33 El final será terrible - Serie: Cómo se vería una iglesia con gente lejos de Dios



Mateo 7:24,25 “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca”.

Este edificador “edificó su casa sobre la roca”. Y por el cimiento tan sólido, "cuando descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; no cayó, porque estaba fundada sobre la roca”.
¿Qué está simbolizando este edificador?
Jesús dijo en el versículo 24:
“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, Y LAS HACE, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca”.
Jesús le estaba hablando a todos aquellos que habían escuchado su sermón. “Ustedes oyeron estas palabras. Todos. La diferencia la va a hacer si la ponen en práctica o no. Los que las practican son aquellos ‘bienaventurados’ de los que les hablé al principio. Sal y luz de este mundo”.

Lamentablemente mucha gente imagina que si asiste a una congregación cristiana y canta, ora y oye la Palabra, ya está. Otros imaginan que si están de acuerdo con las doctrinas correctas, ya son grandes cristianos.
Jesús dice: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, Y LAS HACE, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca”.
Cuando venga la prueba, la casa no caerá.
¿Cuál es esa prueba en el contexto del que estuvo hablando el Señor?
En el contexto Jesús no estaba hablando acerca de las dificultades del creyente.
La prueba contra esa casa es el juicio de Dios.
Esa persona que oyó la Palabra de Dios, y la hizo, la obedeció en su vida, esa persona será la que entre en el reino de los cielos.
Cuando venga la prueba del juicio de Dios, su casa permanecerá. Entrará en el reino de los cielos como aquel que camina en el camino estrecho, aquel árbol que da buen fruto y el que dice “Señor, Señor” y hace la voluntad de Dios. El fruto de su vida demuestra el fruto de la salvación (Santiago 2:14-26).

Pero, ¿qué pasa con aquel que oye la Palabra de Dios pero no la obedece en su vida?
Jesús agrega:
Mateo 7:26,27 “Pero cualquiera que me oye estas palabras Y NO LAS HACE, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina”.
El primero fue un edificador “prudente” y su casa sobre la roca permaneció firme.
El segundo fue un edificador “insensato” y su casa “cayó”, “y fue grande su ruina”.

¡Absolutamente terrible!
El gran peligro es a banalizar la gracia. Banalizar, con “b”, es volver algo superficial, trivializarlo, atontar algo.
En este banalizar la gracia es como si dentro del grupo general de creyentes que van camino al reino de los cielos, hubiera dos grupos internos:
1-los más dedicados
2-los que viven con las mismas metas, deleites, búsquedas y pecados que el mundo, pero igual creen en Jesús
Y los dos grupos van al cielo. ¿Por qué? Porque es por gracia. Un regalo, no por obras.
Y es verdad, la salvación no es por obras. Pero sí produce obras (Efesios 2:10). El milagro de la salvación de Dios en una persona no sólo perdona sus pecados, sino produce un cambio tan profundo que ahora el fruto de su vida es MUY diferente al anterior. Al punto que Jesús ahora lo llama “un árbol bueno que da buen fruto”.
Si este milagro no se produjo en tu vida todavía, aún NO eres salvo. Necesitas examinar tu vida y correr a Dios en arrepentimiento y fe en Cristo.

Otro gran peligro es el de transformar a Jesús en una especie de vendedor callejero que nos quiere convencer de que su producto es mejor que el de otras religiones, y está dispuesto a rebajar su precio lo más posible con tal de que compremos.
¡Jesús, NO ES ASÍ!
Jesús en Juan 10:27 dice: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen”.
¿Recuerdas que Jesús les dirá a ciertas personas “nunca os conocí”?
Y aquí en Juan 10:27 dice: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen”.
¿Puedes oír la voz de Jesús llamándote?
¿Puedes oír la voz de Jesús cuando te predican el evangelio y lo quieres seguir por el camino estrecho?
¿Puedes oír la voz de Jesús hablándote la verdad y ahora le quieres obedecer?

EL NO es un vendedor callejero queriendo vender su producto a cómo dé lugar. EL es el Salvador y Señor. ¿Oyes su voz a través de la Palabra y ahora eres como aquel edificador prudente que edifica su vida en la roca?
Si es así, Jesús te dice:
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10:27,28).


Luis Rodas


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