Como vimos en las anteriores reflexiones, toda la ley, el pacto de Israel con Dios en el Sinaí, los sacrificios, los rituales, el tabernáculo, el templo y los sacerdotes, eran sólo figuras, representaciones, que anunciaban que un día llegaría el cumplimiento pleno. Todo aquello era apenas un reflejo, una predicación llena de símbolos gráficos de lo que vendría, una réplica provisional. Todo apuntaba a ese momento en el que llegue esa Persona anunciada desde Génesis 3:15 hasta el profeta Malaquías: “la simiente de la mujer” (Génesis 3:15), “la simiente de Abraham” (Génesis 22:18), “Siloh” (Génesis 49:10), el “Cristo” (Salmo 2:2), “el Hijo de Dios” (Salmo 2:7-12), el hijo de David (2 Samuel 7:12-19), “el más excelso de los reyes de la tierra” (Salmo 89:27), “Emanuel” (Isaías 7:14), el “Príncipe de Paz” (Isaías 9:6), el “hijo de hombre” (Daniel 7:13,14), “el Sol de justicia” (Malaquías 4:2).
¡Todo en el antiguo pacto era una réplica provisional, una predicación de una Persona que vendría y de lo que EL traerá!
Algo que, como afirma Hebreos 9:15, necesitó de la confirmación posterior de la obra de Cristo para que fuera efectivo.
El antiguo pacto fue algo inferior, provisional “que había de ser abolido” (2 Corintios 3:13), hasta la llegada del pacto en el Cristo, “un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas” (Hebreos 8:6).
Una vez que este “mejor pacto” quedó establecido y confirmado, no con “la sangre de los becerros y de los machos cabríos con agua, lana escarlata e hisopo, rociando el mismo libro (del pacto) y a todo el pueblo” como Moisés hizo (Hebreos 9:19), sino presentando Cristo “el sacrificio de sí mismo” (Hebreos 9:26); es este pacto el que traerá el cumplimiento de todas las promesas de Dios hechas en todas las Escrituras.
¡Todo lo prometido por Dios se cumplirá gracias a que Jesús el Cristo estableció y confirmó con su propia sangre el mejor y verdadero pacto entre Dios y su pueblo!
Como dijimos en la reflexión número 7, cuando el nuevo pacto habla de “perdón de pecados”, no se está refiriendo de forma primordial a un medio para evitar el infierno. ¡NO!
Por supuesto lo incluye, pero es infinitamente más que eso.
¡El perdón de pecados prometido y establecido en Cristo, es el medio eficaz y completo que logra que el pueblo imperfecto de Dios pueda vivir en plena comunión con el Dios perfecto eternamente! Así ellos son su pueblo y EL su Dios. Por esto Ezequiel profetizaba:
“Y haré con ellos pacto de paz, pacto perpetuo será con ellos; y los estableceré y los multiplicaré, y pondré mi santuario entre ellos para siempre.
Estará en medio de ellos mi tabernáculo, y seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo”.
(Ezequiel 37:26,27).
Aquel grito de Jesús en la cruz justo antes de morir, diciendo: “Consumado es” (Juan 19:30), fue el anuncio de su obra consumada en la tierra. Pero luego era necesario que el Padre lo vindicara, “lo justificara en espíritu” (1 Timoteo 3:16), que el Padre lo resucite de entre los muertos estableciendo su justicia y que en verdad era el Cristo prometido, el Hijo de Dios (Romanos 1:4), y que Jesús se “presentara por nosotros ante Dios” (Hebreos 9:24), y luego “se sentara a la diestra de Dios” (Hebreos 10:12) cumpliendo el Salmo 110:1, y desde allí enviara al Espíritu Santo a la Iglesia (Hechos 2:33).
Todo esto, en vez de la “sombra y figura” (Hebreos 8:5), fue el cumplimiento total, perfecto y eficaz. ¡Ahora lo que resta es que llegue el día, que está en “la sola potestad del Padre” (Hechos 1:7), del “cumplimiento de los tiempos” (Efesios 1:10). El momento en que, como predicó Pedro a una multitud, Dios “envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;
a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo” (Hechos 3:20,21).
Pero de esto vamos a hablar en la próxima reflexión…
Luis Rodas
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Etiquetas:
Reflexiones acerca de la Navidad
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