12 La llenura del Espíritu Santo - Serie: CÓMO SALIR DE LA TIBIEZA



Puedes leer los artículos anteriores de esta serie en los siguientes enlaces:
1- Una catástrofe llamada tibieza
2- Cómo se llega a la tibieza
3- Una necesidad con diligencia del verdadero creyente
4- Un huerto descuidado
5- Una plaga mundial llamada descuido
6- Nuestra gran necesidad
7- Necesitamos a Sofonías
8- Jesús y el Espíritu Santo
9- Jesús no confía en ti
10- Misiones conforme a la capacidad de Dios
11- La obra del Espíritu Santo es insustituible

Cuando hablamos de la necesidad del Espíritu Santo que tenemos como Iglesia en general hoy en día, ¿a qué nos estamos refiriendo?
En todo creyente verdadero mora el Espíritu Santo desde el mismo momento de su nuevo nacimiento en Cristo. Romanos 8:9 afirma: “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”. El creyente es “templo del Espíritu Santo” (1 Corintios 3:16) desde el mismo momento en que experimenta lo que la Palabra denomina como “regeneración” (Tito 3:5). Esta, como explica Millard Erickson, “es la transformación milagrosa del individuo y la implantación de energía espiritual… Es un suceso sobrenatural, y es el Espíritu Santo el que lo produce” (“Teología Sistemática”).

Toda Iglesia bíblica cree en esto que acabamos de decir. El desacuerdo comienza cuando hablamos del bautismo del Espíritu Santo. Básicamente encontramos dos posturas:
a- el bautismo del Espíritu Santo sucede en el creyente en el mismo momento en que nace de nuevo. Allí él es insertado en el cuerpo de Cristo y el Espíritu de Dios comienza a habitar en él. Lo que debe buscar el creyente cada día es ser lleno del Espíritu Santo.
b- el bautismo del Espíritu Santo es una obra de gracia que puede suceder en la misma conversión de la persona o no. Y en el caso de que el creyente no haya experimentado este bautismo aún debe procurarlo. Y una vez experimentado, luego debe buscar continuamente en su caminar en Cristo ser lleno del Espíritu Santo.

Como podemos ver, en los dos casos, se coincide en que el creyente necesita al Espíritu Santo en su caminar. Y aunque uno cree que no debe buscar el bautismo del Espíritu Santo, y el otro sí, los dos coinciden en que necesitan la llenura continua del Espíritu de Dios. Los dos reconocen y expresan su necesidad y dependencia de la obra del Espíritu Santo en sus vidas de forma diaria, y en sus congregaciones.
Debido a esto, creemos que pueden ser muy útiles las palabras de J.I. Packer en el “Nuevo Diccionario de Teología” cuando define como “muy deseable” la actividad del Espíritu Santo que vemos en la Iglesia del primer siglo, y agrega: “la Iglesia de la actualidad se encuentra débil por falta de ella. Es apropiado pedirle a Dios que nos la dé, cualquiera que sea el nombre que le demos, cualquiera la teología por medio de la cual la describamos” (Pag. 125).  
O como expresó Gordon Fee: “La experiencia del siempre presente Espíritu puede avivarse. Lo importante no debería ser la terminología o los ajustes teológicos, sino la constante renovación para que podamos ser verdaderamente el pueblo del Espíritu en nuestro mundo actual” (“Pablo, el Espíritu y el Pueblo de Dios”).

CUIDADO
A este respecto, Wayne Grudem, en su libro de “Teología Sistemática” nos deja grandes lecciones: “Muchos ejemplos del Antiguo y Nuevo Testamentos indican que el Espíritu Santo otorgará o retendrá bendiciones según vea si la situación que contempla le agrada o no…
En el Antiguo Testamento el Espíritu Santo vino con poder sobre Sansón varias veces (Jueces 13:25; 14:6, 19; 15:14), pero al final lo dejó cuando este persistió en el pecado (Jueces 16:20). De igual manera, cuando Saúl persistió en la desobediencia el Espíritu Santo se apartó de él (1 Samuel 16:14). Y cuando el pueblo de Israel se rebeló contra Dios y entristeció al Espíritu Santo, éste se volvió contra ellos (Isaías 63:10).
También en el Nuevo Testamento el Espíritu Santo puede entristecerse y dejar de derramar bendiciones. Esteban reprendió a los líderes judíos, diciendo: ‘iSiempre resisten al Espíritu Santo!’ (Hechos 7:51). Pablo advierte a la iglesia efesia: ‘No agravien al Espíritu Santo de Dios, con el cual fueron sellados para el día de la redención’ (Efesios 4:30), y exhorta a la iglesia tesalonicense: ‘No apaguen el Espíritu’ (1 Tesalonicenses 5: 19). En ese mismo sentido, Pablo advierte seriamente a los cristianos que no contaminen sus cuerpos juntándose con las prostitutas porque el Espíritu Santo mora dentro de sus cuerpos: ‘¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios’ (1 Corintios 6:19-20).
Aun más serio que entristecer o apagar al Espíritu Santo es esa forma de desobediencia profunda y endurecida que lleva a un juicio severo. Cuando Pedro reprendió a Ananías: ‘¿Cómo es posible que Satanás haya llenado tu corazón para que le mintieras al Espíritu Santo y te quedaras con parte del dinero que recibiste por el terreno?’ (Hechos 5:3), Ananías cayó muerto. Del mismo modo, cuando Pedro le habló a Safira, la esposa de Ananías: ‘¿Por qué se pusieron de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? ¡Mira! Los que sepultaron a tu esposo acaban de regresar y ahora te llevarán a ti’ (Hechos 5:9), ella también cayó muerta inmediatamente…
Todos estos pasajes indican que debemos ser muy cuidadosos en no entristecer u ofender al Espíritu Santo. Él no va a forzar su presencia en nosotros en contra de nuestra voluntad (1 Corintios 14:32), pero si le resistimos, le apagamos o nos oponemos a él, se apartará de nosotros y retirará mucha de la bendición de Dios en nuestra vida.
Por otro lado, el Espíritu estará presente en la vida de los cristianos que se esfuerzan por agradarle y traerá grandes bendiciones…
Por tanto, es importante que todo nuestro ministerio se ejerza en el Espíritu Santo, es decir, que vivamos conscientemente en la atmósfera piadosa creada por el Espíritu Santo, una atmósfera de poder, amor, gozo, verdad, santidad, justicia y paz. Pero mayor que estas características de la atmósfera creada por el Espíritu Santo es el sentido de la presencia del Espíritu mismo. Estar en el Espíritu Santo es estar realmente en la atmósfera de la presencia manifiesta de Dios”.

Como escribió John MacArthur: “Ser llenos con el Espíritu es una experiencia que debe ser continua.
Aunque lleno inicialmente el día de Pentecostés, Pedro fue lleno otra vez en Hecho 4:8. Muchas de las mismas personas llenas con el Espíritu en Hechos 2, de nuevo fueron llenas en Hechos 4:31. Hechos 6:5 describe a Esteban como un ‘varón lleno de fe y del Espíritu Santo’, pero Hechos 7:55 registra otra vez su llenura. Pablo estuvo lleno con el Espíritu en Hechos 9:17 y de nuevo en Hechos 13:9… A los creyentes se les ordena estar llenos con el Espíritu en Efesios 5:18. La construcción gramatical de ese pasaje indica que los creyentes deben estar continuamente llenos con el Espíritu” (“Comentario de Hechos”).

Continuamos en la treceava parte de esta serie…


Luis Rodas


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