6 El retorno de Dios - REFLEXIONES ACERCA DE LA NAVIDAD



Ya hemos estado viendo en las anteriores reflexiones, que en la época en la que nació Jesús, el pueblo de Israel estaba sufriendo ferozmente.
Más de 500 años antes el profeta Isaías explicaba todo ese sufrimiento asegurando de parte de Dios: “Te abandoné” (Isaías 54:7).
Como describió el profeta Ezequiel, primero Dios dejó el templo de Jerusalén (Ezequiel 10), y luego los entregó a los enemigos (Isaías 47:6). Por lo que ellos se veían como muertos sin Dios y clamaban desesperados: “¿No volverás a darnos vida?” (Salmo 85:6), “nos pusiste por escarnio a nuestros vecinos, y nuestros enemigos se burlan entre sí… Oh Dios de los ejércitos, VUELVE ahora” (Salmo 80:6,14).
Israel había entrado en pacto con Dios a través de Moisés, y el acuerdo incluía que si ellos entraban en desobediencia a EL, serían entregados a todo tipo de maldiciones (Deuteronomio 28:15-68). ¡Experimentarían la terrible separación de Dios!

Pero, los profetas no sólo anunciaron esta realidad. Sino que también anunciaron que llegaría el tiempo del retorno de Dios entre su pueblo, y al templo.
Isaías profetizó esto diciendo: “Dios mismo vendrá, y os salvará” (Isaías 35:4). “Jehová el Señor vendrá con poder” (Isaías 40:10). Y el profeta Ezequiel lo describió como “la gloria de Jehová” volviendo al templo y "llenando la casa” (Ezequiel 43:1-5). Y Dios, por medio del profeta Zacarías, habló de su retorno a Jerusalén con estas palabras: “Para gloria estaré en medio de ella, y moraré en medio de ti” (Zacarías 2:5,10). Y finalmente en Malaquías: “Y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis” (Malaquías 3:1).
¡Dios volvería a su pueblo, y a su pleno favor!
Y una profecía especialmente revelaba una señal milagrosa puntual de cómo sería esto. Isaías profetizó con claridad: “El Señor mismo os dará señal...”. ¿Cuál sería esta señal que debía tenerse en cuenta? Isaías agrega: “… He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo…”.
Esto no puede ser otra cosa que un milagro. Ninguna virgen puede dar a luz.
E Isaías agrega: "y llamarás su nombre Emanuel” (Isaías 7:14).

Mateo recuerda que el nacimiento de Jesús a través de una joven virgen cumplía exactamente aquella señal. Por esto escribió: "Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:
He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,
Y llamarás su nombre Emanuel...” (Mateo 1:22,23).
Pero él nos permite saber un elemento clave en esta profecía de Isaías. Mateo escribe:
“… Y llamarás su nombre Emanuel,
que traducido es: Dios con nosotros”.

A través de Mateo podemos saber a qué se refería Dios cuando al Cristo lo llamaba “Emanuel”. Como escribió Donald Carson, no se trata de un nombre en sí, sino de un “título o descripción” (“Mateo”. Pag. 90).
Dios cumpliría a través de Jesús su promesa de retorno a Israel. Dios, en Cristo, fue “Dios con nosotros”. Y cumplió la promesa: “Dios mismo vendrá, y os salvará” (Isaías 35:4). Así la gente al ver los milagros de Jesus decía en Lucas 7:16: “Dios ha visitado a su pueblo”.
La gloria de Dios ya no estaba en la nube de día y la columna de fuego que acompañó a Israel en el desierto. Tampoco estaba en el templo creado por manos humanas. Ahora Dios volvía en otro templo: “Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16). Y escribió el apóstol Juan: “y vimos su gloria” (Juan 1:14). Por esto Isaías llamó al Cristo “Dios fuerte” (Isaías 9:6).

¡Aquellos que veían a Jesús, contemplaban el retorno poderoso de Dios a favor de su pueblo! La misericordia de Dios trajo el perdón de pecados. Ahora el mismo que había asegurado: “Te abandoné”, retornaba. ¡Esta es la importancia fundamental del perdón de pecados!
Claro, la mayoría quedó a ciegas, pero en Cristo ocurrió el cumplimiento pleno de Isaías 45:15: "Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel, que salvas”.


Luis Rodas


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