¿Puede permanecer enfermo un creyente? PRIMEROS PENSAMIENTOS DEL DÍA



“Y sanó a todos los enfermos” (Mateo 8:16).

Pasajes como este son usados como fundamento para enseñar que un cristiano puede disfrutar de total libertad de las enfermedades. El argumento es que Jesús “tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias" en la cruz (Mateo 8:17), por lo que al creer debes rechazar toda enfermedad.

Ante esto podemos ver algunos puntos:
1- Si lo dicho fuera verdad, tendríamos aún entre nosotros, milagrosamente, personas que pasan los años y, al no sufrir ninguna enfermedad, la muerte no les puede tocar.
Es más, habría "personas de fe” que no envejecerían, ya que la vejez es debido a que "las macromoléculas que componen nuestro organismo van acumulando daños que van provocando su pérdida de función”
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2- Muchos de los que en el siglo pasado enseñaron estas cosas murieron de enfermedades terminales.
3- Encontramos en las Escrituras algo diferente (1 Timoteo 5:23; Gálatas 4:13; 2 Timoteo 4:20; 2 Reyes 13:14).

Jesús tenía, y tiene, toda autoridad sobre la enfermedad. No sólo sobre alguna enfermedad específica, sino sobre la enfermedad en sí.
EL venció a la raíz de la enfermedad en este mundo: el pecado.
Al entrar el pecado en este mundo entró también la enfermedad. Si Adán y Eva no hubieran pecado nunca hubiera existido ni la enfermedad ni la muerte.
Por esto Mateo 8:17, luego de relatar esta noche donde todos son sanados, presenta la base de dichos milagros:
“él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias”.

Jesús tiene autoridad sobre este fruto del pecado llamado enfermedad.
Pero, en este “presente siglo malo” (Gálatas 1:4), a veces disfrutamos de la liberación de las consecuencias de la caída del hombre, y otras veces padecemos “las aflicciones del tiempo presente” (Romanos 8:18). Por esto Romanos 8:23 declara que los creyentes “gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo”.
El Señor nunca nos prometió que a partir de su resurrección emprenderíamos una vida ausente de todo sufrimiento.
Por el contrario afirmó: “En el mundo tendréis aflicción” (Juan 16:33).

Pero sí podemos confiar plenamente que si algo sufrimos no es porque nuestra vida esté en manos de Satanás, los demonios, el mundo, los seres humanos o la mala suerte… ¡NO!
Nuestra vida está en las manos de Aquel que:
1- nos prometió un día donde "ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor” (Apocalipsis 21:4). En ese día todas las consecuencias de la caída del hombre finalizarán por completo, y todos los enemigos serán "puestos debajo de sus pies” (1 Corintios 15:25).
2- mientras tanto sólo permite algún sufrimiento si es absolutamente necesario (1 Pedro 3:17; Mateo 10:28-31; Hechos 14:22).


Luis Rodas


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