Para entender mejor esta reflexión es necesario que leas la anterior. En ella hablamos que en el antiguo pacto ya existían maneras de alcanzar el perdón de pecados. ¿Entonces para qué se necesitaba el perdón de pecados en Jesús?
¿No es que ya había maneras en que Israel podía encontrar perdón de pecados?
¿Sólo porque el perdón de pecados que podía alcanzar Israel antes era con continuos sacrificios, y el perdón de pecados en Cristo es más cómodo ya que no requiere que se hagan más sacrificios?
Para poder responder todo esto necesitamos entender por qué Hebreos 7:22 habla de “un mejor pacto”.
El pacto que Israel hizo con Dios por medio de Moisés al salir de Egipto incluía una extensa lista de leyes, y se podría sintetizar de esta manera: “Nuestro pacto es así: si ustedes obedecen toda mi ley, yo los bendeciré de la forma más plena. Ustedes serán mi pueblo bendito. Me glorificaré en ustedes y a través de ustedes. Estarán en la bendición del pacto.
Pero… si no obedecen toda mi ley… serán malditos. Estarán en la maldición del pacto. Y pagarán las consecuencias.
¿Quieren entrar en pacto conmigo?”.
E Israel estuvo de acuerdo y entró en pacto con Dios (Exodo 19:1-8; 24; Deuteronomio 27-29).
Lo terrible de este pacto, vuelvo a decir, es que Deuteronomio 27:26 explicaba la maldición del pacto de este modo: “maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas”. O dicho de otro modo, para que el pacto de unión plena entre ellos y Dios, siendo ellos su pueblo amado y EL su Dios, requería obediencia total.
Por esto Levítico 18:5 instaba: “Guardaréis mis estatutos y mis ordenanzas, los cuales haciendo el hombre vivirá en ellos”.
Sí, Dios se había acercado a Israel como su Dios. Pero ahora ellos debían mantenerse en comunión con EL en plena obediencia. Sin esto caerían.
Cualquier desobediencia sería suficiente para caer de esta bendición de estar en pacto con Dios.
Así afirma Santiago 2:10: “cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos”.
Por tanto Israel se encontraba que fallaba innumerables veces, y quedaba bajo la maldición del pacto, y sufrían las terribles consecuencias una y otra y otra vez. El pacto que habían hecho con Dios se les venía en su contra.
La inigualable e indecible bendición de ser el pueblo del Dios vivo, se transformaba en algo inalcanzable. Sí, Dios se había revelado a ellos, EL les había hecho promesas de tanta bendición que incluso brotaría hacia todas las naciones de la tierra. Pero ellos, en su desobediencia, terminaban entregados por ese mismo Dios a la lista más interminable de males.
La ley que Dios les había dado era perfecta, pero nunca sería un medio eficaz para mantener a Israel en comunión con su Dios debido a su incapacidad (Romanos 7:7-24; Hebreos 7:18). Requería la perfección de amabas partes, por esto Hebreos 8:7 dice que no era un pacto “sin defecto”.
Los siglos pasaban e Israel se iba hundiendo en la maldición del pacto. Volvían a EL a través de algún líder que guiaba al pueblo en humillación, clamor y conversión (Josías, Asa, Ezequías Esdras, Nehemías), pero tristemente rápido volvían al desastre, y así sufrían otra vez la maldición del pacto.
Hasta que unos 600 años antes de Cristo ocurrió un hecho absolutamente decisivo. Dios envió a su pueblo un profeta llamado Jeremías que luego de amonestarlos por su desobediencia y decirles todos los males que pronto vendrían, hizo un incomparable anuncio:
“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré NUEVO PACTO con la casa de Israel… No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto… ” (Jeremías 31:31,32).
Esta sin lugar a la más mínima duda, fue una fuente de enorme esperanza para Israel: Dios haría un nuevo pacto con ellos. Y éste sería, según agregó Jeremías, “un pacto eterno”, en el que, dijo Dios: “no me volveré atrás para hacerles bien” (Jeremías 32:40).
¡Este es el nuevo pacto en Cristo!
El apóstol Pablo hizo un claro contraste entre uno y otro pacto en Gálatas 3:11,12. El explicó que el antiguo pacto era: “el que hiciere estas cosas vivirá por ellas”. La bendición o maldición del pacto dependía de la obediencia absoluta. Pero agregó que el nuevo pacto es así: “el justo por la fe vivirá”. El hombre permanece en la bendición del pacto mientras permanece en “fe” en Jesús como el Cristo.
La ley del pacto no podía lograr la permanencia de Dios con su pueblo, ya que “era imposible para la ley” lograr que Israel se mantuviera en la lista de la bendición del pacto (Romanos 8:3), “porque todos los dependen de las obras de la ley están bajo maldición” (Gálatas 3:10). Este “era un yugo”, dice Pedro en Hechos 15:10, “que ni nosotros ni nuestros padres hemos podido llevar” (se refiere al pueblo de Israel).
Pero, Pablo le dice a los gálatas: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley” (Gálatas 3:13).
En el “nuevo pacto” en Cristo el hombre no depende de su obediencia total y absoluta como en el antiguo pacto para no caer en la maldición del pacto. Es su fe en aquel que es el mediador de ese “nuevo pacto” (Hebreos 12:24) lo que lo mantiene en la lista de bendición del pacto.
Esto, sin lugar a dudas, es una clara razón de por qué Hebreos 7:22 afirma: “Jesús es hecho fiador de un MEJOR PACTO”.
Vamos a seguir hablando de esto en la siguiente reflexión…
Luis Rodas
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Etiquetas:
Reflexiones acerca de la Navidad
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