32 Apenas de acuerdo - Serie: Cómo se vería una iglesia con gente lejos de Dios



Dentro de congregaciones pueden haber personas que imaginan que se están relacionando con Dios, pero en realidad se están engañando a sí mismas. No han nacido de nuevo, no han sido salvadas genuinamente en Cristo. Tienen una religión humana que practican por diversas razones, pero, como Jesús alguna vez dijo a ciertos escribas y fariseos: “de labios honran a Dios, pero su corazón está lejos de EL” (Mateo 15:8). Y tristemente están confiando que por no negar la existencia de Dios y asistir a una Iglesia ya son salvos.

Por eso Jesús dos confesiones:
Mateo 7:21 “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”.

Cuando la Iglesia se reúne adoramos a Dios y confesamos que Jesús es el Señor. Aquí Jesús está mostrándonos dos clases de confesiones. Las dos confesiones dicen lo mismo: “Señor, Señor”. Pero unos confiesan “Señor, Señor” y hacen la voluntad de Dios, y otros confiesan “Señor, Señor” y NO hacen la voluntad de Dios.
Por eso Jesús dice:
“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”.
¿Lo ves?
En Mateo 5:20 había dicho: “Os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, NO ENTRARÉIS EN EL REINO DE LOS CIELOS”.
Dio detalles claros de esa “justicia mayor” a la que se refiere por 3 capítulos. Y para finalizar su sermón enfatiza que no nos engañemos. Si no estamos practicando esa “justicia mayor” de la que estuvo hablando estamos caminando por un camino espacioso, fácil, cómodo, pero que nos lleva a la perdición. Que si no estamos practicando esa “justicia mayor” de la que estuvo hablando somos como un árbol malo que da mal fruto que será “cortado y echado en el fuego”.
Que si no estamos practicando esa “justicia mayor” de la que estuvo hablando somos como personas que se engañan a sí mismos practicando una religión vana, vacía, que está de acuerdo con lo correcto, pero luego vive en desobediencia a Dios. Y advierte: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”.
Y otra vez, en el primer ejemplo, ¿cuantos caminaban por el camino espacioso?
“ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y MUCHOS son los que entran por ella” (7:13).
Y ahora Jesús vuelve a hablar que son MUCHOS los que se engañan a sí mismos con una piedad falsa:
Mateo 7:22,23 “MUCHOS me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”.

Tuvieron actividades religiosas, y hasta estaban de acuerdo con la doctrina del señorío de Cristo. Le decían “Señor, Señor” a Jesús. Pero Jesús dice que les dirá: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”.
¿Por qué?
En el versículo 21 afirma:
“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”.
Y ahora en el versículo 23:
“Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”.
“Hacedores de maldad”.

El problema no era que negaron la existencia de Dios, el problema no era que no asistieran a un congregación cristiana, el problema no era que estuvieran equivocados en la doctrina.
El problema era que su forma de vida reflejaba que apenas tenían una religión engañosa y no habían sido salvados de verdad en Cristo. No dice: “Nunca me conocieron”. Dice “Nunca os conocí”. Aquí Jesús se refiere a exactamente lo mismo que menciona Pablo en Romanos 8:29:
“a los que antes conoció”. Está hablando de aquellos que Dios conoció de antemano para salvación.

Estas personas tenían actividades religiosas pero no habían nacido de nuevo. No fueron salvados en Cristo.
Por lo que sus vidas seguían como siempre. Sus vidas mostraban que no hubo cambio en su interior. Por lo que claramente no habían sido salvados en Cristo.
¿Se podía ver eso en la vida de estas personas?
Sí. No estaban haciendo la voluntad de Dios en sus vidas.

La salvación es exclusivamente a través del arrepentimiento del pecado y la fe en Cristo como suficiente Salvador ante Dios. Jesús pagó toda la condenación que nuestro pecado merecía. Si estás arrepentido de una vida de rebelión contra Dios y crees en Jesús como quien pagó la culpa de esa rebelión, eres salvo.
Pero, ¿cómo puedo decir que estoy arrepentido de mi rebelión contra Dios y seguir viviendo igual que antes?

Ese es el milagro del nuevo nacimiento que hablamos en la sexta parte de esta serie de predicaciones.
Por la gracia de Dios los que están en Cristo ahora quieren agradarle de todo corazón. ¡Ese es un milagro!
No se trata de sólo estar de acuerdo con unas cuantas doctrinas cristianas. El cristianismo es una milagro de Dios en la persona que produce un notorio cambio de dirección.

Lamentablemente algunos han reducido el cristianismo a un “creemos en estas cosas”, y el que esté de acuerdo ya es cristiano de sana doctrina. Ya no se trata de cómo vive un cristiano, sino de qué afirma creer un cristiano. Si tiene el listado de doctrinas correctas no sólo es un cristiano, sino que es uno del alto nivel, ortodoxo, bíblico, del evangelio puro. ¿Por qué? Porque está de acuerdo con las doctrinas correctas. Porque, como dijo Paris Reidhead, pudo decir “aja… aja” en cuatro o cinco preguntas. Y si él supo donde decir “aja” alguien le dará la mano y le dirá: “Tú, no sólo eres mi hermano, sino que eres mi hermano de sana doctrina”. Y si él no sólo dice “aja”… sino que publica por internet esas cuatro o cinco cosas y pelea intensamente con otros que no afirman lo mismo, ya no sólo es un hermano del evangelio puro, sino que es un defensor del evangelio puro, columna y baluarte de la verdad.
El fruto de lo que creemos no parece ser importante. Sólo parece importante lo que afirmamos creer, y si nos hacemos famosos por afirmarlo, nadie, nadie, se preguntará sobre nuestro carácter. “Si somos famosos por algo será”.
¡Si pensáramos en una descripción de los escribas y fariseos costaría trabajo encontrar una descripción más exacta de ellos!

Mientras que Jesús, justamente confrontando todo esto, explica que el asentimiento a una declaración de fe, por más perfecta que sea, no es una señal suficiente de salvación. Jesús pregunta: “¿Se ve esta fe en la vida de esa persona?”. “Esa persona afirma creer en estas cosas. Pero debido a estas cosas que dice creer ¿cambió la dirección de su vida?”.
Si una persona sigue el camino espacioso le espera “la perdición” (7:13), si alguien “no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego” (7:19), si se trata de un ministro pero da mal fruto es considerado por Jesús un “falso profeta” (7:15), si alguien le dice a Jesús “Señor, Señor” pero no hace la voluntad de Dios, “no entrará en el reino de los cielos” (7:21).


Luis Rodas


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