Razones para alejarnos de la inmoralidad sexual 3ª parte


"¿Podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer el mal?” (Jeremías 13:23).

 ¡Vaya afirmación rotunda!
La práctica continua forma hábitos, y estos determinan cómo vivimos.
 Un hábito es cualquier comportamiento repetido regularmente que manifestamos sin necesidad de pensarlo. Lo hemos aprendido y se ha hecho nuestra forma de reaccionar a determinado estímulo.
Por ejemplo: una persona dice que se enoja mucho cuando alguien le hace una broma.
 Por lo tanto cada vez que se le hace una broma, se pone furioso y se va.
 Esto es algo que se ha ido formando en la persona y ya no debe pensar mucho para repetirlo cada vez. Lo tiene tan incorporado que al instante, sin pensarlo, esta persona al ser el protagonista en una broma, se enojará y se irá.
El ha formado un hábito en su conducta.
 ¿Cómo se conduce en determinada situación? Conforme a su hábito, a como habitualmente reacciona.
 Por lo que podemos decir que la conducta de una persona está llena de hábitos. Algunos buenos y otros malos.

 En su segunda epístola, Pedro está hablando de ciertas personas que afectaban a las Iglesias, y los describe así: "tienen el corazón habituado a la codicia" (2 Pedro 2:14).

“habituado” (“gumnázo”): de éste vocablo deriva nuestra palabra “gimnasio”.
 Estas personas tenían un hábito ejercitado de codiciar. No era una actitud aislada. Era una práctica que a través del ejercicio continuo se había arraigado.
 Un mal hábito de codiciar lo que no tenían.
Los hábitos siempre se forman a través de la repetición de algo que hacemos.
 Como muy bien escribió Jerry Bridges: “Nos convertimos en aquello que hacemos” (“The Practice of Godliness”).

 ¡Eso es lo decisivo en lo que hacemos!
 Si actuamos mal suceden 3 cosas:
Desagradamos a Dios
Podemos tener consecuencias desagradables
Nuestras malas acciones rápidamente se convierten en hábitos

Hace poco leía a alguien que decía:
“Si los jóvenes se dieran cuenta cuán pronto se convertirán en simples fardos de hábitos, se preocuparían más por su conducta en sus años formativos. Con nuestra conducta estamos tejiendo lo que siempre nos acompañará (para bien o para mal). Toda acción, toda virtud o todo vicio, por más pequeño que sea, deja su pequeña huella” (citado por R. Kent Hughes en “Disciplines of a Godly Man").

¡Y esto es una gran verdad! Los que ya somos adultos, ¿con cuantos hábitos luchamos simplemente porque en su momento fuimos descuidados y le permitimos anidar a las malas acciones?
 Si volviéramos el tiempo para atrás, a cuantas de esas malas acciones le diríamos que no en el comienzo, y nos evitaríamos el luego luchar con esos hábitos de por vida.
 Eso que miramos y no deberíamos haber mirado. Ese click en la computadora que nunca tendría que haber sido hecho. Esa libertad para gritar o contestar mal que debería haber sido refrenado y prontamente se volvió una costumbre que nos marcó.

 En su momento le permitimos entrar y rápidamente se formo un hábito, un pensamiento anidado, una debilidad terca que no se quiere ir.
 Como dice el viejo dicho: “siembra una acción y cosecharás un hábito”.

GOBIERNA TUS HÁBITOS
 Nuestros hábitos deben ser dirigidos, gobernados.
 Esto nos enseña:
1 Timoteo 4:7 "Ejercítate para la piedad".
 Aquí aprendemos que debemos prestar atención a nuestros hábitos, trabajar en ellos y transformarlos en piadosos.

 La palabra en este versículo es la misma (“gumnázo”), que ya leímos en 2 Pedro 2:14 (traducida como “habituado”).
 Aquí el apóstol Pablo nos insta a “ejercitarnos para la piedad”.
De la misma manera que una persona se entrena en un gimnasio de forma esforzada y constante, así nosotros debemos hacerlo para formar hábitos piadosos.

Con lo que hacemos estamos formando continuamente hábitos. ¡Cuidado!


Luis Rodas


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