20 Adictos a lo que piensan los demás - Serie: Cómo se vería una iglesia con gente lejos de Dios



Como ya vimos en los dos anteriores artículos, los escribas y fariseos usaban la religión para subir en la estima, consideración, respeto de los demás. Y para esto, Jesús explica que aún estaban dispuestos a dar de su propio dinero (Mateo 6:1-4) y orar (Mateo 6:5-7).

Y aún podían dejar de comer para conseguir el respeto y buena consideración de otros:
Mateo 6:16 “Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas (“no pongan cara triste como hacen los hipócritas” traduce la NVI); porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa”.

Ellos ayunaban para ser vistos por los demás y ganar respeto, reputación. La misma razón por la que desarrollaban las otras prácticas religiosas: sus ofrendas y la oración.
Y Jesús va a explicar que también en esto sus seguidores deben tener “una justicia mayor que la de los escribas y fariseos” (Mateo 5:20).
Mateo 6:17,18 “Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro,
para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”.

Nuevamente, la persona que asiste a una congregación pero está lejos de Dios busca que los demás lo vean. La persona que genuinamente camina con Dios busca adorar a Dios con su vida. Y Dios hace que su vida en lo secreto tenga un efecto en lo público. Así su vida es sal y luz en otros.
“tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”.

Algo tristemente común es encontrar personas a quienes un día les hablaron de Cristo y comenzaron poniendo su mirada en Dios. Buscando en EL la fuente de absolutamente todas sus necesidades. Toda su necesidad de afecto, seguridad, esperanza, metas, consuelo, ayuda, fuerza…. Empezaron esperando todo de EL y lo experimentaban a cada paso. Y ahora querían vivir para EL.
Pero, al pasar el tiempo, por diferentes razones fueron bajando su mirada, y todo se volvió algo puramente humano, vacío, seco, una religión humana más.
¡Lo que necesitamos es volver a EL!
Primeramente, como dice Jesús, “entrar en nuestro aposento, y cerrada la puerta, orar a nuestro Padre que está en secreto”.

Pero no sólo eso.
Necesitamos examinarnos. Colosenses 2:10, hablando de Cristo, nos dice: “vosotros estáis completos en él”.
Si eso es verdad, ¿por qué salimos a buscar en personas o cosas lo que sólo en EL alguna vez encontramos, y ahora deberíamos estar disfrutando?
Cuantas relaciones se enferman porque hemos salido a mendigar lo que sólo en la Persona de Dios podemos encontrar.
El rey David dice en cierto momento de su vida: “no hay como tú, ni hay Dios fuera de ti” (2 Samuel 7:22).
Buscamos amor en tantos lados, que nos valoren, que nos hagan sentir que lo que hacemos alguien lo ve, buscamos satisfacción en tantos lados, buscamos seguridad para nuestro futuro, buscamos amistad, compañerismo, apoyo, propósito, razón para vivir, paz… Buscamos y buscamos… acá y allá…
Y David dice: “no hay como tú, ni hay Dios fuera de ti”.
Lo que está diciendo, entre otras cosas, es: “todo lo que mi vida necesita no hay otro ser que me lo pueda dar como tú”. “No hay como tú, ni hay Dios fuera de ti”.
“Tú eres la fuente de mi vida”.
¿Para qué voy a buscar en otro lugar?

Lamentablemente somos capaces aún de construir ministerios para conseguir la aprobación de otros.  Y nos volvemos adictos a lo que piensan los demás. Una crítica es el fin del mundo, y la ingratitud de algunos puede abatirnos hasta el polvo. Pero cuando levantamos nuestra mirada a Dios y sólo nos importa cómo nos ve EL, siempre vamos a encontrar la mirada más perfecta de amor. EL nos da todos los recursos para glorificarle, y luego recompensa y recompensará cosas que ni aún nos acordamos que vivimos. Eso es lo que hacía que Pablo, aún estando preso, bajo el odio de casi todo el imperio romano pueda sobreponerse, y decir:
“Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (1 Timoteo 1:12).
Y a Jesús lo querían hacer rey y se iba (Juan 6:15), lo querían apedrear y permanecía inmutable. Tenía su identidad y servicio en otro lugar. La audiencia delante de la cual vivía cada día era Su Padre.
Ahhh… sin duda “no hay como tú, ni hay Dios fuera de ti”.

Cuando EL es verdaderamente nuestro Dios, todo lo que hacemos lo hacemos para el amor de nuestra vida. Cuando nos hemos alejado de EL, ponemos nuestra mirada en las personas y las cosas. Y lo único que nos queda es una religión humana engañosa, seca, vacía…


Luis Rodas


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