LOS PRIMEROS AÑOS DE LA IGLESIA La Iglesia en Jerusalén



Los primeros años (La Iglesia en Jerusalén)
Los primeros cristianos en los días en que esperaban la promesa del bautismo del Espíritu Santo en Jerusalén, se reunían en la casa donde vivían al menos los 11 que quedaron luego del suicidio de Judas (Hch. 1:13). Allí oraban con el resto de los discípulos (Hch. 14) y tomaron algunas decisiones (Hch. 1:15-26).
Fue también allí donde descendió el Espíritu Santo sobre ellos en Pentecostés.
Luego de que en Pentecostés descendiera el Espíritu Santo sobre ellos y Pedro diera su primer sermón lleno del Espíritu Santo, se añadieron “como 3000 personas” en un día (Hch. 2:41).

Considerando que el historiador Josefo escribió que en toda Palestina había 6000 fariseos, estos 3000 nuevos conversos sí que eran un buen numero.
En ese momento comenzaron a crearse una especie de comunidades cristianas donde los discípulos vivían juntos y compartían todo lo que tenían (Hch. 2:44,45).

El excelente libro de Craig Keener “Comentario del contexto cultural de la Biblia” nos dice al respecto “Los cristianos primitivos reconocían que Jesús era dueño de ellos y de sus propiedades (comparese Hch. 4:32); vendían las propiedades para satisfacer las necesidades conforme iban surgiendo (Hch. 4:34, 35) y abrían sus hogares como lugares de reunión para sus amigos cristianos (Hch. 2:46). Estas acciones no reflejan un ideal ascético,  como en algunas sectas griegas y judías, sino más bien la practica de valorar, de manera radical, a las personas por encima de sus posesiones. Tal comportamiento continuó, según se informa, entre los cristianos del siglo II, y fue muy ridiculizado por los paganos hasta que los valores paganos finalmente inundaron la Iglesia” (Pag. 327,328).
Todos los que se convertían al Señor vendían todo lo que tenían y lo entregaban a los apóstoles para que estos lo distribuyeran equitativamente (Hch. 4:32,34,35).
No era entregado a los apóstoles para la prosperidad de estos, ni bajo una especie de promesa que al hacer esto serían grandemente prosperados porque estaban sembrando en siervos de Dios. NO.
Esto era hecho con el fin de renunciarlo todo y de compartir, como una familia en el Señor, todo. Y daba como resultado que “no había entre ellos ningún necesitado” (Hch. 4:34)
En esa época no existían los cargos de pastor, evangelista, misionero   y diácono. Ni tampoco se mencionan los de maestro y profeta hasta el capítulo 13 donde Pablo y Bernabé son comisionados a llevar la Palabra a otros lugares.

En los primeros años de la Iglesia lo único que existía eran los apóstoles y los discípulos.
Pero en Hechos 6 nos encontramos con que el numero de discípulos crecía tanto que le era imposible a los 12 (Matías, elegido en el capítulo 1 de Hechos en lugar de Judas, incluido) servir las mesas y poder atender a las necesidades de la comunidad cristiana.
En ese momento se designan por primera vez siete ayudantes. Muchos ven a estos como los primeros diáconos, pero también es posible que aquí se hayan elegido los primeros ancianos que luego Hechos 15:6-29 toman decisiones junto con los apóstoles.

En estos primeros años realizaban cultos privados en sus mismas casas y asistían a las reuniones de oración en el templo de Jerusalén (Hch. 2:46; 3:1; 5:42).  Y guardaban costumbres y practicas puramente judías, ya que el 100% de ellos eran o judíos naturales o prosélitos (gentiles convertidos al judaísmo). Como ya dijimos asistían al templo de Jerusalén todos los días (Hch. 2:46), ayunaban, leían la Septuaginta (traducción del Antiguo Testamento en griego), y muchos seguían circuncidando a sus hijos y guardando la ley de Moisés.
Podemos ver por la Palabra que sus practicas eran la adoración y oración en el templo siguiendo un patrón absolutamente judío, enseñanza de los apóstoles de lo que Jesús les había enseñado y lo que habían visto en él, compañerismo. partimiento del pan y bautismo.


Luis Rodas


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