Tu obra es grande pero tu tiempo es corto. Primeros pensamientos del día.


“Hazme saber, Jehová, mi fin,
y cuanta sea la medida de mis días;
sepa yo cuán frágil soy.
He aquí, diste a mis días término corto” (Salmo 39:4,5)


Lewis Bayly (1575-1631):

 “No obres mal en nada; porque Dios aborrece aún el más mínimo pecado.

 No dejes sin hacer cualquier bien que tú puedas hacer. Pero no hagas nada sin un llamado de Dios, ni hagas nada en tu llamamiento hasta que hayas tomado antes consejo en la Palabra de Dios (1 Samuel 30:8).

 Ora por sus bendiciones sobre el trabajo de tu esfuerzo; y luego ahí sí hazlo en el nombre de Dios, con alegría de corazón, reconociendo que todo éxito proviene de EL.

Que ninguna distracción y recreación se transforme en la ocupación de tu vida. El tiempo en que puedes vivir en distracciones es corto; pero los dolores por haber sido negligente de lo realmente importante son eternos.

 Usa de alguna recreación en la medida en que ésta pueda mejorar la condición de tu cuerpo y mente para realizar más alegremente tu servicio a Dios y las prácticas de tu llamado (Proverbios 21:17; Filipenses 4:8).

Tu obra es grande pero tu tiempo es corto; y el que va a 'recompensar a cada uno según sus obras' está de pie a la puerta (Apocalipsis 22:12).

Piensa en la cantidad de trabajo que hay por hacer, lo lento que has sido hasta ahora en el trabajo eterno, y qué ajustarías en tu vida si supieras que tu Maestro hoy te llamara a rendir cuentas (Santiago 5:9).

Se, pues, cuidadoso de ahora en adelante para sacar el máximo provecho del poco tiempo que te queda, como lo haría un hombre que arrendó un campo para trabajarlo y su contrato está a punto de expirar.

Asegúrate de que tu vida no se pierde entre ocio, deportes, obras de teatro y vanidades.

Gasta tu vida haciendo el mejor bien que tú puedas según la voluntad de Dios, porque el hombre no fue creado para los deportes, juegos y recreación, sino para, con celo, servir a Dios, y de esta manera servir a su prójimo donde sea que Dios lo puso y le confió.

 Estima, por lo tanto, la pérdida de tiempo como una de las peores y mayores pérdidas. Redímelo cuidadosamente, úsalo con sabiduría (Efesios 5:15-17).

 Que cuando tu tiempo aquí pase hayas vivido como un mayordomo en la tierra (Lucas 16:2), tu Maestro pueda darte la bienvenida con un ‘bien buen siervo', y te conceda el lugar que ha ido a preparar, donde has de disfrutar lleno de deleite el gozo de tu Señor para siempre (Mateo 25:21)”


(“Practice of Piety”)







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