Ama a otros, sé radical CULTIVANDO UN CARÁCTER PIADOSO



“El amor no se envanece” (1 Corintios 13:4)

La palabra griega original aquí es “fusióo” (“envanece”). Esta se refiere a “inflarse, darse a sí mismo aires, buscando atención, procurando impresionar a otros” (Anthony Thiselton - “The First Epistle to the Corinthians”).

Una explicación sencilla de porqué este versículo nos habla de la incompatibilidad entre el amor y el envanecerse, es que el hecho de a quien estamos amando más, CAMBIA EL ENFOQUE DE TODA NUESTRA VIDA.
Si estoy dedicado al amor propio, viviré para conseguir nuevas dosis de alabanzas de otros para sentirme bien. Constante e insaciablemente.
Si estoy dedicado al amar a otros, todo lo voy a ver como un medio para hacer bien a otros.
¡Este es un contraste radical en una vida!

Por eso este versículo nos enseña que “el amor no se envanece”. Cada uno de nosotros, o busca ganar alabanzas o busca el bien de otros.
O lo uno o lo otro. Son dos búsquedas opuestas.

El envanecernos, el jactarnos, el hacer alarde, el buscar mostrarle nuestra virtudes a otros, busca ganar la atención y alabanza de otros.
El amor a otros vence esto, se sobrepone a este deseo hambriento, quita de en medio esta búsqueda insensata e insaciable, y se dedica a buscar el bien de otros.
Y esto, como decíamos, es muy decisivo… radicalmente decisivo, para nuestro día a día.

Una forma sencilla de detectarlo:
Jesús dijo que ciertos religiosos judíos “hacían todas sus obras para ser vistos por los hombres” (Mateo 23:5).
Una persona centrada en su amor propio hace el bien solamente cuando ese hecho la va a llevar a ganar alabanzas de otros.
Una persona centrada en el amor a otros hace el bien sin importarle en absoluto si otros lo ven, se lo reconocen o agradecen. ¿Por qué? Porque, con toda sinceridad, su recompensa es que el otro reciba ese bien.

Para examinarnos:
- Cuando haces algo en la congregación y no te lo agradecen, ¿te enojas?
Si te enojas es porque buscas aprobación.
- Si eres pastor, ¿te sientes que no valoran tu trabajo?
El ministerio no es para ganar valoración de otros. El ministerio es para “provecho”, “beneficio”, de otros (1 Corintios 12:7; Filipenses 1:22).
- ¿Cuando se trata de alguna tarea muy visible te esfuerzas, y cuando se trata de algo que nadie va a ver lo haces descuidadamente o tal vez ni lo haces?
- ¿Ni sabes quienes en la Iglesia están pasando por situaciones difíciles?
El amor propio nos lleva a asistir a una reunión de domingo sólo pensando: “me hace bien”.
El amor a otros nos impulsa a esa vida donde “los miembros todos se preocupan los unos por los otros” (1 Corintios 12:25).
- El amor hace que una mujer dedique 10, 15, 20 años de su vida a esa tarea que nadie aplaude: la formación piadosa de sus hijos.
¿Lo haces llena de amor y fidelidad?. O tienes OTRAS prioridades.

Enfoquemos nuestra vida en este cambio radical, de raíz: amemos a otros.


Luis Rodas


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