15 El fin no es el cielo - Reflexiones acerca de la Navidad



Vemos en Génesis 3 que por tentación de Satanás, el hombre desobedeció a Dios, se rebeló a EL, y así arrastró al resto de la humanidad y la creación a un estado que Romanos 8:21 describe como “esclavitud de corrupción”. La maldición de Dios por el pecado comenzó a corromper, corroer, deteriorar, destruir aquello que había sido calificado por Dios como “bueno en gran manera”.
Satanás, el opositor de Dios, había logrado no sólo hacer caer al hombre y esclavizarlo para utilizar la autoridad sobre la tierra que le había sido dada por Dios, sino aún corromper la creación gloriosa de Dios.

Dios rápidamente, ni bien Adán y Eva pecaron, hizo su primera promesa de restauración en Génesis 3:15.
Luego llamó a un hombre, Abram, y le prometió que esa restauración vendría a través de un pueblo que formaría de su descendencia (Génesis 22:18).
Por supuesto cumplió su promesa. Y en primera instancia, ese pueblo fue Israel.
Y a través de Israel Dios siguió hablando cada vez más claramente de cómo traería esa restauración. Pasaban los siglos y las profecías fueron dando cada vez más una perspectiva de esta futura restauración (Isaías 11). La cual sucedería por medio del mismo Hijo de Dios que vendría a traer total redención (Salmo 2 y 89).
Pronto quedó claro que el plan de Dios era una restauración de toda su creación. Todo lo que había sido corrompido por la tentación del diablo y la caída del hombre, todo, sería hecho nuevo. No sería un destruirlo todo y volver a empezar, sino que lo viejo sería hecho nuevo. Al punto de que Dios hablaba que su meta final sería una restauración tan total que dice en Isaías 65:17-19: "He aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra… os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado… No se oirán voz de lloro, ni voz de clamor”. Y luego en Isaías 66:22: “los cielos nuevos y la nueva tierra que yo hago permanecerán delante de mí, dice Jehová”. Será según el Salmo 72 un tiempo donde Dios reinará, todas las naciones serán benditas y toda la tierra será llena de su gloria, las ruinas serán reedificadas y habrá un nuevo Edén (Ezequiel 36:33-35), lleno de buen fruto, con un río de vida emanando (Ezequiel 47:1-12), y según Zacarías 14:11 ya “no habrá nunca más maldición".
Así, el tiempo hasta llegar al total cumplimiento, es visto en Isaías 43:19 como un nuevo éxodo previo.

Por esto, en plena esperanza, anhelo, el Nuevo Testamento termina anunciando las buenas noticias de que llegará el momento donde Dios volverá a su creación a ese mismo plan original.
EL actuará con poder imparable y hará que el hombre sea el rey y sacerdote que haga que la tierra dé fruto para alabanza de Dios.
El Nuevo Testamento no enseña que nuestro fin es el cielo. NO.
El Nuevo Testamento afirma con claridad que si muere un hijo de Dios ahora momentáneamente él esperará en el cielo (Apocalipsis 6:9-11). Pero pronto la creación experimentará lo que Marcos 10:30 llama "el siglo venidero”. En el cual, como escribió el apóstol Pedro: “nosotros esperamos, según sus promesas (se refiere a las profecías del AT), cielos nuevos y tierra nueva” (2 Pedro 3:13).

¡Este es nuestro futuro final!

Continuaremos en la próxima reflexión…


Luis Rodas


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