ha cometido el "pecado imperdonable", pero se tratará de una triste mezcla de más de sus "opiniones" y de su propia inmadurez.
El nunca es parte del equipo que deja su vida en el campo. Pero ¡qué simpatizante más exigente! ¿verdad?

Un buen remedio para cuando nos transformamos en "licenciados opinólogos" es que pongamos en práctica nuestra fe.
Haz algo. Vive tu fe. Pon en práctica tus "opiniones" personales.
Allí verás cuanto de lo que hablabas era "opinión" gratis y cuanto era la verdad de Dios.
Y luego enseña con la base sólida de estarlo viviendo.
Así, muchas de mis "opiniones", fueron aniquiladas. Otras, seguramente, esperan su sepultura.

En la tercera parte seguiremos, si el Señor lo permite, hablando un poco más sobre la diferencia entre "contender por la fe" y "contender sobre opiniones".


Luis Rodas


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