¿Qué significaba ser cristiano para ellos? George Whitefield 1ª parte



Nació el 16 de Diciembre de 1714 en Bell Inn, Inglaterra.
Fue amigo de John Wesley y trabajaron juntos fuertemente para el Señor, pero la teología calvinista de Whitefield finalmente los llevó a dividir el movimiento que gestaron.
Charles Spurgeon lo consideró su modelo a seguir.

A la edad de 21 años Whitefield fue ordenado al ministerio, a pesar de que la regla era de que nadie podía ser aceptado para tal cargo con menos de 23 años.

El día antes de su ordenación para el ministerio, lo pasó en ayuno y oración. Sobre ese hecho, él escribió: “En la tarde me retiré a un lugar alto, cerca de la ciudad, allí oré con devoción durante dos horas pidiendo a mi favor y también por aquellos que estaban para ser separados conmigo. El domingo me levanté en la madrugada y oré sobre el versículo de la epístola de Pablo a Timoteo especialmente sobre el precepto: ‘Ninguno tenga en poco tu juventud’. Cuando el anciano me impuso sus manos y si mi vil corazón no me engaña, le ofrecí todo mi espíritu, alma y cuerpo para el servicio en el santuario de Dios... Puedo dar testimonio delante del cielo y de la tierra que, me di a mí mismo cuando el anciano me impuso las manos para ser un mártir por aquel que fue clavado en la cruz en mi lugar”.

A la semana siguiente estaba predicando su primer sermón.

George Whitefield se consideraba un peregrino errante en el mundo, buscando almas. Atravesó el Atlántico trece veces en una época donde cruzar el Atlántico era una aventura larga y peligrosa. Visitó 15 veces Escocia. Fue al País de Gales en muchas ocasiones. Visitó una vez Holanda, dos veces Irlanda. Pasó cuatro meses en Portugal. En las Bermudas, le predicó el evangelio a una enorme cantidad de personas, como en los demás lugares donde trabajó.

En los países donde predicó armaba su púlpito en los campos, fuera de las ciudades. Por lo que se le dio el título de “príncipe de los predicadores al aire libre”, porque predicaba más o menos diez veces en la semana, esto lo hizo durante un periodo de treinta y cuatro años. Gran parte en el techo construido por Dios: el Cielo.

Repetidas veces Whitefield predicó en los campos, porque las iglesias le cerraron las puertas. A veces ni los hoteles querían aceptarlo como huésped. En Basingstoke fue agredido con palos. En Staffordshire le tiraron terrones. En Moorfield destruyeron la mesa que le servía de púlpito y tiraron contra él la basura de la feria. En Eveshan, las autoridades antes de su sermón lo amenazaron de prisión en caso de que predicara. En Exeter, en cuanto predicaba para diez mil personas, le tiraron piedras de tal forma que pensó que había llegado su hora, como el ensangrentado Esteban de ser inmediatamente llamado a la presencia del Maestro. En otro lugar le tiraron piedras nuevamente hasta que quedó cubierto de sangre.

Como predicador nunca olvidó ni dejó de aplicar a sí mismo las siguientes palabras del doctor Delaney: “Deseo que todas las veces que suba al púlpito, considere esa oportunidad como la última que me es dada para predicar, y la última dada al pueblo de oír”.
Alguien escribió sobre una de sus predicaciones: “Casi nunca predicaba sin llorar y sé que sus lágrimas eran sinceras. Yo lo escuché decir: ‘Ustedes me censuran porque lloro. Pero, ¿cómo puedo contenerme, cuando no lloran por ustedes mismos, a pesar de que sus almas mortales están al borde de la destrucción? No saben si están oyendo el último sermón, o no. ¡O si jamás tendrán otra oportunidad de llegar a Cristo!” A veces lloraba hasta parecer que estaba muerto y le costaba recuperar las fuerzas. Dicen que los corazones de la mayoría de los oyentes eran derretidos por el calor intenso de su Espíritu como plata en el horno del refinador.

Mañana continuaremos viendo la vida de George Whitefield...


Luis Rodas


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