7 El perdón de pecados - Reflexiones acerca de la Navidad



José tiene que haber quedado realmente en crisis. Su desposada, María, estaba embarazada. Por lo que "quiso dejarla secretamente” (Mateo 1:19).
Pero Dios envió un ángel para hablarle, y no sólo le dijo que aquel bebé había sido “engendrado” debido a la obra del Espíritu Santo (Mateo 1:20), sino que agregó algo aún más impensable: ese hijo traería “perdón de pecados". El le dijo: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21).

¿A qué se refería al decir "él salvará a su pueblo de sus pecados”?
En la reflexión número 5 vimos que Israel había entrado en pacto con Dios a través de Moisés (Exodo 19:1-8; 24; Deuteronomio 27-29). Y este pacto incluía una lista interminable de bendiciones y maldiciones. Si obedecían a Dios “vendrían” sobre ellos todo tipo de bendiciones (Deuteronomio 28:1-14). Si desobedecían a Dios “vendrían" sobre ellos todo tipo de "maldiciones, y los alcanzarían” (Deuteronomio 28:15-68).
Dios actuaría con ellos de una forma absolutamente diferente dependiendo plenamente de si ellos estaban bajo la primera lista (la bendición del pacto), o si estaban bajo la segunda lista (la maldición del pacto).
Básicamente se trataba de las mismas cosas, pero bajo la primera lista Dios estaría a su favor en todo; y bajo la segunda lista Dios los entregaría al mal en todo.

De este modo, infinidad de veces, sufrieron indeciblemente el estar bajo la maldición del pacto.

Lo que estaba sufriendo Israel bajo el dominio tirano de una nación detrás de otra por siglos, era ni más ni menos que el cumplimiento de la maldición por la desobediencia. E Israel lo sabía claramente.
La misericordia de Dios manifestada a través del perdón de pecados era absolutamente vital. Y su importancia fundamental era que quitaba a Israel de estar bajo la lista de las maldiciones de Deuteronomio 28.
¡Esto era tan decisivo que es imposible exagerar su relevancia!

Israel se encontraba plena y trágicamente en la lista de la maldición del pacto por su pecado. Pero Dios dio una promesa de un nuevo pacto: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel… No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto… Este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días… perdonaré la maldad de ellos” (Jeremías 31:31-34). “Los restableceré como al principio. Y los limpiaré de toda su maldad con que pecaron contra mí; y perdonaré todos sus pecados con que contra mí pecaron, y con que contra mí se rebelaron” (Jeremías 33:7,8). “No me acordaré de tus pecados” (Isaías 43:25).
Así dio a Jesús el Cristo por pacto (Isaías 49:8) para perdón de pecados. Y cuando EL instituyó la celebración de la “Cena del Señor”, antes de ser sacrificado, compartió el vino diciendo: “Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26:28).

Aquel que entra en pacto con Dios creyendo que Jesús es el Cristo prometido, tiene perdón de pecados.
De esta forma, una vez que Jesús murió, resucitó y ascendió vivo a los cielos, era ofrecido al pueblo de Israel que continuaba en pleno sufrimiento, así:
"Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, 
y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree” (Hechos 13:38,39).

El nuevo pacto en Cristo trajo la buena voluntad de Dios, puso a disposición de Israel el fin de las consecuencias de estar bajo la lista de la maldición del pacto (Hebreos 9:15). Se ofreció el perdón de pecados, el fin de la separación con Dios que estaban sufriendo indeciblemente.
Si por el nuevo pacto en Cristo recibían el perdón de pecados, Dios retornaba a su pueblo, y Su favor estaría con ellos.

Cuando Jeremías profetizaba un nuevo pacto que traería perdón de pecados, como leímos antes, le estaba hablando al pueblo que estaba bajo el juicio de Dios por su pecado. La gran promesa era: Dios perdonará el pecado, estas consecuencias tienen un final.
El profeta Ezequiel anunciaba lo mismo: “El día que os limpie de todas vuestras iniquidades, haré también que sean habitadas las ciudades, y las ruinas reedificadas” (Ezequiel 36:33). “Los salvaré de todas sus rebeliones con las cuales pecaron y los limpiaré; y me serán por pueblo, y yo a ellos por Dios” (Ezequiel 37:23).

El primario resultado del perdón de pecados no es el evitar el infierno. El primario resultado del perdón de pecados es la "buena voluntad de Dios” (Lucas 2:14), "el año agradable del Señor” (Lucas 4:19), la disposición del favor de Dios. Los que recibieron el perdón de pecados son establecidos como el pueblo bajo el favor de Dios, sus protegidos, sus bendecidos, aquellos que serán puestos entre los justificados cuando venga el día donde Dios pondrá a toda su creación en orden (Romanos 3:24).
¡Ese el enfoque primario del resultado del perdón de pecados!


Luis Rodas


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