5 El fin de la maldición del pacto - Reflexiones acerca de la Navidad



Dios le dio una extensa lista de leyes a Israel a través de Moisés, y les dijo: “Nuestro pacto es así: si ustedes obedecen toda mi ley, yo los bendeciré de la forma más plena. Ustedes serán mi pueblo bendito. Me glorificaré en ustedes y a través de ustedes. Estarán en la bendición del pacto.
Pero… si no obedecen toda mi ley… serán malditos. Estarán en la maldición del pacto. Y pagarán las consecuencias. ¿Quieren entrar en pacto conmigo?”
E Israel estuvo de acuerdo y entró en pacto con Dios (Exodo 19:1-8; 24; Deuteronomio 27-29).
De este modo, infinidad de veces, sufrieron indeciblemente al estar bajo la maldición del pacto.
Deuteronomio 28:15 advertía: "Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán”.

Lo que estaba sufriendo Israel bajo el dominio tirano de una nación detrás de otra por siglos, era ni más ni menos que el cumplimiento de la maldición por la desobediencia. E Israel lo sabía claramente.
Este último período de maldición llevaba más de 500 años, con un muy breve y mínimo descanso intermedio (leer Esdras y Nehemías). La maldición del pacto, como Dios lo había dicho, los había “alcanzado”. Dios los había abandonado y entregado.
¿Cuál era el clamor de muchos de ellos? ¿Qué necesitaban?
El Salmo 79 lo refleja claramente.
Dios está contra ellos:
Salmo 79:5 "¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿Estarás airado para siempre?
¿Arderá como fuego tu celo?”

Ellos necesitan que el Dios que está contra ellos, se vuelva contra las naciones que los destruyen:
Salmo 79:6,7 "Derrama tu ira sobre las naciones que no te conocen,
y sobre los reinos que no invocan tu nombre.
Porque han consumido a Jacob,
y su morada han asolado”.

Mientras Dios estuvo con Israel, EL se volvía contra aquellas naciones enemigos. Pero, como ya vimos, ahora es Dios mismo quien los entregó a ellos. Por esto Israel necesita algo central, vital, decisivo: el perdón de pecados:
Salmo 79:8,9 "NO RECUERDES contra nosotros las INIQUIDADES de nuestros antepasados;
vengan pronto tus MISERICORDIAS a encontrarnos,
porque estamos muy abatidos.
Ayúdanos, oh Dios de nuestra SALVACIÓN, por la gloria de tu nombre;
y líbranos, y PERDONA NUESTROS PECADOS por amor de tu nombre”.

¿Lo ves?
El pecado, la desobediencia a Dios, es lo que los mantenía dentro de la maldición del pacto. Mientras no se manifestara la misericordia de Dios y su pecado no fuera perdonado, ellos seguirían, sin remedio, siendo “consumidos" y "abatidos”.
El problema principal no eran los enemigos. El problema estaba claro en el verso 5:
"¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿Estarás airado para siempre?
¿Arderá como fuego tu celo?”
Y la solución en el verso 8 y 9:
“… vengan pronto tus MISERICORDIAS a encontrarnos…
oh Dios de nuestra SALVACIÓN... PERDONA NUESTROS PECADOS”.
Si Dios tuviera esta “misericordia”, el cambio sería total:
Salmo 79:13 "Y nosotros, pueblo tuyo, y ovejas de tu prado,
te alabaremos para siempre”.

A esto se refiere Zacarías, el padre de Juan el Bautista, cuando lleno del Espíritu Santo profetiza ante la inminente llegada del Cristo:
“conocimiento de SALVACIÓN a su pueblo,
para PERDÓN DE PECADOS,
por la entrañable MISERICORDIA de nuestro Dios” (Lucas 1:77,78).
Como pedía el salmista en el Salmo 79, “vendrían sus misericordias a encontrar” a Israel. Y “el Dios de salvación” traería “perdón de pecados”. ¡Esto significaba el fin de la maldición del pacto! ¡Dios volvería a su pueblo, y todo enemigo sería vencido!
El perdón de pecados es absolutamente vital. Y su importancia fundamental es que quita la separación de Dios.
Continuaremos aprendiendo de esto en la siguiente reflexión...


Luis Rodas


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