19 Apenas una puesta en escena - Serie: Cómo se vería una iglesia con gente lejos de Dios



Los escribas y fariseos usaban la religión para subir en la estima, consideración, respeto de los demás. Y para esto, como explicó Jesús, aún estaban dispuestos a dar de su propio dinero (Mateo 6:1-4).

Exactamente lo mismo va a repetir Jesús con otra de las prácticas fundamentales de la religión de su época: la oración.
Mateo 6:5,6 “Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.
Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”.

Estos escribas y fariseos en su afán de ganar el respeto de las personas hacían floridas oraciones llenas de palabrería. Y así sus oraciones terminaban siendo oraciones inútiles, vacías. Como las que podía hacer un pagano.
Mateo 6:7 “Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.
No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis”.

Se fabricaban oraciones con repeticiones con grandes palabras de alabanza que en realidad no creían ni vivían.
Como aquel fariseo que dice Jesús en Lucas 18:11 que “oraba consigo mismo”.
Es sorprendente cómo nos gusta escuchar nuestra voz y disfrutar nuestra supuesta espiritualidad.

Hoy lo más similar a esto que podemos hacer es el tiempo de música en la Iglesia, donde repetimos un montón de frases de alabanza y adoración.
Por supuesto esto puede ser muy bueno. Puede ser una expresión de alabanza y adoración hacia Dios.
El problema es si cantamos cosas que en realidad no pensamos ni sentimos. Estaríamos haciendo “vanas repeticiones” cada domingo. “Palabrería”.

El problema es si pensamos que por la simple repetición de palabras como: “Maravilloso Dios, no hay nadie como tú”. “Eres digno de todo mi Jesús”; ya Dios nos va a bendecir. Como si EL fuera una especie de maquina de que espera la moneda correcta.

Es impresionante pensarlo, pero, según lo que acabamos de leer, si no vivimos lo que cantamos, Dios lo ve como simple “palabrería”, “vanas repeticiones”.

No se trata sólo de qué hacemos, sino también de porqué lo hacemos.
Cuando una persona está lejos de Dios pero asiste regularmente a una congregación, ha sacado su mirada de Dios y ahora continúa su religión como una práctica totalmente humana. La Iglesia se transforma apenas en un grupo social humano.

Jesús dice en:
Mateo 6:1 “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos por ellos”.
Aquí nuestro Señor nos dice: "Guardaos".
Reflexionemos. Nos está diciendo: "¡Cuídense de esto!"
Imagínense estar desarrollando un montón de prácticas religiosas, congregarnos, cantar canciones de alabanza, orar, predicar, escuchar la Palabra, ofrendar, tener reuniones de discipulado, enseñar a niños, etc, etc, etc… y todo supuestamente para Dios. Pero que Dios, que ve lo secreto de nuestro corazón, diga: “Hace mucho tiempo que su relación conmigo quedó en el camino. Cantan canciones que no creen, predican cosas que no viven, se entusiasman más con aprender detalles curiosos, competir de quien sabe más, encontrarle el error al otro para sentirse superiores, se concentran en quien tiene el rol más visible en la Iglesia, no quieren que nadie se entere de sus errores pero les da lo mismo si yo los veo, son muy ‘espirituales' en la reunión del domingo y un mundano más en sus trabajos, si pudieran me usarían a mí para que yo los haga tan famosos como el pastor que admiran, aman más sus voces o dones musicales en la alabanza que mí, recorren cielo, mar y tierra para hacer contactos que ayuden a que sus ministerios sean más grandes… Todo es una gran farsa… una puesta en escena”…

¿Te imaginas algo como eso?


Luis Rodas


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