Él, mi único derecho PRIMEROS PENSAMIENTOS DEL DÍA



“Y levantándose ella al instante, les servía” (Lucas 4:39).

NO vivimos en este mundo para lograr toda la comodidad y seguridad posible. ¡Estamos aquí para servir a Cristo!

Mira lo que escribió Mabel Williamson, misionera en China, en 1957:
“EL no tenía ningún derecho.
Sin derecho a una cama blanda y una mesa bien puesta.
Sin derecho a una vivienda propia, a un lugar donde pudiera buscar su propio placer.
Sin derecho a elegir agradables y simpáticos compañeros, con los que hubiera podido entenderse y simpatizar.
Sin derecho a evitar todo lo que huela a suciedad y pecado.
Sin derecho a ser comprendido y apreciado, no, no por aquellos a quien EL había derramado una doble porción de su amor.
Sin derecho, incluso de no ser abandonado por su Padre, el que significaba más que cualquier otra cosa para EL.

Su único derecho fue soportar en silencio la vergüenza, que lo escupieran, golpes, tomar el lugar de un pecador, para llevar mis pecados con angustia en la cruz.

EL no tenía ningún derecho. ¿Y yo?
¿El derecho a las ‘comodidades' de la vida? No, sino un derecho al amor de Dios.
¿El derecho al bienestar físico? No, sino un derecho a la seguridad de estar en Su voluntad.
¿Un derecho al amor y la simpatía de los que me rodean? No, sino un derecho a la amistad de Aquel que me entiende mejor que yo mismo.
¿El derecho a una vivienda, y seres queridos? No, no necesariamente, sino un derecho a habitar en el corazón de Dios.
¿El derecho a mí mismo? No, pero ¡oh, tengo derecho a Cristo!

Todo lo que EL toma (de mí), voy a dar. Todo lo que EL (me) da, voy a tomar.
EL, ¡mi único derecho! EL, el único derecho ante el cual todos los demás derechos se desvanecen en la nada.
Tengo pleno derecho a EL.
¡Oh, que EL pueda tener pleno derecho sobre mí!”


Luis Rodas


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