Combatiendo contra el pecado



Al hablar de los sufrimientos del cristiano, hasta ahora hemos estado haciendo principalmente énfasis en necesidades, persecuciones, enfermedades, muertes, soledades y situaciones por el estilo.
Pero otra razón por la que sufren los hijos de Dios es por los aun presentes efectos de la caída de Adán y Eva.

Es una gloriosa verdad que Jesús en la cruz venció al pecado y nos redimió para Dios. Pero aun seguimos en este “cuerpo mortal” (Romanos 6:12) y en esta creación que está esperando la libertad (Romanos 8:19-22).

Este es el “ya, pero todavía no” como algunos teólogos le llaman.
Ya somos salvos, pero aun estamos esperando la redención.
Ya somos justos por la fe, pero aun luchamos con el pecado.
Esto lo podemos ver, por ejemplo, en 1 Pedro 1:3-9

Y bajo este “ya, pero todavía no” es que tenemos una lucha diaria combatiendo contra el pecado: Hebreos 12:1-6
12:1: “nube de testigos”: F.F. Bruce: “No es tanto que ellos nos miren a nosotros sino que nosotros los miramos a ellos, para recibir aliento” (“Comentario de Hebreos”. Pag. 349).

“despojémonos de todo peso”: “Comentario al texto griego del NT”: “Los corredores corrían en el estadio casi desnudos” (A.T. Robertson. Pag. 628).
Cualquier peso alrededor del cuerpo o aun su exceso de peso corporal hace más lento al atleta.
Debemos despojarnos de todo lo que nos puede estorbar para correr esta carrera. Cualquier cosa que descubramos como peso.

“del pecado que nos asedia”: aquí no encontramos un cristiano caminando tranquilo por este mundo.
Sino uno “asediado” por el pecado.
Samuel Pérez Millos explica que esta palabra (“asedia”) habla de algo “fácilmente cerca... estrechamente cerca”  (“Comentario de Hebreos”. Pag. 707).

El cristiano convive día a día con un enemigo implacable e incansable: el pecado. Este lo sigue de cerca en cada momento. Lo asedia.
Su naturaleza humana, su carne, está deseosa de obedecer a ese pecado que la asedia.
Es su alimento y deleite.
Pero el cristiano, nacido de nuevo, ahora tiene una nueva naturaleza: el Espíritu. Y esta nueva naturaleza quiere hacer hacer la voluntad de Dios.
Este es un combate constante, sin tregua, del cristiano: Gálatas 5:16,17

5:17: “estos se oponen entre sí”: A.T. Robertson en su “Comentario al Texto Griego del NT” compara esta frase “se oponen entre sí” como dos ejércitos que “se alinean frente a frente en conflicto” (Pag. 494).

Cada día el cristiano pelea esta batalla. La carne y el Espíritu, “como dos ejércitos se alinean frente a frente en conflicto”.

La carne querrá manifestar sus obras. Gálatas 5:19-21 las describe: “adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas”.

Y el Espíritu querrá manifestar sus frutos. Gálatas 5:22,23 los describe: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”.

Volvemos a Hebreos 12:1-6
12:4: “combatiendo contra el pecado”: Está hablando de la lucha de Jesús en la cruz contra el pecado. Y les dice a los cristianos hebreos que no han llegado hasta ese punto en su combate contra el pecado y ya quieren abandonar.
Y sigue Hebreos 12:5,6

Muchos luego de intentar vencer la tendencia de su carne al pecado y no poder erradicarla, llegan a diferentes conclusiones equivocadas:
- Nadie puede vivir en santidad
- Por más que lo intente nunca lo voy a lograr, entonces ¿para qué intentarlo?
- Ya el Señor me cambiará algún día
- El intentar luchar contra el pecado es querer ganar la salvación por obras
- Mi pecado me domina muchas veces pero la gracia lo cubre todo. Todos pecamos.

Y para colmo siempre el diablo aparece con uno de sus predicadores o libros que calman tu consciencia.

Y si tú te atreves a confrontar su pecado él te llamará “legalista, santurrón. ¿Te crees más santo que yo?”.
Como escribió John Owen: “Alguien que sostiene la idea de que la gracia y la misericordia divinas le permiten pasar por alto sus pecados cotidianos, está muy cerca de convertir la gracia de Dios en un pretexto para pecar, y de ser endurecido por el engaño del pecado” (“La mortificación del pecado”. Pag. 13).

La verdad que es imposible que alguien sea verdaderamente nacido de nuevo si no tiene:
1- Hambre y sed de justicia (Mateo 5:6)
2- Dolor por su pecado. “Bienaventurados los que lloran” (Mateo 5:4).

La persona puede congregarse 20 veces a la semana, conocer la Biblia de memoria, decir que ora 26 horas al día... Pero si su vida no muestra rastros de este combate contra el pecado, es imposible de que esa persona sea genuinamente salva.
Esta es una clara muestra de que el Espíritu Santo vive en esa persona.
Sí o sí, esta clase de combate es inevitable dentro del sufrimiento de los justos.
El verdadero cristiano sufre resistiendo cada día el pecado.
Es una verdad bíblica que mientras estemos en este cuerpo mortal nunca erradicaremos la tendencia de nuestra carne al pecado. Pero el genuino cristiano lucha y sufre eso cada día.
Buscando agradar a Dios, arrepintiéndose, clamando por misericordia, ayuda y más santidad.
De esta manera, viendo su debilidad y a la vez la obra de Dios en él diaria, experimenta más y más al Señor. Conoce a Su Salvador, ayudador, Su misericordia incomparable y la palabra GRACIA en toda su dimensión.

Todo esto Pablo lo describe perfectamente en Romanos 6-8:28

En “esperanza fuimos salvos” (Romanos 8:24), y mientras “gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo” (Romanos 8:23).


Luis Rodas


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