8 ¿Apenas otra forma de encontrar perdón de pecados? - Reflexiones acerca de la Navidad



En la anterior reflexión hablamos del enfoque primario del resultado del perdón de pecados. Lo que estaba sufriendo Israel bajo el dominio tirano de una nación detrás de otra por siglos, era ni más ni menos que el cumplimiento de la maldición por la desobediencia. E Israel lo sabía claramente.
La misericordia de Dios manifestada a través del perdón de pecados era absolutamente vital. Y su importancia fundamental era que quitaba a Israel de estar bajo la lista de las maldiciones del pacto reflejadas en Deuteronomio 28.
¡Esto era tan decisivo que es imposible exagerar su relevancia!

Pero necesitamos entender algo que también es vital: el perdón de pecados en Jesús no es igual a ningún otro perdón en la historia de Israel.
Veamos:
En la misma naturaleza de Dios está el perdón. Cuando se presenta a Moisés y se describe a sí mismo, dice: “¡Jehová! Jehová!… que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado” (Exodo 34:6,7). Y conforme a esta naturaleza crea un sistema en el que su pueblo puede alcanzar el perdón de pecados a través de ciertos sacrificios y ofrendas. Levítico 4 al 7 describe casos individuales y grupales en los que se comete pecado, y presenta un sistema de ofrendas con el que alcanzar el perdón de pecados. Y Levítico 16 establece un día especial, el “día de la expiación”, en el que el sacerdote entraba al santuario una vez al año y hacía expiación por todo el pueblo. El resultado, según el versículo 30, sería: “y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová”.
Incluso en tiempos donde Israel no contaba con el templo para realizar sus sacrificios, podía alcanzar perdón de pecados si se humillaba y clamaba por misericordia. Un ejemplo es la oración de Daniel clamando por el perdón de Israel estando cautivos en Babilonia (Daniel 9). Deuteronomio 30 contemplaba esto y mostraba el camino al perdón si se encontraban bajo la maldición del pacto, diciendo:
“Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y te arrepintieres en medio de todas las naciones adonde te hubiere arrojado Jehová tu Dios, y te convirtieres a Jehová tu Dios, y obedeciereis a su voz... entonces Jehová hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti... y te hará bien”.
Israel podía “humillarse, orar, convertirse de sus malos caminos, y Dios oiría desde los cielos y perdonaría sus pecados y sanaría su tierra” (2 Crónicas 7:13,14).

Entonces, si todo este camino hacia el perdón de pecados ya existía, ¿para qué se necesitaba el perdón de pecados en Jesús?
¿No es que ya había maneras en que Israel podía encontrar perdón de pecados?

Hebreos 9:25,26 enseña que “el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año” ofrecía el sacrificio por el pecado... “pero ahora, en la consumación de los siglos, (Cristo) se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado”.
¿Esto significa que la diferencia entre el perdón de pecados que podía alcanzar Israel antes era con continuos sacrificios, y el perdón de pecados en Cristo es más cómodo ya que no requiere que se hagan más sacrificios?
¿Esa es la ventaja de que el Cristo haya dado su vida en sacrificio?

Con toda certeza esa no es la diferencia por la que Hebreos 7:22 habla de “un mejor pacto”. ¡NO!

Vamos a continuar viendo esto en la siguiente reflexión...


Luis Rodas


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