¿Quién se atrevería a asesinar a un niño con síndrome de Down?


La respuesta al título de este artículo puede ser obvia: sólo un despiadado psicópata. Y hasta la sola pregunta puede ponernos realmente incómodos. Ya que al pensarlo uno se imagina la bestialidad de aquel que ataca a un niño.

Pero esto nos trae una segunda pregunta: ¿Qué diferencia hay si se lo asesina cuando todavía está en la panza de su madre?

En España únicamente nacen el 10% de los bebés a los que se les diagnostica Síndrome de Down durante la gestación de la mamá, ya que son muchas las mujeres que deciden no continuar con el embarazo cuando el médico les dice que su bebé nacerá con esta trisonomía del par 21 (según este artículo en “Ser Padres”).
Sí, has leído bien. El 90% de los niños con síndrome de Down es abortado en España (según “Actuall”).

Como explica “Actuall”, “los estudios que se realizan durante el periodo gestacional están fomentando una especie de ‘limpieza racial’ que tiene como consecuencia que en España se haya disparado el número de abortos de niños con anomalías cromosómicas. Según asegura el ginecólogo Esteban Rodríguez, nueve de cada diez niños que son diagnosticados síndrome de Down antes de las 22 semanas acaban muriendo mediante un aborto intencionado”.

La idea de la complejidad que puede acompañar a la vida de un niño con Síndrome de Down cada uno la evaluará. Hace poco fue noticia el caso de una familia en Texas, Estados Unidos, que celebró alegremente el nacimiento de Amadeus (puedes verlo AQUÍ).
Pero, lo que no cabe duda es que el asesinato no es la mejor opción.

Tal vez diga alguien: “Debe haber libertad para elegir al respecto. Cada familia debe decidir”.
Bien, ¿qué diríamos ante la noticia de que ciertos padres asesinaron a su hijo de 6 años?
¿Diríamos que esos padres tenían la libertad de elegir si era mejor que ese hijo viviera o no?
No, ¿verdad?
Bueno, ¿cuál es la diferencia?
¿Que ese niño asesinado en la panza no llegamos a verlo?
¿Ojos que no ven, corazón que no siente?

Jesús dijo que todos los mandamientos se resumen en primeramente amar a Dios, y luego amar al prójimo (Mateo 22:34-40). 
¿Será nuestro prójimo ese niño con síndrome de Down que llega a nuestra familia?  
¿Qué piensas?

Como seres humanos aprendemos en el caminar de este mundo a esconder quienes realmente somos. Pero, si no podemos amar a nuestro propio hijo con todo el corazón más allá de lo difícil que puedan ser las circunstancias que lo rodean, ¿acaso nos importará alguien fuera de nuestras propias narices?
En los parámetros de Dios, este acto de egocentrismo atroz es asesinato, y es merecedor de la pena máxima (Exodo 21:22-25; Génesis 9:6).
Luego, nuestra sociedad que penaliza la corrección a un niño que ya ha nacido, pero da vía libre a quien lo quiere matar antes de nacer, podrá decir lo que mejor le parezca. 

La Biblia lo presenta claramente como parte de las terribles consecuencias de declararnos autosuficientes, y rechazar a Dios (Romanos 1:18-32).


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