1 Estaba amaneciendo - Reflexiones acerca de la Navidad



Luego de perseverantes y sufridas advertencias del profeta Jeremías, Israel continuó en rebelión contra Dios. Por lo que Dios los entregó al desastre frente al pueblo de Babilonia. Fueron atacados, llevados como esclavos, Jerusalén fue devastada y el templo destruido (Jeremías 52).
Y aunque luego de 70 años tuvieron un pequeño período de restauración (Nehemías y Esdras), pronto volvieron a abandonar a Dios y la desgracia volvió.
Para el quinto siglo antes de Cristo, como explicó John MacArthur, “se habían hundido en una profundidad de pecado que excedía las iniquidades anteriores”.
Incluso un remanente que temía a Dios, comenzaba a dudar si acaso no era lo mismo servirle a EL que no hacerlo, temerle que no temerle.
Y Dios envió a su último profeta, Malaquías, anunciándoles un día decisivo: “el día en que yo actúe” (Malaquías 3:17). Ese sería el día, les dijo, en que quedaría clara “la diferencia entre el justo y el malo, entre el que me sirve y el que no me sirve” (Malaquías 3:18).
Y agregó: “Todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará… Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el sol de justicia, y en sus alas traerá salvación… Hollareis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Malaquías 4:2,3).

En medio del sufrimiento, esto se transformó en el primer pensamiento, la gran esperanza, el consuelo al que todos apuntaban. Dios actuaría, la justicia y la salvación vendrían como el sol en el amanecer, y todas las naciones paganas que los estaban oprimiendo hasta el extremo, serían puestas bajo sus pies.

Muchos años después, alrededor de 400, la esposa de un sacerdote judío da a luz un hijo de forma milagrosa ya que, no sólo ella era estéril (Lucas 1:7), sino que ambos ya eran muy avanzados en edad (Lucas 1:18). Pero este no es el único milagro en aquel tiempo. En el nacimiento de ese niño que se llamaría Juan, Zacarías, su padre, es utilizado por Dios para profetizar algo incalculable:
“Bendito el Señor Dios de Israel,
que ha visitado y redimido a su pueblo,
y nos levantó un poderoso Salvador
en la casa de David su siervo,
como habló por boca de 
sus santos profetas que fueron 
desde el principio;
salvación de nuestros enemigos,
y de la mano de todos los que nos aborrecieron”
(Lucas 1:67-71).

Zacarías profetizaba que había llegado el día anunciado donde Dios actuaría, el día en que amanecería el “sol de justicia” y los enemigos serían vencidos. El día en que quedaría clara “la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve (a Dios) y el que no le sirve”.
Por lo que agrega:
“Gracias a la tierna misericordia de Dios,
la luz matinal del cielo está a punto de brillar entre nosotros” 
(Lucas 1:78 - Nueva Traducción Viviente).

Dios estaba a punto de comenzar a actuar. ¡El día estaba llegando! ¡El sol de justicia y la salvación estaban comenzando a salir!


Luis Rodas


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