¿PARA QUÉ ORAR? EL DUERME. Primeros pensamientos del día.


"Levántate para ayudarnos,
y redímenos por causa de tu misericordia"
(Salmo 44:26)

La imagen que presenta este pueblo en aflicción es terrible. Si fuera cierta, estaríamos hablando de una catástrofe sin igual.
Ellos han enfrentado golpes, fracasos, la mirada perdida de la impotencia, y la confusión de lo que pareciera ser la insensibilidad de Dios (44:9-19).
Por lo que, entrelazan su dolor y desesperación con la idea de que Dios simplemente se ha quedado dormido. 
Ellos escriben:
"Despierta; ¿por qué duermes, Señor?
Despierta..." (44:23). 

¿Te imaginas?
Estas palabras no se refieren simplemente a un Dios que ha sentido en cierto momento la supuesta necesidad de descansar. Esta queja incluye el mismo trasfondo de aquellas palabras de los discípulos cuando se vieron ahogarse en el mar de Galilea. Jesús dormía superado por su cansancio. Al despertarle asustados, le recriminaron: "Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?" (Marcos 4:38).
Dicho de otro modo: "Despierta, ¿no te importa lo que estamos pasando?".
Así, el pueblo en este salmo 44, reclama: "Despierta; ¿por qué duermes, Señor? Despierta...".
Y agrega en el verso 26: "Levántate para ayudarnos".
No que estos hombres hayan pensado en sí que Dios duerme (Salmo 121:3,4); sino que su percepción era como si Dios hubiera decidido tomarse un descanso sin tener la más mínima preocupación de lo que ellos estaban viviendo.
¿Has tenido alguna vez esa percepción muy internamente?

¿Cómo oras?
¿Oras bajo la percepción de que Dios no tiene gran interés por lo que a ti te preocupa?
¿Has orado alguna vez por alguien que amas pero al no ver resultados no lo has vuelto a hacer porque pareciera que Dios preferiría dormir una siesta que responder?
¿Ni oras por una situación que te abruma porque te parece que no cambiará nada?
¡Eso es lo mismo que decir que a Dios no le importa lo que tú estás atravesando! 

Cuan infinitamente diferente es orar proclamando las promesas de Dios que aseguran que: 
1- no oramos a un Ser distante, sino a nuestro Padre (Mateo 6:9), Padre que nos ama (Juan 16:27), un Padre absolutamente íntimo y cercano (Romanos 8:15).
2- quien encuentra "gozo" en nuestras oraciones (Proverbios 15:8)
3- y siempre está atento a ellas (Salmo 34:15)

Y si en algún momento nos parece como si durmiera, tengámoslo por absolutamente seguro: "No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda" (Salmo 121:3). 
Sigue orando, sigue confiando. No dejes que el corazón disfrace de reposo en Dios lo que en realidad es resignación. Este pueblo, aunque desesperado y confundido, no dejó de clamar a Dios esperando Su respuesta. Todo parece indicar que no tiene sentido seguir orando... Si Dios no obró hasta ahora, ¿por qué pensar que oirá la próxima oración?
Pero sus rodillas vuelven a hincarse, y claman: "Levántate para ayudarnos" (44:26).

¡Vuelve a orar! No te resignes, no dejes de luchar. ¡Sigue confiando! NO DUERME. Dios es nuestra única esperanza (44:6-8).
   




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